Me llené de orgullo cuando Sorman me expresó cómo veía al complejo agroindustrial, sobre todo al eslabón primario y a lo que se ha dado en llamar los eslabones aguas arriba, como son los insumos y la maquinaria agrícola. Me habló del extraordinario éxito de la actividad agraria más que nada en el plano tecnológico y científico, así como de la inteligente acción comercial dirigida al mercado asiático.
Dado el cuadro mencionado, cuando se me ocurrió preguntarle por qué no lográbamos despegar, me dijo: "La inversión se dirige a donde existe un Estado que crea seguridad jurídica y brinda previsibilidad en el largo plazo, y eso no sucede en el país; de hecho el dinero podría buscar el desarrollo de nuevos eslabones, diversificando su destino, por ejemplo en el complejo agroindustrial, pero no es así. El contexto generado por el Estado es de inseguridad para las inversiones de largo plazo y de mayor riesgo".
Ciertamente, fue categórico. Así fue como me dispuse, a partir de su respuesta, a escribir estas líneas. Si estamos en un mundo capitalista, debemos atenernos a sus mecanismos. No resulta lógico que, por ejemplo, pongamos las ruedas de una bicicleta en un automóvil. Por ello, tampoco es fácilmente admisible la intervención del Estado en el mercado, mucho menos en el de competencia.
Las intervenciones en los precios deben ser más bien excepcionales, pues ellas son una forma de inseguridad y atentan contra los derechos de propiedad. Las intempestivas intervenciones en el mercado han sido inútiles en cuanto a sus resultados de mediano plazo y serán desastrosas en el largo plazo. No se puede provocar modificaciones en la estructura de precios relativos sin costos sociales posteriores.
Hecho gravísimo
La reducción en el respeto por los derechos de propiedad es un hecho gravísimo. Puede afirmarse que, en tanto más respeto haya, más alto será el desarrollo. En este ambiente de incertidumbre se invierte sólo cuando se ven ganancias seguras y en lo inmediato. Y, así, los inversores tienden a volcar sus recursos en la exportación de commodities y a relegar el desarrollo de los subsecuentes eslabones de la cadena agroindustrial. Por ello, nuestro país va quedando encerrado en la construcción de cadenas cortas, ya que los eslabones más próximos al cliente final se establecen en el exterior.
El modelo de expansión de corto plazo se basa en tipo de cambio alto que permite exportar, en una alta recaudación basada en fuertes distorsiones y creciente inflación. Si la Argentina agrícola se ha vuelto más competitiva y con mayor productividad, no es totalmente cierto que tal vuelco provenga de la devaluación. Una explicación fundamental proviene del valor de los commodities, ubicados por encima de los promedios históricos.
En tal contexto, corresponde que el agro entienda cómo actúa en el modelo actual; si no comprende cuál es el papel que está cumpliendo, poco podrá lograr a su favor y a favor del país.
A partir del conocimiento, podrá defender sus intereses alineándose con los generales y estará en condiciones de voltear mitos alimentados, a lo largo del tiempo por sectores con intereses muy parciales, proclives al cierre de la economía, y por el propio gobierno.
El autor es economista y director de Consultoría Agroeconómica