Sí señores: las cotizaciones internacionales han llegado a los niveles más altos de los últimos 10 años. Los precios, obviamente, están al rojo vivo y los mercados, alarmados.
La explicación central: el actual stock mundial es el más bajo de los últimos veinte años. Y la demanda está muy firme.
Ahora hay problemas con el clima en EE.UU., Europa y, en el hemisferio sur, concretamente en Australia. La Argentina está fuera de este cuadro escéptico: las lluvias de octubre cayeron como anillo al dedo.
La cuestión es que los informes internacionales nos tienen a los saltos. El balance de oferta y demanda mundial está bajo permanente modificación.
El Consejo Internacional de Granos (IGC), en la semana pasada, bajó su estimación de producción mundial de trigo a 585,2 millones de toneladas para el ciclo 2006/07. Este volumen está 2,4 millones por debajo de la proyección previa de 587,6 millones. La caída obedeció más que nada al pronóstico de la cosecha de Australia a 10 millones de toneladas, es decir 6 millones menos que los niveles estimados antes.
Así los cálculos, lógicamente, el impulso de las compras genuinas y de los fondos inciden en los precios.
Claro que estas subas internacionales no se notan totalmente en el mercado local pues, como sabemos, el Gobierno está interviniendo para aplacar los precios acá en la Argentina.
Además de los ya tradicionales derechos de exportación, el Gobierno opera discrecionalmente a través de la fijación del precio FOB mínimo del trigo.
Así se da la paradoja de haber alcanzado un valor FOB muy elevado y, sin embargo, el precio local no está en consonancia con lo que pasa en el mundo.
El cuadro realizado con datos de la BCR, es muy elocuente. El pico actual es sobresaliente. Sólo se advierte un pico semejante -aunque algo menor- en octubre de 2002, es decir hace exactamente 4 años.
El trigo correspondiente a la nueva cosecha, embarque en diciembre, tiene fijado un FOB mínimo oficial de 211 dólares. Pero el precio ronda en 195 dólares. ¡Es una diferencia de 16 dólares!
Las consecuencias de una política económica enemiga de la producción triguera están a la vista. Hoy hay serias dudas sobre la posibilidad de abastecer debidamente a Brasil.
Por ello no debe extrañar que el vecino país, está analizando la posibilidad de reducir el Arancel Externo Común. De tomarse esta decisión, habría un golpe muy duro para la actividad triguera en la Argentina y para el MERCOSUR.
En tanto, las estimaciones sobre la cosecha giran en torno a 13,50 millones de toneladas. El cálculo del USDA es, por ahora, de 13,25 millones de toneladas.
De haber habido una estrategia proclive a la producción triguera, muy probablemente, este año estaríamos pensando en 16 millones de toneladas y el problema de Brasil no sería un problema sino una solución.