Respecto del primero, los agricultores argentinos han mostrado un gran margen de manejo para elevar el nivel de producción cuando la coyuntura económica ha sido favorable. El importante grado de reinversión en tecnología y el amplio interés por mejorar sus capacidades, ha generado un marco sumamente propicio como para que la actividad agropecuaria tenga garantizada una evolución sostenida. Por otra parte, los otros dos factores resumen las incertezas que de algún modo condicionan o restringen el éxito de una temporada. No obstante esto, durante los últimos años la mayor disponibilidad de información de clima y mercados ha permitido al productor mejorar sus estrategias de manejo y comercialización.
La mayor demanda de información climática se relaciona con la proyección del tiempo a mediano y largo plazo. Sin embargo, no siempre existen indicadores que permitan extenderse con cierto nivel de confiabilidad más allá de un bimestre. Debe quedar claro que a medida que se extiende el lapso de tiempo en el pronóstico, la precisión espacial se vincula a la escala regional. De esta forma una tendencia bimestral para una región, puede presentar matices en la escala local, pero al cabo del período pronosticado, se espera que las principales variables (precipitación y temperatura) hayan tenido un comportamiento medianamente homogéneo.
Para llevar adelante esta tarea se utilizan básicamente dos tipos de indicadores: los de escala global y los de escala regional. Por lo general los primeros deben tener una definición muy clara como para primar sobre los factores de escala regional. Estos últimos son los que permanentemente influyen sobre la circulación atmosférica y las consecuentes anomalías del régimen de lluvias. Es aquí donde radica la efectividad de los pronósticos a largo plazo: poder entender cuales son los factores que determinan la mayor señal sobre el comportamiento térmico y pluviométrico.
La presente campaña se esta llevando adelante sin que se observen indicadores relevantes en la escala global, al menos aquellos que tienen una reconocida influencia sobre el sudeste de Sudamérica. Hemos mencionado con anterioridad que las posibilidades de que se observen condiciones El Niño para esta campaña son muy reducidas y por lo tanto las influencias regionales toman protagonismo principal en la definición de las condiciones climáticas.
En particular, actualmente el mayor nivel de humedad atmosférica se concentra sobre el sur de Brasil y el norte de la Mesopotamia. La evolución hacia un mejor nivel de precipitaciones de la región pampeana, queda muy ligado al adecuado despliegue de esta humedad hacia el sur. Las lluvias esperadas para el fin de semana pueden marcar el cambio hacia un período más húmedo, al menos sobre el este de la franja central. Un bloqueo sostenido de la humedad en el noreste puede comprometer el arranque de la siembra de soja, este comportamiento puede tener mayor influencia sobre la franja oeste de la región pampeana y el NOA durante la primera quincena de noviembre. El potencial aumento del área sojera de argentina, se verá condicionado por un comportamiento heterogéneo del clima, el cual muestra al este con mejores posibilidades para el arranque.