La mayoría de las consultas hechas al veterinario con respecto a nuestros caballos (un 80%), se refieren a sus patas. Es que el caballo es un animal de gran volumen y de mucho peso repartido en cuatro finas extremidades que terminan en pequeños pies. A pesar de esto es capaz de correr a gran velocidad con un jinete o bien hacer trabajos que le suponen un gran esfuerzo físico. A nadie escapa entonces, la importancia que tienen sus patas. Pese a ello, muchos dejan de lado atenciones básicas que deben realizarse.

Muchos se preguntan por qué los caballos que viven en libertad no precisan de todo tipo de cuidados y viven largos años sin problemas serios en sus cascos. El motivo es claro; el humano le pide al animal la realización de una serie de tareas que el caballo salvaje no tiene que realizar: cargar con un jinete, saltar, galopar sobre asfalto, permanecer largas horas estabulado. Y todas estas actividades no son naturales y provocan una tensión antinatural en los pies y extremidades del animal.

La córnea del casco no deja de crecer durante toda la vida del caballo (se calcula que aproximadamente un centímetro al mes de promedio), pero igualmente se va desgastando, sobre todo si el animal trabaja sobre una superficie dura. De ahí la necesidad de utilizar los herrajes, que servirán para evitar el excesivo desgaste del casco.

El cuidado de los "cascos"

El cuidado general del casco pasa por su limpieza, tarea a la que se le debe dar la máxima importancia. En la gran mayoría de los casos, la falta de limpieza, junto con la utilización de grasas inadecuadas y camas excesivamente húmedas, son los principales causantes de los serios problemas que todos conocemos en los cascos de nuestros animales.
Por ello es fundamental que la labor de limpieza se realice todos los días, eligiendo para ello como momento más adecuado justo antes de proceder a montar.

Limpieza

Para limpiar utilizaremos el denominado LIMPIACASCOS, de la siguiente manera:
Tratamos de eliminar la suciedad trabajando desde el talón hacia la lumbre, poniendo especial cuidado para no penetrar en las zonas blandas de la ranilla; Cuidamos especialmente el aseo de los surcos colaterales de la ranilla. Ese es el lugar preferido para bacterias, piedras y cualquier elemento punzante.

A la hora de limpiar la ranura central, pondremos nuestra máxima atención en la búsqueda de cualquier señal de podredumbre. Comprobaremos la no existencia de cortes ni grietas, así como el grado de sequedad del casco.

En caso que detectemos mal olor, existe gran posibilidad de encontrarnos ante una infección. Si es así, procederemos a limpiar completamente el casco y aplicaremos agua oxigenada en las zonas afectadas, lo que debemos repetir al menos una vez al día y consulta con el veterinario o herrador.

Para terminar la limpieza, comprobaremos que la herradura se mantiene perfectamente colocada y pasaremos los dedos por los remaches para comprobar que se mantienen en su sitio.

Hay que tener en cuenta que si no realizamos la limpieza a diario, no podremos percibir la aparición de un problema hasta el momento en el que el caballo comience a cojear; lo que en ocasiones puede ser demasiado tarde.

Cuidado del establo

Además de la limpieza de los cascos, deberemos poner especial cuidado en la limpieza del establo. Es fundamental que un animal estabulado disponga de una cama seca y limpia; no hay nada más destructivo para los cascos que el amoníaco de los desechos equinos y de la cama en descomposición.

Junto a esto, aparece como principal factor de riesgo los cambios del grado de humedad (mojado/seco) que normalmente producimos tras el entrenamiento con nuestro caballo. Debemos procurar que estos cambios sean los mínimos posibles y utilizar algún tipo de aplicación tópica que selle la cantidad correcta de humedad, al tiempo que permita el necesario paso de oxígeno.