La agricultura tucumana también hace punta. Tecnología, conocimiento y nuevos negocios son cosas de todos los días. Y así lo corroboran los hermanos Garzón, quienes con un establecimiento ubicado en el límite con Santiago del Estero, apuestan a un esquema altamente tecnológico y a la búsqueda permanente de nuevas alternativas productivas.
Se trata de una empresa de corte netamente familiar que trabaja unas 1.000 hectáreas propias bajo agricultura. Prestan servicios de pulverización con mapas de aplicación, e incursionan en nuevas alternativas productivas: la cría de porcinos, criaderos de pacú en cautiverio e inclusive la producción de girasoles confiteros con alta tecnología.

El campo está ubicado en el límite con la vecina provincia de Santiago del Estero, distante a 100 kilómetros de San Miguel de Tucumán, lugar de residencia de Juan y Manuel Garzón. Los hermanos conducen la empresa "que 42 años atrás comenzó nuestro padre", comentó Juan.

En el plano agrícola, hace 10 años que están en siembra directa, sistema que se generalizó en la provincia.

La secuencia de cultivos incluye mayoritariamente opciones estivales como soja y maíz, "aunque incluimos al trigo cuando las lluvias nos dejan", resaltó Juan Garzón.

Ocurre que las precipitaciones se concentran de mediados de octubre a marzo, sin que se registren prácticamente lluvias invernales.

Con este panorama, "el trigo sólo lo hacemos para generar cobertura y mejorar la porosidad del suelo", enfatizó. Para ello, deben aprovechar las lluvias de fin de verano que recargan parte del perfil.

En consecuencia, resulta clave tener hacia principios de otoño todo listo para la siembra de trigo, que en el mejor de los casos rendirá entre 1.000 kg/ha y 1.200 kg/ha.

"Ni bien sale la cosechadora del lote de soja, hay que entrar con la sembradora de trigo. Si te demorás, la humedad se va y con ella la posibilidad de sembrar", afirmó contundente.

Pero el eje del negocio agrícola radica en los cultivos de verano. La soja es el cultivo de mejor adaptación. "Sembramos cultivares de grupo de madurez VIII, en fechas de mediados de diciembre, apuntando a rindes promedio de 2.500 kg/ha a 2.700 kg/ha", afirmó Juan.

La estrategia consiste en partir de suelos recargados por las lluvias de fines de primavera, ubicando el período reproductivo del cultivo hacia febrero.

"Aunque este año es atípico por el exceso de agua; por ejemplo en la última semana ¡llovieron más de 200 milímetros!", destacó.

La ventana de siembra ideal "es muy estrecha, por lo cual contamos con sembradora propia", remarcó.
Agronómicamente, resulta fundamental el monitoreo de plagas y enfermedades, siendo la roya el último enemigo. "La aparición de nuevas enfermedades y plagas requieren de un manejo profesional; por lo cual hemos optado por contratar los servicios de Rurais", comentó entusiasmado.

Esta empresa de servicios realiza un minucioso monitoreo, implementando manejo integrado de insectos y enfermedades.

La contratación "nos liberó de tiempo para la gestión de la empresa, incluido los nuevos negocios", destacó Juan.

Además, el resultado económico avala esa decisión. "Aplicando un manejo de plagas que incluye monitoreo permanente, cuantificación de benéficos y uso de insecticidas selectivos, logramos bajar el número de aplicaciones", destacó.

Así, en la última campaña promediaron 1,2 aplicaciones de insecticidas por hectárea, versus las 4 a 5 de varios vecinos. "Es más, hubo casos de productores que llegaron a aplicar 2 veces en una semana", agregó.

En el manejo de enfermedades fúngicas presupuestan como mínimo una aplicación de fungicidas para enfermedades de fin de ciclo, y eventualmente de roya. Este último patógeno ingresó hace algunas campañas en la zona, pero los Garzón la tienen a raya.

"Dentro del servicio de monitoreo incluimos la colocación de trampas caza-esporas, como así también nos hacemos eco de los servicios de alarma", afirmó. En caso de aplicaciones, "preferimos las pulverizaciones terrestres -que ellos mismos realizan- y el uso de fungicidas a base de estrobirulinas y triazoles", enfatizó.

Para ello cuentan con dos pulverizadoras terrestres, con las cuales también prestan servicios a terceros.

"Las pulverizadoras cuentan con banderillero satelital y brindamos al cliente un mapa de aplicación", destacó Juan Garzón.

El servicio tiene también muy ajustado la elección de pastillas y caudales de aplicación, como así también "tarjeteamos el lote para evaluar la calidad de pulverización", agregó.

Por ejemplo, para aplicación de fungicidas para control roya en soja "utilizamos entre 120 y 130 litros de agua por hectárea, y seleccionamos pastillas de cono hueco o doble abanico plano", destacó.

Para la siembra cuentan con equipos propios, montados con monitor de siembra.

"La inclusión de este dispositivo nos permitió mejorar mucho la eficiencia de implantación: el maíz supera el 90%", afirmó orgulloso. A pesar de ello, no brindan servicios a terceros, ya que priorizamos la buena siembra propia".

Para la cosecha contratan los servicios, a lo que suman el control a cargo de la empresa de asesoramiento.

"Permanentemente, hay una moto detrás de las cosechadoras, que va midiendo la pérdidas y regulando la cosechadora", destacó Garzón.

Con este manejo lograron reducir las pérdidas de cosecha en soja de 300 a menos de 100 kilos por hectárea.