El famoso USDA sacó un conejo de la galera y, así, dejó a los operadores internacionales perplejos. El viernes pasado, algunos no podían creer lo que leían.
Es que a veces nos olvidamos que el propio USDA es una suerte de formador de precios, también.
Hasta fines de la semana pasada, el mundo de los negocios de commodities daba por descontado que el área destinada a maíz en EE.UU., la gran potencia maicera, andaría alrededor de 35 y 36 millones de hectáreas.
Además se pensaba que la soja tendría una superficie menor, sin duda. Se estimaba hasta el viernes pasado que bajaría alrededor de 2,5 millones de hectáreas.
Pero los cálculos previos realizados por privados nada tuvieron que ver con lo que finalmente informó el organismo oficial norteamericano.
El chubasco fue mayúsculo cuando el USDA calculó que la superficie a sembrar con soja sería de poco más de 27 millones de hectáreas. Se trata de un 10% menos que el área del año pasado. Y algo más también.
Esta superficie se convertiría en el área más reducida en los últimos años y la realidad es que golpeó fuerte, muy fuerte, porque no se esperaba un cálculo tan pesimista.
Claro está que esto es como un sube y baja. Cuando muchos de nosotros íbamos a la plaza a jugar, sabíamos que todo lo que bajaba uno mismo, era correspondido por el compañero con una suba de igual proporción. Porque no se trataba de una hamaca sino de un sube y baja. La cosa no es muy distinta en EE.UU.
Al subir la superficie estimada para el maíz, lógicamente, se espera menos soja.
El USDA estimó una superficie de 36,6 millones de hectáreas es decir cerca de un millón más de lo esperado. De allí que los mercados del maíz sintieran el empujón tan claramente.
En estos días el precio del petróleo llegó al nivel máximo de los últimos 7 meses en el mercado de futuros del NYMEX (New York Mercantile Exchange). No es extraño que ello pase dada la conflictiva relación entre Teherán y Londres.
Obviamente, en una superficie en disminución, el precio de la soja como sucedáneo de los combustibles queda afectado.
En fin como se ve, la cosa está llena de incertidumbres. Si hay una palabra para describir lo que viene es la expresión volatilidad. Sí señores: volatilidad. Preparemos nuestra mente y nuestro temple para ella. Por eso, lo que resulta previsible, hoy por hoy, es un mercado futuro pleno de picos y valles. La cuestión estará en saber vender cuando se dan los picos. También es casi seguro que no vaya a darse una abrupta caída en los precios.
En tanto en la Argentina las lluvias dejaron un panorama de interrogantes sobre el volumen a cosechar. No se trata únicamente de demoras, sino de menores rindes a los pensados hasta hace pocos días.
Hasta que no corra el agua y los lotes sean cosechados, la realidad es que el volumen será muy difícil de evaluar ya que es obvio que hay daños.
Y como nuestro país es en la actualidad un importante formador de precios, es muy factible que de aquí al final de la cosecha los precios tengan variaciones pronunciadas. Es probable que las noticias, verdaderas o falsas, hagan al comportamiento de los fondos y por ende de los precios. Habrá que informarse con serenidad y teniendo cada uno su propio análisis.
Los que disfrutan jugando al póquer, habrán de moverse bien en estos dos meses por venir.
Y los que no, sería bueno que hagan sus apuestas en el forward y en el mercado de futuros.