Tres son los factores básicos que inciden en el mercado mundial de la soja y hacen que no muestre un rumbo claro en lo inmediato.

En primer lugar está la presión de la cosecha sudamericana. Hoy Brasil y la Argentina, básicamente, tienen la pelota en la cancha. Las lluvias no hacen más que echar leña al fuego en el mercado argentino y demoran las entregas en el disponible. Pero al mismo tiempo, el USDA aumenta sus previsiones sobre producción en Brasil. Son dos fuerzas encontradas que hacen compleja cualquier estimación futura.

Otro factor de consideración proviene de las condiciones climáticas en EE.UU. Los pronósticos ahora son diferentes. Se aguarda un período de escasez de agua, con un nivel menor a lo usual para esta época del año y con temperaturas más elevadas.

Y, finalmente… ¿cuál es el último? Quizás, el más relevante. Se trata de la acentuada propensión a vender por parte de los fondos. Lugo de un largo período de compras, éstos no hacen otra cosa que tomar ganancias, vendiendo sus posiciones. Evidentemente, tal actitud, si no se da vuelta, empuja hacia la baja a los precios internacionales.

La cuestión no está centrada únicamente en la soja. Los mercados de diversas commodities se comportan con signos negativos. Y los precios están aflojando. El petróleo, por ejemplo, está bajando a raíz del panorama sobre el conflicto entre Irán y Gran Bretaña, ahora más positivo.

Sobre estos tres pivotes, y según sea el día -por el peso que cada uno de ellos ejerce en cada jornada- se establecen los precios, claramente inestables.

Sin embargo, hay algo bastante seguro. El cuadro de oferta y demanda mundial continúa favorable para los precios. Así la cosa, cualquier imprevisto de consideración en el clima, habrá de hacer saltar los precios.

Por un lado, la cosa no viene bien en la Argentina, que aporta cerca del 24% de la producción mundial lo que la convierte en un protagonista a la hora de formar precios en el mundo. La cosecha está cada día más complicada. Y no sólo en cantidad sino, también, en calidad. Lo curioso es que el USDA no parece tomar en cuenta este cuadro de preocupación.

Y por otra parte, no sabemos cómo va a seguir el clima en EE.UU. Recién ha comenzado la campaña de la soja y todavía falta mucho que recorrer. En definitiva EE.UU. es un importante jugador en los precios del mundo. Además no se sabe se habrá de crecer tanto como se ha dicho la superficie de maíz en desmedro de la soja. Si llega a crecer mucho, tal lo pronosticado por varias organizaciones, bajará la superficie sojera y con ella subiría el precio de las oleaginosas.

Hasta ahora el tiempo ha sido húmedo y fresco sobre la principal zona productora de soja estadounidense. Ello hace más difícil la siembra del maíz y por ende presiona a la baja al precio de la soja. Ya que cualquier demora en el inicio de las labores tiende a elevar la superficie dedicada a la soja.

También es importante destacar los cálculos hechos por el USDA. Ellos han puesto paños fríos sobre el mercado sojero, dadas las revisiones alcistas hechas en las producciones de soja sudamericana, principalmente por parte de Brasil. Para este país se calcula una cosecha de 58,8 millones. Son cerca de 2 millones más de los cálculos del mes pasado.

Y en los cálculos que este organismo hace para la Argentina, no parece tomar en cuenta el problema de las lluvias, pues la cifra que calcula es muy alta. La proyección del USDA, del 10 de abril, aumentó a 45,5 millones de toneladas, sobre una siembra de 15,8 millones de hectáreas y un rinde de 2,88 de ton/ha. Y se sigue hablando de un volumen de 44,0 a 45,5 millones de toneladas.

A esta altura del año, y dados los pronósticos climáticos, tal volumen parece ser demasiado optimista. Los cálculos oficiales hablan de un otoño con lluvias por arriba de lo normal. Y cada día que pasa, menor es la cantidad de luz solar.

Claro que la última palabra la tienen los días por venir.

En la Argentina, el disponible se halla bastante presionado por la falta de cosecha.

Las lluvias golpearon más que nada a la producción del centro-sur de Santa Fe.

Muchos de los potreros con problemas graves eran antes dedicados a ganadería, por la calidad de sus suelos y problemas de drenaje y ahora, al estar sembrados con soja, tienen graves problemas de piso.

La cosa no termina en el piso. Hay problemas por manchado, granos brotados y volcado de plantas que se van apretando a la tierra. En los campos bajo el agua, aumenta el riesgo de enfermedades, exige el secado, y un deterioro previsible de la calidad del grano.

Además está la cuestión logística que se hace cada vez más compleja. Los efectos de las lluvias se hacen ver en la cadena comercial, fundamentalmente por las rutas y caminos rurales intransitables. Y los embarques de vapores al exterior demorados porque los camiones no llegan a tiempo a los puertos. De esta forma varios exportadores están incumpliendo sus convenios.

Hasta el 12/04, según la Secretaría de Agricultura, había una demora muy considerable en las labores de cosecha. El 24% del área cultivable de soja habría sido levantada, cuando a la misma fecha del año pasado la cobertura era del 39%. Las demoras más agudas se ven en Santa Fe, con 31% cosechado. El año pasado para la misma fecha se calculaba un 57%. Según la Bolsa de Cereales al 13/04 la trilla alcanzó al 33,9% del área apta, sobre 16,1 millones planadas menos 51 mil hectáreas perdidas. De acuerdo a nuestros cálculos, y dado que los días 12 y 13 de abril se pudo trillar, en parte, el 34% del área sembrada ya estaría cosechada.

Por ello, habrá que ir vendiendo con los ojos bien abiertos. Es que el panorama se abre para todo tipo de variantes. Y así, los próximos meses pueden venir con sorpresas.