Las últimas lluvias fueron pocas y muy desparejas. Vastas zonas de la zona cerealera continúan con un gran déficit hídrico.
Se prevén nuevas precipitaciones recién para los primeros días de octubre, lo que pone mayor preocupación sobre una cosecha de trigo que habrá de ser magra, y un maíz con escasa extensión de siembra. Porque si hay algo seguro, ahora, es que la superficie va a ser muy menor a la calculada.
Quien camina por la región cerealera lo sabe: al trigo se lo ve muy bajo y con una espiga que va tender a ser pequeña, muy pequeña. Claro que todo ello depende de dónde nos paremos. En buen romance: hoy hay zonas y zonas, con diferentes diagnósticos.
El maíz, a su vez, ha sufrido una drástica reducción en la superficie sembrada. Sí: ya estamos en condiciones de afirmarlo. Señores: estamos oteando octubre, a escasos pasos y la siembra está en peligro.
En la zona núcleo, muchos productores redujeron lo que tenían planeado en un 40%, y la verdad es que no piensan sembrar en octubre, porque prefieren ir directamente a soja de primera con una mejor cama de siembra.
En tal caso, la superficie a sembrar de maíz se convierte, hoy por hoy, en un verdadero enigma. Sin duda el volumen de maíz para la nueva campaña habrá de ser menor a lo pensado hace tan sólo un mes atrás.
Volvamos al trigo. A esta altura, estimamos que la cosecha de trigo apenas llegaría a 11,5 millones de toneladas. Guarda con la interpretaciones. Pues este volumen no sólo es resultado de la escasez de agua, es la respuesta a un ambiente de incertidumbre -por intervención estatal- que ha promovido un menor esfuerzo en la siembra del trigo.
Con sólo advertir a cuánto asciende la superficie triguera -estimada por las propias autoridades en su informe mensual en 5,3 millones hectáreas- uno cae en la cuenta del desánimo correspondiente. Para peor, según nuestros cálculos provisorios, la superficie apenas superaría un área de 5 millones, en donde no sólo han incidido los problemas “políticos” sino los logísticos, como las dificultades, en algunas partes del país, para hacerse de combustible.
Dentro de este esquema, de muy baja oferta, el mundo espera comprar mucho. Brasil, nuestro principal demandante, también deberá afrontar un cuadro de escasa cosecha. Por ello, el vecino va a necesitar importar cerca de 10 millones de toneladas. Es una flor de cifra. Como no va a lograr satisfacer sus necesidades desde la Argentina deberá recurrir más allá del MERCOSUR.
En tal caso, aparece un nuevo peligro que -de cumplirse- va a tener cola. Una cola más que larga: el gobierno de Brasil puede ceder a las presiones de los molineros brasileños y eliminar el beneficio que recibe el trigo argentino, por la exención sobre el denominado arancel externo común. El tema es gravísimo pues tendría secuelas, no sólo sobre esta campaña, sino también sobre las próximas. De darse tal situación, nuevamente, la Argentina quedaría como un abastecedor no confiable; como una fuente de suministro que no cumple con las expectativas de sus clientes.
Mientras tanto, en el país, los exportadores han declarado, hasta la fecha, con toda celeridad sus ventas externas. Se trata de un volumen enorme, cercano a 6,8 millones de toneladas. No vaya a ser que ahora se le ocurra el gobierno cerrar el registro de exportaciones para privilegiar el abastecimiento interno.
La realidad es que cada vez es más cierta la posibilidad de que, dentro de unos meses, la Argentina deba importar trigo para cumplir con todos sus compromisos.
Como expresamos en uno de nuestros anteriores informes, el cuadro de oferta y demanda mundial es más que alentador para el precio del trigo, sobre todo por la disminución en las cosechas de gran parte del mundo. Ahora se agregan nuevas expectativas dado que India estaría obligada a importar trigo por primera vez en seis años.
Así las cosas, lo que se llama el clima de negocios, en nuestro país, está muy revuelto. No hay que ser muy perspicaz para temer una nueva intervención estatal.
En tanto, el cuadro para los precios internacionales del maíz es muy bueno.
La mayoría de los analistas consideran que aún con una producción en aumento en
EE.UU., uno de los principales exportadores, los valores seguirían en tendencia
a la suba merced a la creciente demanda de etanol, donde la industria de este
combustible pasó a ser uno de los principales focos de demanda.
Es cierto que, en tal caso, la baja del precio del petróleo no ayuda. El crudo ya acumula una caída del 24 % desde el máximo histórico de 78,4 dólares de julio último.
Sin embargo, lo que se advierte es que esta tendencia a reemplazar parte de los combustibles fósiles por los vegetales no habrá de detenerse, pues se sabe que puede haber nuevos picos de subas en el futuro. Este es un camino sin retroceso, puede sufrir algunas recaídas pero la tendencia general seguirá así.
Las expectativas en materia de precios son alentadoras para la Argentina, en respuesta a la buena demanda externa y al impacto dado por la menor área a sembrar, en vista de la actual condición de los suelos por falta de agua.
En su reciente informe mensual, la SAGPyA estimó el área total maicera en 3,3 millones de hectáreas, tanto para grano como para forraje.
Hasta el 21/09, el informe revela un lento avance en las labores de implantación por la falta de humedad. El avance en la provincia de Buenos Aires ha sido del 5%, mientras que ha sido más bien poco lo implantado en Córdoba. Entre Ríos tenía cubierto el 43% de su área de intención, mientras que en la provincia de Santa Fe el sigue a ritmo muy lerdo.
Según lo que estimamos la reducción será mucho mayor a la mostrada por el informe. No creemos que llegue a 3 millones de hectáreas.
Así están las cosas, señores. Otra vez se nota la falta de presión y lobby del sector productor. ¿Recuerdan cuando Lavagna sostuvo que al campo le iba bien? ¿Cómo un funcionario puede atribuirse la potestad de saber cómo le va a un sector que trabaja sólo para el largo plazo?
O acaso, algunos de ustedes, productores y demás eslabones ligados... ¿están invirtiendo tiempo y recursos para una sola campaña?
Sólo se puede saber cómo le va al campo luego de hacer un balance de al menos unos cinco o seis años.
Ahora se viene una campaña muy dura en cuanto a producción...¿qué excusa se pondrá para justificar nuevas intromisiones en el mercado que pega cuando hay mucho pero recompensa cuando hay poco?