La semana comenzó con una tónica diferente. Mucho mejor.

Antes, los precios domésticos habían caído un poco, no sólo por la baja de Chicago, sino también por la disminución de operaciones como resultado del paro al que convocaron entidades como CRA (Confederaciones Rurales Argentinas), FAA (Federación Agraria Argentina) y SRA (Sociedad Rural Argentina), en un hecho de unidad bastante inusual, que muestra el sentimiento de decepción del campo frente a las autoridades.

Hay que decirlo: el paro parece ser más la respuesta a la falta de consideración y reconocimiento, por parte de las autoridades hacia el agro, que de hechos puramente económicos.

Está claro que no existe un interlocutor oficial que entienda cómo afecta al espíritu productivo del agro cada vez que el gobierno toma medidas "desmedidas", como si se tratara de un enemigo al que hay que sorprender con "emboscadas nocturnas".

Hoy lo que se necesita es aquello que antes se denominaba "señorío", para alinear las necesidades de coyuntura con las de largo plazo. Al faltar éste, lo que sucede es que la Argentina toda pierde. Urge pasar de la suma cero a la suma positiva. Y para ello, la cadena agroindustrial y sojera debe moverse en conjunto y con la comprensión, propia de quienes alcanzan el nivel de estadistas, desde el gobierno. Tirar golpes bajos, sólo llevará a toda la Argentina a la suma cero.

El paro agropecuario tuvo como correlato un fuerte baja en la entrada de camiones a las terminales portuarias y en las órdenes de ventas. El promedio de camiones -de acuerdo a la BCR- llegados a las terminales de Río Arriba hasta el día 7, fue de tan sólo 1.700 unidades diarios. Se trata de un 30% menos que en igual semana del año anterior.

Y así se fue pasando, en un mercado local disponible, de apenas $590 a un nivel próximo a $640. Ello muestra que los valores que parecían demasiado elevados no lo eran, puesto que el mercado mundial tiene nuevas señales y ellas están ligadas a una demanda mundial muy sostenida.

En definitiva, hay hechos de sobra para estima un cuadro futuro alentador.

Todos sabemos cuán fuerte está el mercado de maíz. Y ello repercute también en la soja. La mayor demanda de proteínas no sólo recae sobre la soja en sí sino, también, sobre el maíz, pero como el valor internacional de éste ha tenido un espectacular salto, lógicamente, cada día se nota más el traspaso, que realiza la industria cárnica, desde el maíz hacia la soja.

¿Y para qué hablar del biodiesel? Otro elemento de suba, contundente. Además se estima que la siembra de soja, por la competencia del maíz, en EE.UU., va a caer cerca de un 5%.

En todo es cuadro nuevo hay un aspecto distintivo. Está en la diferencia que muestra esta semana respecto al precio futuro y al disponible. Antes del paro, el valor del futuro había llegado a u$s198/199 y ahora le cuesta acercarse a ese nivel, pues más bien ronda en un nivel de u$s195. En cambio, sobre el disponible, se ha logrado con facilidad volver a los mejores momentos, ya que en la actualidad el precio se mueve en un nivel próximo a $640.

¿Por qué puede suceder algo así?

La respuesta la podemos hallar en la necesidad de mercadería de las aceiteras que pujan por hacerse de soja. En tanto, sobre los futuros, lo que incide más es el propio Chicago y, por supuesto, por lo bien que evoluciona el cultivo en el MERCOSUR.

La cadena de la soja es una sola y tiene múltiples eslabones. Uno de ellos es el propio Estado. Es necesario hacer un adecuado lobby para que la población comprende la posición del agro, porque el Estado es el aparato que gobierna a la nación y, a la larga, responde a sus demandas.

La cadena de la soja, hoy más que nunca, requiere de marketing político. No hay que olvidarse que para el gobierno la producción de soja es lo mismo que agro y, por ende, ella también se encuentra en el lado, hoy por hoy, del presunto enemigo. Es duro pero todo indica que es así.

Como decían las abuelas. Ahora, es tiempo de paños fríos.