Nadie está dormido: el aumento del precio forward del maíz, de la campaña 2006/07, correspondiente a abril, ha pasado de unos 95 dólares -a principios de octubre pasado- a rondar en un nivel de 115 dólares.
La alarma cundió a mediados de noviembre en las esferas gubernamentales, pese a todo lo que se había pronosticado en el mundo. El día que llegó a 114 dólares, esto es el 17 de noviembre, el registro de exportación fue cerrado de un plumazo, cuando los exportadores habían declarado aproximadamente 10,5 millones de toneladas.
La estrategia oficial, hoy por hoy, parece estar concentrada en la prohibición temporaria de las exportaciones. Esta medida fue tomada como respuesta a la actitud de los exportadores que aceleraron las declaraciones juradas de exportación en forma más que visible.
Los números son claros al respecto. Las declaraciones juradas de ventas al exterior -hasta el 17 de noviembre pasado- para la cosecha 2006/07 muestra un volumen inédito y supera más que generosamente a los registros promedios de las campañas anteriores para esta misma época del año.
Con esta medida, las autoridades pretenden amortiguar el presunto abuso de los exportadores, sustentado en el supuesto de que éstos trataron de registrar la mayor cantidad de ventas a fin de capturar los valores y las condiciones en las que se concretarán los correspondientes embarques durante el año próximo.
De acuerdo con informaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, el Ministerio de Economía se encontraría abocado a dictar un decreto tendiente a cambiar los plazos que manejan los exportadores en el registro de Declaraciones Juradas de Ventas Externas y así, en lugar de un año de anticipación, el plazo pasaría a ser de seis meses.
Ante el inusitado volumen de declaraciones, el gobierno solicitará información adicional a las empresas que declararon las citadas operaciones.
Al mismo tiempo, las autoridades tratarían de reducir las declaraciones de venta solicitando los contratos de venta con el exterior.
Si logra ello, el volumen que dejaría de ser exportable pasaría a integrar el stock para el mercado interno, y de esta forma el precio podría tomar un camino descendente.
Lógicamente, el que va a perder con tal estrategia va a ser el productor primario, último eslabón de la cadena que, por su posición, no puede pasar el problema a otro eslabón.
Con un cuadro así, la mejora de los precios internacionales no llegaría a los chacareros ni a los productores grandes.
Aunque la verdad es que el maíz no repercute directamente en el índice de precios, esto es en la inflación, sí lo hace sobre los precios de otros eslabones de la cadena agroindustrial tales como los alimentos para la hacienda, subproductos como aceites y alimentos balanceados, o la producción de pollos, cerdos. Ello justifica, según la visión oficial, la intervención del Estado.
Pese a estos esfuerzos oficiales, tan típicos de los amantes de meter cuñas en los mercados, no se ha logrado, hasta el momento, un efecto claramente bajista. Por el contrario hubo muchos días en que los precios de la nueva cosecha se fijaron en un nivel próximo a 120 dólares como resultado de las subas internacionales. El tema parece incontenible, dadas las proyecciones de aumento en la demanda mundial del maíz para el próximo año.
La pulseada no es fácil.
Por tomar un día; el jueves 30 de noviembre, último del mes, los valores del maíz disponible con descarga inmediata anduvieron en $ 400 y para la cosecha nueva en 123 dólares, marzo y abril 2007. ¿Qué tal?
Así las cosas, los productores se han largado a sembrar todo lo que pueden. Con un valor actual que está tan por encima del correspondiente al año pasado para la misma fecha, cuando estaba en un nivel próximo a 75 dólares, es lógico que así sea.
Es increíble pero real. En enero de 2005, hace tan sólo poco más de un año y medio, el valor del maíz (CAC-Rosario) rondaba en 60 dólares. El gráfico lo dice todo; para qué hablar.
Por ello, ya se puede pensar en una campaña de aproximadamente 18-19 millones de toneladas de maíz. Porque pocos van a escatimar en inversiones y todo lo que el cultivo necesite para una alcanzar una mayor producción.