Cuando en 1993 la siembra directa ingresó en el CREA Roque Pérez-Saladillo, la agricultura, que con labranza convencional sólo había ocupado el 10% de la superficie, registró un fuerte crecimiento y la rotación soja de primera-trigo/soja-maíz generó los mejores resultados. Ese comportamiento determinó que los productores del CREA comenzaran a replantearse la actividad ganadera, preguntándose adónde irían los rodeos de vacas, cómo se seguirían produciendo terneros, cómo se mantendrían los índices de producción en las áreas ganaderas de los campos y cómo se podría mejorar el resultado económico de la actividad.

Estos desafíos involucraban maximizar el uso del recurso suelo y mirar los campos de otra manera. Una clasificación rápida que realizaron los empresarios y técnicos distingue entre suelos sembrables y no sembrables por el riesgo de anegamiento. En los primeros se realiza agricultura en siembra directa y en los otros se desarrolla toda la tecnología para la producción de pasto. En muchas situaciones, a la hora de reparar alambrados en mal estado, se optó por levantarlos y dividir los potreros sin la óptica de las figuras regulares y perfectas, sino siguiendo el relieve del ambiente productivo mediante el uso del alambrado eléctrico.

Los interrogantes planteados fueron resueltos con el desarrollo de planteos ganaderos que apuntan a producciones intensivas. Hoy los miembros del grupo diversifican su crecimiento agrícola mediante un incremento de la invernada y un aumento de productividad de la cría, buscando una mayor facturación ganadera.

Es decir, su objetivo consiste en alcanzar producciones de entre 300 y 400 kilos de carne por hectárea y cambiar la dinámica de la ganadería, partiendo de la puesta en práctica de un paquete tecnológico que permite obtener alta producción de pasto en suelos no agrícolas.

Concretamente, la tecnología está dirigida a producir forraje mediante promociones del banco de semillas de especies naturales, rejuvenecimientos de pasturas y siembra directa de praderas y verdeos, apoyados con fertilización fosforada y nitrogenada.

Mientras tanto, la cosecha del pasto, que ya llega hasta el 70/80% de lo disponible, se realiza con mediciones de producción y aprovechamiento de la materia seca antes y después de cada comida.

Además, la suplementación estratégica está considerada como un pilar del paquete tecnológico y un elemento que potencia el aporte de la agricultura. Es decir, al componente agrícola se lo analiza en función de la transferencia de granos que realiza en favor de la ganadería.


Modelos de producción

La “situación deseada” es afianzar el salto de producción de los 70/90 kilos de carne por hectárea tradicionales en la zona hasta los 300 ó 400. Para alcanzarlos, los modelos de producción admiten las siguientes variantes: invernada de machos; invernada de hembras (venta de vaquillonas preñadas a los 15 meses y comercialización de vaquillonas gordas) y cría intensiva con altas cargas.

Para ejemplificar los modelos que desarrolla el CREA, se describirá el funcionamiento de varios casos interesantes. El primero es El Tropel, un campo que explota la empresa El Tejar y que entre 1993 y 2000 registró un incremento sostenido de la producción en carne por hectárea.

En 1993/94, el 100% de su superficie (960 hectáreas) estaba ocupada por la actividad ganadera, tenía buenas producciones de carne -163 kilos para los planteos de cría- y eficiencias que justificaban los niveles de producción que había alcanzado.

Después, en 1997/98, el área ganadera descendió hasta el 83% de la superficie total (796 hectáreas) y la producción de carne creció a 179 kilos por hectárea. Por su parte, el margen bruto, que en 1993/94 era de 46 pesos por hectárea, subió hasta 112 pesos.

En el ciclo 1999/2000, la ganadería de El Tropel descendió hasta el 57% del área total y la producción de carne aumentó a 338 kilos por hectárea. Además, el margen bruto trepó hasta 152 pesos por hectárea. De todos modos, ese ejercicio marcó otra comparación importante: en 1993/94 se había alcanzado un margen bruto total de 44.160 pesos, pero el período 1999/2000 elevó ese margen bruto ganadero hasta 83.144 pesos (Ver cuadro 1).

Cuadro 1. “El Tropel”

Aumento en la producción de carne por hectárea

 

1993/94

1994/95

1995/96

1996/97

1997/1998

1998/1999

1999/2000

Superficie ganadera (ha)

960

960

960

850

796

530

547

Prod. de carne (kg totales)

156.480

151.680

157.440

121.550

142.484

117.660

184.870

Ingreso neto ($/ha)

123

118

123

107

182

195

268

Gastos directos ($/ha)

77

77

56

66

70

70

116

Margen bruto ($/ha)

46

41

67

41

112

125

152

Sup. ganadera/Sup. total (%)

100

100

100

89

83

55

57

           

El planteo técnico de “El Tropel” que permitió llegar a estos resultados es el siguiente: destete temprano (se lo utiliza porque los campos de cría se manejan con altas cargas); promociones de raigrás y de lotus tenuis; praderas de agropiro y lotus tenuis en siembra directa para los bajos salinos; suplementación estratégica; inicio y terminación a corral; buena sanidad y genética.

El inicio a corral, con una dieta donde predomina la proteína, tiene como objetivo que los animales lleguen a los 180 kilos en pocos días. Por su parte, el encierre de terminación funciona como una herramienta estratégica; durante esta fase el 85% de la dieta estará compuesta por maíz entero.

Los índices de producción de la invernada de machos del lote cabeza de “El Tropel” mostraron aumentos diarios de 454 gramos en junio de 2000; de 955 en julio; de 842 en agosto; de 783 en septiembre y de 1292 en octubre. Mientras tanto, el peso por cabeza aumentó de 187,57 hasta 313,16 kilos por cabeza (Ver gráfico 1).

foto1out

 
Considerando el mismo período, el aumento diario de peso de la invernada de machos del lote cuerpo pasó de 323 en junio hasta 1113 en octubre y el peso por cabeza  subió de 176,81 hasta 265,25 kilos.

En el campo San Patricio, que pertenece a Desinagro SA, empresa que no pertenece al Movimiento CREA pero integra el programa “Campos del mañana”, la cría mostró los siguientes indicadores: entre 1998 y 2000/2001 hubo un incremento de carga de 1,40 a 1,91 vacas por hectárea y la producción de carne pasó de 248 a 367 kilos por hectárea.

La eficiencia del stock subió de 37 a 40% y los índices de preñez se mantuvieron por encima del 93%; el porcentaje de destete superó el 85%. Además, el margen neto por hectárea se incrementó de 76 hasta 140 pesos por hectárea.

Gran parte del aumento de producción de San Patricio proviene de la mejora en la oferta forrajera. En junio de 1995, el campo tenía 522 hectáreas de praderas en producción (el 19% de la superficie total), pero en junio del último año alcanzó las 940 hectáreas. Los rejuvenecimientos también mostraron un incremento importante: de las cero hectáreas de 1995 se pasó a las 140 en 1999 y posteriormente se llegó a 1075 en junio de este año.      

Mientras tanto, en el campo San Aureliano -otra de las explotaciones de El Tejar- el aumento diario de la recría de hembras para reposición se ubicó en niveles de 545,7 a 666,5 gramos entre junio y octubre último; el peso se incrementó de 185,3 hasta 264 kilos por cabeza.


Cambiar la ganadería

Además del paquete tecnológico para producir pasto, en el CREA Roque Pérez – Saladillo tienen en cuenta un aspecto vital: los productores saben que ellos generan sus propios cambios y que su reacción permite concretar mayores producciones de carne.

“Quienes hacemos ganadería tenemos que cambiar su dinámica porque existen alternativas que, de la mano de la agricultura y de la siembra directa, nos ofrecen muchas posibilidades de realizar una actividad intensiva y rentable”, expresó el veterinario Jaime Mc Lean, durante la 12da. Jornada de Siembra Directa organizada por el CREA Roque Pérez-Saladillo.

“Por otra parte, tenemos que actuar con convicción, capacitación y dedicación para hacer crecer a la ganadería y combinarla con la agricultura de la mejor manera”, agregó el veterinario.

Detrás de esas palabras hay mucho más que un simple desafío productivo. Está en juego el crecimiento de la actividad, la maximización del uso del suelo y la necesidad de pensar en una situación donde la agricultura y la ganadería puedan ser complementarias.

Pero la opinión de Mc Lean también conduce a un llamado de atención sobre la situación de algunos establecimientos de Roque Pérez, Tapalqué y Las Flores. Es decir, de explotaciones que tienen una producción promedio de 0,45 ternero por hectárea y producciones de carne que oscilan en los 100 kilos por hectárea, con márgenes brutos que varían alrededor de los 65 pesos por hectárea (Ver cuadro 2).


Cuadro 2. Situación de la cría tradicional

 

A

B

C

D*

Superficie cría

2169

4214

2870

828

Carga (cab/ha)

0,75

0,59

0,75

1,05

Producción (terneros/ha)

0,56

0,35

0,45

0,51

Ingreso neto

90

75

73

87

Costos

25

19

16

40

Margen bruto

65

56

57

47

Adm + Estr. + Imp

51

30

63

55

* Establecimientos de los partidos de R. Pérez, Tapalqué y Las Flores

           
“Si se consideran los gastos de administración, estructura e impuestos, la mayoría de estos planteos de cría está perdiendo plata. Y muchas veces los productores están viviendo a expensas de una descapitalización bastante importante”, subrayó Mc Lean, que explicó que la crisis de algunos planteos obedece a la ausencia de alternativas y la utilización de una única metodología de trabajo.    

Más allá de estas consideraciones, el profesional destacó que los ganaderos deben escapar de su lento ciclo productivo y tienen que contagiarse de los tiempos de la agricultura. Asimismo, recordó que aún “tienen mucho por hacer” en una gran superficie que es susceptible de ser promocionada o que se puede implantar con praderas.

“La tecnología está disponible y sabemos que la provincia de Buenos Aires tiene una enorme superficie que es susceptible de ser mejor empleada. Es decir, hay 5,7 millones de hectáreas de suelos clase III; 4,7 de IV; 500.000 de V; 6,4 de VI y 3,5 millones de clase VII”, puntualizó el veterinario, que manifestó que los productores deben salir de la “parálisis mental” e incorporar nuevos conocimientos.


En el CREA Roque Pérez Saladillo

El Tejar S.A., empresa que pertenece al CREA Roque Pérez-Saladillo, se constituyó en 1988 con 3 miembros. En sus primeros años de vida contaba con alrededor de 3500 hectáreas ganaderas y la agricultura no superaba el 10% de la superficie. La unión de productores impulsó una necesidad de crecer, lo que se tradujo en un fuerte incremento de la cría. Éste fue su planteo original; la invernada se hacía en campos que las empresas tenían en el oeste bonaerense.

Luego se agregaron otros productores con inquietudes similares. Más adelante, cuando entró la siembra directa en 1993, ocurrió un crecimiento explosivo: del 10% del área con agricultura convencional se pasó hasta el 50% en directa. 

Luego, los productores vivieron cuatro años de un aumento horizontal en la agricultura y empezaron a desarrollar la rotación soja de primera-trigo/soja-maíz. Esta rotación les generó una doble satisfacción: mejores resultados y menores costos.

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Ahora tratamos de diversificar el crecimiento agrícola mediante un incremento de la invernada y una mayor facturación ganadera”, expresó Matías Ferreccio, presidente del CREA, que puntualizó que el grupo apuesta a una ganadería intensiva con cría de mayor carga e invernada con 3 cabezas por hectárea como mínimo.

“La cría da producciones de 120 kilos y márgenes brutos de 60 pesos; la invernada permite márgenes de 150-250 pesos por hectárea. Mientras tanto, la agricultura arroja márgenes de 200/250 pesos”, agregó el presidente del CREA Roque Pérez-Saladillo, que manifestó: “Todas las empresas crecieron mucho; la que registró el menor incremento duplicó o triplicó su producción inicial”.