Hay precios a los que se suele llamar precios-salarios. Este nombre proviene de la alta relación que determinados precios tienen respecto al poder adquisitivo de los salarios. Obviamente, uno de ellos es el precio del trigo y en consecuencia de la harina.
Acá está buena parte de la explicación del porqué de los manotazos de ahogado que exponen las autoridades económicas.
Y así, en lugar de atacar las causas, dirigen los cañones hacia la superficie. Ven venir un témpano y qué hacen. Es sencillo disparan contra lo que se ve en la superficie, de esta manera pueden caer en la ilusión de que con pocos tiros habrá de hacer desaparecer el témpano, que pese a todo continúa por debajo del agua.
Por ello son tan sorprendentes las medidas para que la suba de precios externos no impacte en los índices de inflación.
Una vez cerrado (transitoriamente) el registro de exportaciones del trigo en grano y el harina de trigo, en los últimos días se conoció una resolución nueva. Tal resolución modifica a dos anteriores sobre la compensación a los molinos harineros e instaura un sistema de compensación para aquellos productores que vendan su mercadería dentro del país. Sí señores: compensaciones para la venta interna.
Hemos entrado en la variante de los subsidios, en un escenario de impuestos a la exportación. Una verdadera maraña de transferencias de fondos.
Tales subsidios se establecerán sobre las ventas al mercado interno. Para ello se aplicará sobre el sobre el 85% del volumen detallado en los formularios F116 B o C. Serán abonados mensualmente.
El importe a recibir por el productor en concepto de subsidio se establece sobre la diferencia entre el valor de mercado informado diariamente por la SAGPyA y el precio de venta detallado en los formularios B o C.
Ahora bien, cuando el valor al que se vende es mayor al precio de abastecimiento, el productor recibirá la compensación entre ese valor y el valor de mercado.
En síntesis se trataría de un subsidio marcado por diferencia entre el valor del mercado (según lo determine la SAGPyA) y el precio de venta. Pero habrá un piso, un precio mínimo dado por el de abastecimiento.
En el caso de que el precio de venta sea inferior al de abastecimiento –tal como sucede hoy- el productor no será acreedor del subsidio.
Se trata de una resolución algo kafkiana. Si la podemos llamar así. O al menos muy difícil de interpretar. La idea sería subsidiar al productor cuando los precios son bajos, únicamente. Y no dar beneficio alguno no cuando son altos.
¿Estamos en medio de un nuevo zafarrancho? Sigamos atentos los días por venir...
El volumen de la cosecha alcanza a más o menos 14 millones de toneladas. De éste, 5 quedan en el país y cerca de 9 salen al exterior.
Como están las cosas, el desánimo cunde con rapidez. Un mercado distorsionado, por tantas medidas que varían rápidamente, no hace más que desalentar la producción. El “despiole” se establece este año, justo este año, tan bueno para sembrar trigo, desde el punto de vista de los precios internacionales y desde la óptica de las excelentes condiciones de la cama de siembra.
Respecto a los molinos no hubo cambios. Los subsidios se basan en la diferencia entre el precio de referencia y el precio de abastecimiento.
El ONCCA es el organismo que se ocupa de estas cosas.
Los registros de exportación siguen cerrados. Y la oferta interna se mantiene retraída esperando una mejora en los precios.
Así las cosas, el productor de trigo se siente como turco en la neblina. Lógicamente, si no ve nada, tratará de escapar del lugar.
¿Quién va a querer sembrar trigo en tanto tenga otras posibilidades?
Que el lector conteste.