Baja calidad y poco volumen parecen ser las característicos de esta campaña mundial.
La baja calidad del cultivo en Europa, luego del calor de julio y las precipitaciones en agosto -que lo dañaron - más la sequía registrada en países productores como Australia y Argentina están empujando los precios con mucha fuerza. Y existe, además, una fundada preocupación: que este camino ascendente no pare así nomás.
El USDA ha estimado, recientemente, la cosecha de trigo de Australia en 21,5 millones de toneladas para el 2006-07 frente a los 24,5 millones de toneladas del 2005-06. Y para la Argentina, la producción que este organismo ha calculado es de 13,5 millones de toneladas, 2006-07, bastante menos a los 14,3 millones de toneladas estimados previamente.
Como es fácil darse cuenta, el cuadro mundial para los precios es sumamente favorable. El mundo necesita trigo. Y no vayan a creer que hay dónde encontrarlo fácilmente.
En la Argentina, la situación está difícil. Muy difícil. La producción va a ser seguramente más baja que la que acaba de calcular el USDA. Y así los precios se van a poner al rojo.
Por eso no debe extrañar que la producción de la próxima campaña esté prácticamente toda comprometida.
Así, la intervención del Gobierno en los registros es probable que vaya en aumento. Se vienen conflictos, casi con seguridad.
Para el productor argentino, es difícil imaginar un cuadro peor. Cuando hay poca producción, al menos el precio permite amortiguar el problema. Pero ahora, el panorama viene con sobresaltos.
El desaguisado que ha hecho el gobierno no registra antecedentes en la
historia de la producción agrícola. El productor debe enfrentar no solamente la
incertidumbre climática y de mercado, hoy debe acometer contra un riesgo más
duro todavía: la intervención del Gobierno que, seguramente, tratará por todos
los medios de lograr una baja en los precios del trigo, en un esquema comercial
donde el trigo va a ser escaso.
Menos hectáreas y menos producción por hectárea: este es el diagnóstico del
país.
La superficie sembrada correspondiente al ciclo 2006/07 ha sufrido un nuevo recorte, por la falta de humedad que ha afectado la cama de siembra. Prácticamente ya finalizada la siembra de trigo, se estima una superficie de tan sólo 5,3 millones de hectáreas.
Durante la semana pasado hubo lluvias, pero de triste volumen. Sólo el sábado 2 de septiembre, Santa Rosa se acordó del trigo. Su regalo no fue para nada generoso.
Las lluvias más o menos aceptables se dieron únicamente en el centro de la provincia de Buenos Aires. Al norte de ésta y al sur de Santa Fe el agua que cayó estuvo tan sólo en un rango de 10 a 20 mm.
Algo similar pasó en el sur. Y en el oeste la situación es peor. En Córdoba y el Norte del país, lo cosa está muy dura.
Con una producción seriamente amenazada por condiciones climáticas altamente desfavorables, lógicamente, la demanda trata de comprometer todo el grano que puede.
Por el momento, estamos trabajando desde esta consultora con una estimación de 11.50 millones de toneladas de trigo -campaña 2006/07- puesto que no hay perspectivas inmediatas de nuevas precipitaciones.
De hecho Brasil está muy preocupado. Así, estaría buscando trigo para importar a partir de los conflictos con el suministro proveniente de Argentina, principal proveedor de ese país
Acá, los compromisos con el exterior registran un total de 5,54 millones de toneladas que representa más o menos el 70% del saldo exportable del 2006/07.
Con este volumen de producción tendremos un balance de oferta y demanda 2007 mucho mas ajustado que el alcanzado en la campaña anterior.
Si hasta ahora el Gobierno ha limitado las exportaciones de la cosecha actual por temor al desabastecimiento y a una potencial suba de los precios internos ¿qué se puede esperar de ahora en más....? Cualquier cosa. En el ministerio de Economía, aparecerán magos... o algo así. Y habrá así nuevos desaguisados.
Tan importante es su obsesión sobre los números -que vayan a publicarse sobre la inflación- que, como cualquier desesperado, tratará de reducir los precios contrariando las más elementales leyes del mercado.