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"Si esto continúa así, el maíz va a desaparecer", dijo, tal vez exagerando un poco, pero con indisimulado mal humor, un productor al que, como a muchos, le fue muy mal como consecuencia de la extensa sequía. Al mismo tiempo, máquina en mano, trataba de establecer nerviosamente los números de lo que iba a tener que tributar por todo concepto. Esta situación, particular, se puede extrapolar a la del panorama del agro en general.

Es que terminó mal 2005 y, lamentablemente, 2006 comenzó de igual manera. El 28 de diciembre (Día de los Inocentes) salió publicado en todos los diarios que la Legislatura de la provincia de Buenos Aires había aprobado el día anterior una suba de hasta 120% en el impuesto inmobiliario rural. Las quejas no se hicieron esperar. El sector calificó, como mínimo, de "lamentable" la decisión. Pero, además, la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) reaccionó rápidamente y convocó a la realización de siete reuniones zonales en territorio bonaerense por realizarse en este mes. ¿Finalizó todo aquí? No. Según se comenta, no bajarán las últimas retenciones a las carnes y se piensa que lo mismo ocurrirá con las impuestas a los lácteos. En medio de todo esto, se encuentran los efectos de una fuerte sequía que, si bien ahora está cediendo, provocó graves pérdidas al agro y prácticamente demolió al maíz, cereal fundamental en el esquema de rotación y de mantenimiento de los suelos, base de la industria alimentaria y de gran efecto multiplicador respecto de otros cultivos.

Todo indica, entonces, que dentro de una política de fuerte presión impositiva, llegó el momento en que el Gobierno algo tiene que ceder. Y para que la superficie de maíz no continúe cayendo, se considera que, definitivamente, se tiene que eliminar el 20% de retenciones que, para una magra cosecha, sólo representarían US$ 120 millones de dólares menos de recaudación fiscal. Al mismo tiempo, sería un gran incentivo para apoyar a un cultivo que no puede estar ausente en un sistema de sustentabilidad que tanto se necesita, y que sin él, se sabe, no hay futuro agrícola. Este paso, sin embargo, no debería dejar de lado, ni mucho menos, la urgente reconsideración de los aumentos de las retenciones a los lácteos y a las carnes. Como se sabe, no se lograron los objetivos de bajar los precios al consumidor y sólo apuntan, directamente, al corazón de la producción.