A partir de marzo último, hay un giro en lo que ha sido muchos años de intervención discrecional por parte del Estado. Es que ya no sólo se aplican impuestos a las exportaciones y otras yerbas; ahora se prohíbe o se veda la exportación.

El caso de la carne no sólo muestra ello sino que deja un manto de dudas sobre el porvenir, pues el gobierno se mantiene al acecho sobre la actividad agraria. A partir de marzo, sabemos que la incertidumbre más aguda no proviene de los mercados o del tiempo sino de la mano oficial.

La nueva forma de intervención, en el mercado agrícola, se basa en el manejo de los precios índices. Se trata de un manejo que nada tiene que ver con los valores de los mercados. Por ahora, este manejo se dirige al trigo. Y así pasamos de 156 dólares a un nuevo índice de dólares 182 por tonelada.

El reciente incremento del precio índice de registro de ventas al exterior del trigo se convierte en una retención adicional que deja fuera del mercado al negocio de la exportación. Y lo deja afuera salvo que el precio del trigo caiga y la baja compense el aumento del impuesto.

No hay que ser adivino para darse cuenta que el precio índice se irá ajustando de acuerdo con lo que suba el mercado internacional.

No es un prohibición pero se le parece, y mucho. ¿Cuál es el pecado del trigo para caer bajo esta sanción? La respuesta es sencilla: el trigo además de exportarse se vende en el mercado interno.

En este contexto, uno se pregunta cuál será el próximo grano en caer bajo esta práctica...

Por ello, se puede decir que en nuestro país la de la soja es una de las explotaciones extensivas con menor riesgo de ser intervenida con nuevas medidas. Así, esta lectura, tan simple como lógica, empujaría a los productores a hacer más soja que la planeada. A esta altura...¿quién puede dudar que la soja tiene menor riesgo político que los restantes granos?

En tanto... ¿qué está pasando con el mercado argentino?

Por suerte en el mercado local, hay bastante reticencia a vender y la oferta hace que los precios no caigan. Ahora bien: ¿por qué habrían de caer?

Es que en el mercado internacional se aprecia una reacción técnica, de la mano de la caída del precio de los metales preciosos, oro incluido y, además, del petróleo.

Tanto la soja como el maíz deberían ser los más golpeados por la baja de precios del petróleo, pues éstos son insumos de la elaboración de combustibles alternativos. No nos olvidemos que la producción de biodiesel proveniente del aceite de soja representa un 2% del consumo total mientras que, para EE.UU., para el 2010 se aguarda un incremento al 5% del consumo total.

Así las cosas, en el mercado local, para soja de la presente campaña, la operatoria se sigue moviendo alrededor de $520 con descarga sobre San Martín y San Lorenzo. El resto gira en un valor próximo a $510 la tonelada. En soja de la cosecha 2006/07 (mayo 2007), las fábricas trabajan sobre un valor de 174 dólares por tonelada.

Respecto a cómo viene la cosa para el futuro, Oil World prevé una menor oferta mundial de soja respecto de la actual temporada. Ello sería así por lo limitada que habría ser el aumento de la producción junto a un importante incremento del consumo. Según Oil World, la producción de soja de 2006/07 crecerá cerca de 3 millones de toneladas, y así pasaría a ser de 223 millones de toneladas.

Según estas estimaciones, el área efectivamente sembrada con soja en EE.UU. será inferior a lo proyectado por el USDA a fines de marzo.

También consideran bajas en América del Sur. La proyección es de un área sojera de 20,6 millones ha cuando la campaña anterior es de 22,07 para Brasil. Y para la Argentina es número es 15,50 millones ha apenas superior a la anterior campaña.

¿Hay alguna conclusión? Sí. La actividad sojera parece ser la menos incierta. Además, las perspectivas del mundo a mediano plazo son buenas.