Es hora de que dejemos de hablar de cadenas agroalimentarias. Ya estamos en un mundo donde las cadenas ligadas al agro son mucho más que alimentos.

Hoy las cadenas son agroindustriales; y están ligadas, en buena parte, al transporte. Así, cuando hablamos de ellas, podemos pensar en automotores, aviones, trenes y aún buques.

El biocombustible saltó a la fama en los últimos años. Su demanda no sólo viene por un tema de "ambientalidad". No nos engañemos. El tema es más urgente. El tema es el precio del petróleo y la necesidad de los países industrializados de independizarse de los "caprichos" de los productores de petróleo. El tema resulta opinable, pero nadie puede negar que existe una carencia de combustibles alternativos.

La realidad es clara: los biocombustibles están pasando a formar parte de la agenda geopolítica de las grandes naciones.

Sea cual fuere la razón, lo concreto es que hay tratados sobre la contaminación que claramente empujan la demanda.

Los países que han ratificado el Protocolo de Kyoto deben cumplir con ciertas obligaciones en relación a sus emisiones de CO2.

Así tendrán que reemplazar tanto las naftas como el gas-oil por otras fuentes sustentables hasta el año 2020, como es el caso de los países miembros de la Unión Europea.

En el Congreso de AAPRESID, de estos días, el especialista Meter Zuurbier, predijo la demanda de biocombustibles de la Comunidad Europea en 10 millones de toneladas para el 2010. Es más, según Zuurbier, hoy, Holanda, Bélgica, Alemania y Reino Unido mantienen un nivel de demanda que no pueden satisfacer en su totalidad.

Advertidos de los cambios, los industriales de EE.UU. se han puesto en marcha para generar oferta. Actualmente, según lo que se desprende de las charlas en el Congreso de Rosario, existen 65 plantas dedicadas a la fabricación de biodiesel y habría 90 más proyectadas o en ejecución y 101 fábricas de etanol a las que se deberían agregar 38 más planeadas o en pleno montaje.

Como es fácil darse cuenta, el tiempo transcurre y falta ya poco para tal fecha.

Se han identificado como alternativas al transporte motorizado las siguientes formas de combustibles: gas natural, hidrógeno, biocombustibles, combustibles biomasas-a-líquidos (BTL) y gas licuado de petróleo.

Los biocombustibles incluyen, por una parte, el etanol y, por otra, el biodiesel, ambos provenientes cultivos agrícolas convencionales.

La Unión Europea se puso una meta bien concreta: para 2010, el 6% de los combustibles deberán ser biocombustibles.

La industria considera que para el procesamiento de biocombustibles, se tienen que construir grandes plantas de refinación cercanas a las zonas agrícolas. Y ello es bueno para el productor y la cadena de valor. Claro está que dependerá si el biocombustible se vende en su forma pura o en mezclas. Generalmente los biocombustibles se mezclan con gasolina o diesel convencional. Las formas de transporte serían similares a las que se utilizan en la industria petrolera.

Como la industria tiene planes de expandirse exponencialmente, lo más probable es que ocupe zonas forestadas con vegetación primaria o secundaria, como sucede en nuestro país, donde la agricultura va desplazando poco a poco a los bosques y montes. Algo similar ocurre en Paraguay, donde la soja reemplaza el monte natural.

Más dramático es el caso del Brasil donde se reemplaza bosque amazónico, pantanal, mata atlántica, cerrado y caatinga por soja. Las predicciones para Brasil son preocupantes, pues este país podría convertirse en el líder mundial en la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes de energía renovables, con todos los impactos que esto supone. Aunque en Brasil los biocombustibles provienen en general de caña, la creciente expansión de la soja (transgénica) podría inducir a una sustitución hacia este cultivo.

Así, uno se puede preguntar: ¿hasta qué punto el nuevo esquema es positivo en lo que se refiere abalance de absorción de CO2?

Como se ve, el cuadro no es fácil de entender. La Argentina no debe comprar un buzón. Pero tampoco debe irse para el otro lado. En fin, las dudas son muchas. Pero lo que sí debemos hacer es velar por nuestros intereses más próximos. Y aunque sospechemos que detrás de la preocupación, de las naciones centrales, por la contaminación mundial se escondan otros intereses más próximos a la realidad de ellos, a nosotros nos corresponde correr con la corriente. Pero correr, en lo posible, hacia la dirección que más nos convenga, aunque requiera diferentes zigzags. Y así aprovechar la coyuntura, sabiendo que tenemos la materia prima para la industrialización de combustibles alternativos. Pues, en buena parte, la verdad es que somos nosotros quienes tienen la sartén por el mango.

Y hagamos valer nuestro producto... cuidando el hábitat.

Si el petróleo es caro, lo es porque hay una estrategia, con contradicciones, sinuosa y llena de defectos, pero se trata de una estrategia al fin.

Desde el MERCOSUR, el ámbito de generación de combustibles renovables, debemos diseñar la nuestra. Para que ganemos, en primer lugar, los que estamos en el eslabón primario de las nuevas cadenas agroindustriales.

Suena algo duro...pero no hay que olvidarse de aquello que dice "piensa mal y acertarás".