Las propuestas se resumían, hasta hace unos días tan sólo en la
administración de precios o en la amenaza de mayores derechos de exportación
(retenciones). Ahora se prohíbe directamente la exportación, lo que implica,
en principio, algo más de oferta interna, pero menor producción global. En
caso de darse el efecto buscado, se trata de "pan para hoy, hambre para
mañana".
Frente a este cuadro de escasez de oferta hay que prestar atención al sistema
de comercialización interna. Si éste operara, como corresponde, el precio
tendería a plancharse y, aunque parezca paradójico, las ganancias de los
ganaderos se elevaría. Pero, todavía subsiste el ineficiente sistema de media
res. Un sistema que encarece el producto y castiga la mejor producción. ¿Por
qué decimos ello?
¿Acaso el sistema de media res asegura la oferta donde está la demanda? La
respuesta es no; pues el sistema toma el producto como una unidad, cuando en
rigor constituye un conjunto de partes (cortes vacunos), unidos en base a un
esquema de oferta.
Este sistema no toma en cuenta qué es lo que sus clientes desean y de qué modo
puede satisfacerlos. El sistema induce a una inadecuada valorización de
producto como resultado de una ineficiente asignación en los lugares de venta.
Con sólo caminar por las carnicerías del interior uno puede advertir que un
kilo de asado vale más o menos igual que uno de lomo. Es inaudito: ciertos
cortes son ofertados en donde no hay demanda para ellos y viceversa.
Se necesita nuevo esquema comercial basado en cortes para que el mercado pueda
operar sobre los segmentos de demanda. Ello solucionaría los problemas vigentes
y la presión inflacionaria.
El cambio propuesto podría moderar el aumento de los precios en el presente
inmediato, y transitar el ciclo productivo, incrementando simultáneamente la
oferta, se generaría más riqueza en una industria donde trabaja más de medio
millón de personas, a lo largo y ancho del país, y es la base de muchas otras
actividades.
Claro está que el problema irá desapareciendo con en el incremento de la
oferta. Ese sería el camino estructural.
Lamentablemente, por el momento, el productor enfrenta un cuadro de
inestabilidad que no le permite aprovechar una demanda interna y externa
sostenida. Y la política económica se dirige a mantener un elevado de oferta
en el mercado interno, anulando la exportación. En lugar de mayor producción
en el mediano y largo plazo, por ahora, se prioriza el corto plazo.
Una mayor producción necesita tiempo. El período de casi tres años, desde que
un productor retiene una vaca para preñarla, hasta que vende un novillo de más
de 400 kilos, es demasiado largo.
Es cierto el problema no se va a solucionar en breve tiempo. Pero, si trabajamos sobre cortes, se abren otras posibilidades para amortiguar las subas y permitir que los cortes más populares alcancen a los consumidores. En tanto que los derechos de exportación se apliquen sólo a determinados cortes para que ellos lleguen al consumidor en forma más barata, el panorama para la producción va a ser más razonable. Y los restantes que se exporten sin impuesto alguno. Que los lomos se vendan sin retenciones, por ejemplo.
Nadie quiere las retenciones, pero ellas resultan más razonables que prohibir la exportación cuyo costo resulta demasiado alto para el país.
Por Manuel Alvarado Ledesma - Economista