Aires nuevos entran por la puerta grande. A mediados de 2006, ingresaban por la ventana. Ya no más, ahora lo hacen por la puerta principal.
La tecnología avanza a todo galope. Hoy, prácticamente todos los commodities agrícolas pueden terminar en combustibles que, en definitiva, son el nudo central de la economía del mundo actual.
Además, cualquier grano dedicado a la industrialización de combustibles es un grano que se pierde del circuito tradicional alimentario y, por ende, representa una baja en la oferta del sistema agroalimentario. No hay que se muy vivo, para darse cuenta: a menos oferta y más demanda, mayores precios.
Así las cosas, el panorama que enfrentamos reposa sobre un cuadro de precios muy sostenidos. Podemos plantearlo así: estamos asistiendo a un cambio de escenario, algo que no vista desde hace más de un siglo, cuando el capitalismo crecía y demandaba como nunca lo había hecho antes más granos para alimentar al mundo.
Ahora, además del circuito agroalimentario, emerge el de los combustibles
provenientes del agro.
Los biocombustibles pueden sustituir parte del consumo en combustibles fósiles,
esto es el petróleo y el carbón. Y tienen una enorme ventaja en este mundo cada
vez más preocupado por la ecología: son renovables y de bajo impacto en el
deterioro ambiental.
Los más usados y desarrollados son el bioetanol y el biodiesel.
El primero se obtiene a partir del maíz, la caña de azúcar y la remolacha.
Brasil y EE.UU. son los dos grandes productores, ya que se llevan más del 90% de
la producción mundial. Brasil tiene casi el 50% y EE.UU. representa el 45%. Así
que estos dos países son vitales en la producción mundial.
El biodiesel proviene de aceites vegetales. El principal productor es Alemania,
que concentra cerca del 60% de la producción mundial y luego Francia con casi el
20%.
Este cuadro de producción muestra la enorme posibilidad que tiene nuestro país,
ya que la competitividad de la Argentina debiera ser mucho más alta, pues los
dos primeros productores no cuentan, prácticamente, con materia prima propia.
La industria de biocombustibles tiene vendido todo lo que producirá en 2007 y
los compradores no encuentran fácilmente materia prima. Esta es la cruda verdad
del mundo de hoy.
Por ello es que hablamos de un escenario totalmente nuevo. Han pasado más de cien años desde que los commodities surgieron de las sombras y luego a lo largo de los años fueron perdiendo protagonismo.
Hoy, la realidad muestra que éstos vuelven a retomar su protagonismo. Por eso no debe extrañar que el maíz esté en un nivel de 120-122 dólares, el precio más elevado desde los gloriosos meses de fines de 1997. Recordemos que hace menos de un año no llegaba a 80 dólares.
Y… ¿el trigo? Si bien, en el mercado local, lo cosa no se nota en toda su dimensión por las restricciones oficiales, el FOB Golfo, a lo largo del año subió de 180 a 218 dólares.
La soja tampoco se ha quedado atrás.
Hace un año, allá por diciembre de 2005, el valor apenas superaba el nivel de 230 dólares, FOB Golfo de México. En la actualidad su valor es de más de 270 dólares. En la Argentina, el valor FOB subió de 210 a 270 dólares. ¿Qué tal? Además, en el mercado de futuro, mayo está en 195 dólares cuando en diciembre de 2005, apenas llegaba a 170.
Por eso nos atrevemos a decir que estamos en un nuevo escenario inédito, donde la aparición de un nuevo jugador como es el de los biocombustibles está modificando todos los pronósticos de precios.
Está en nosotros, los argentinos, productores de la cadena y gobierno, aprovecharlo.