Y en lugar de perder el tiempo con elucubraciones sobre los transgénicos de
oleaginosas, debieran abocarse a prevenir el descuido de la naturaleza diseñando
una estrategia mundial.
La siembra directa más la aplicación de semillas transgénicas han sido elementos
definitorios en el éxito obtenido por la Argentina agrícola. Ambas tecnologías
permiten el crecimiento de la frontera de producción y brindan mayor
sustentabilidad a la producción. El abandono de la siembra convencional
constituye un logro argentino de relevancia mundial.
En tal proceso, el costo del flete pasa a ser un elemento primordial de
productividad y de crecimiento en la producción. Dada la imposibilidad de
utilizar vías navegables horizontales, debiera ser un elemento de política
económica el rápido estímulo para la mejora de los transportes.
• Promedio
A diferencia de EE.UU., el complejo sojero argentino ha crecido por arriba
del promedio mundial. Lo ha hecho sobre la base de un constante incremento de la
producción agrícola, aun en tiempos de bajas de precios internacionales.
Siendo así las nuevas condiciones, resulta curiosa la reacción internacional
sobre el uso de material genéticamente modificado. En toda película existe el
personaje malo. Aquí es el temor difundido en los consumidores que impacta sobre
el mercado europeo y el asiático.
Una mayor producción significa una oferta más abundante y, consecuentemente, más
barata. Por lo que, en el mediano y largo plazo, el gran beneficiario no es el
agricultor sino la población mundial, especialmente la más pobre.
Habida cuenta de que la cosecha de EE.UU. ronda los 80 millones de toneladas,
está claro que Sudamérica ha superado a ese país del norte rápidamente. Y es
evidente que ésta es una tendencia firme sin visos de quebrarse.
Esta modificación en el peso relativo a favor del Sur y en desmedro del Norte
está dada básicamente por el fenomenal aumento por mayor siembra y mayor
rendimiento registrado en la Argentina y Brasil. La realidad es que mientras en
1976/80 la producción argentino-brasileña apenas era 30% de la estadounidense,
hoy la supera ampliamente.
Dichos datos muestran que la política americana dirigida a desplazar a la
producción de América del Sur ha sido inútil. Pese a la estrategia del Loan Rate
y el Loan Deficiency Rate, la participación sudamericana en la producción y el
comercio mundial es cada vez mayor. Y ello es bueno para el mundo. Como es
sabido, a través de estos mecanismos el Estado americano ha promovido durante
años especialmente la producción de soja, ya que el subsidio encubierto ha sido
mayor para esta oleaginosa que para los demás granos.
Lo que sí resulta negativo es la actitud de premiar la producción vía incentivos
fiscales, pues esta competencia desleal presiona sobre Sudamérica para lograr
incrementos de productividad a costa de la sustentabilidad y cuidado del suelo.
Por ello, a la larga, el mundo entero es el perdedor. Pero la dirigencia mundial
no parece entenderlo.
Y en lugar de perder el tiempo con elucubraciones sobre los transgénicos de
oleaginosas, debieran abocarse a prevenir el descuido de la naturaleza diseñando
una estrategia mundial.
Por Manuel Alvarado Ledesma
Columnista de Ambito Financiero