El campo ya no tiene la rentabilidad de hace unos años y en el corto plazo se va una ralentización de las inversiones en tecnología. Para Ernesto Ambrosetti, economista de la Sociedad Rural Argentina (SRA), la ventaja competitiva que se gozaba a raíz de la devaluación está agotada. También consideró necesarias políticas estatales para incentivar al sector agropecuario.

- ¿La inflación y la presión impositiva borraron la ventaja que dio la devaluación?

- La ventaja competitiva en cuanto a la modificación del tipo de cambio de la Argentina, a raíz de la fuerte devaluación, está agotada hoy por dos factores importantísimos. Uno, los derechos de exportación que se impusieron al sector agropecuario que están en 23,5 por ciento para oleaginosas y 20 por ciento para cereales y 10 por ciento para economías regionales. A lo que se le suman los avances inflacionarios desde ese momento hasta hoy, lo cual manifiesta que el tipo de real efectivo; es decir, el poder de compra efectivo del productor comparado con aquel entonces, arroja que la oleaginosa está a 0,988; cifra por debajo del uno a uno. En el caso de cereales se está en 1,05 y en economías regionales 1,11; lo cual quiere decir que se agotó la ventaja de la devaluación fuerte que tuvimos en un principio y se puede notar en el hecho de que el productor no está invirtiendo y creciendo en maquinarias y tecnología como lo hizo el año pasado, aumentó el costo del transporte y el resto de los insumos. Hay que tener presente que el productor compra los insumos y el resto de la tecnología para seguir siendo competitivo a un dólar de 2,90 aproximadamente y su producto lo vende a 2,20, 2,17 depende el caso y la distancia a los mercados. Con lo cual, esta ventaja está agotada y las economías regionales son las más afectadas por este agotamiento porque han diversificado su producción como es el caso del NEA que ha podido salir a la soja, maíz y a otras actividades y hoy lamentablemente el trigo, maíz no son rentables en esa región y la soja a gatas tiene alguna rentabilidad y hace que esas economías regionales que tenían ingresos tan estacionalizados y dificultades para diversificarse, hoy se vean nuevamente ante esta limitante e imposibilidad de hacerlo.

- Además de notarse una menor inversión en maquinaria y tecnología, ¿de qué otra manera se sentirá esto?

- Principalmente en inversión tecnológica, cosechadoras, sembradoras, tractores, pulverizadoras teniendo en cuenta que cada vez se necesitan más caballos, tecnología avanzada; en el corto plazo y en el largo plazo se va retardar la incorporación de lo que es la tecnología de siembra de alta precisión que cuenta con los GPS, que es el localizador satelital, a través del cual se pueden determinar en los distintos lugares del lote la mejor performance de la semilla o qué es lo que tiene que fertilizar, cómo y en qué momento para lograr alta productividad. Por otra parte, lo que se va a manifestar es que lamentablemente tanto en las economías regionales como en la Pampa Húmeda se va a seguir con una tendencia hacia el cultivo que más rentabilidad o seguridad da, en este caso, la soja es la vedette del sector agropecuario, que va a seguir brindando la mejor relación ingreso-gasto y esto lo que hace -que no es lo mejor para el país- es ser sojadependiente. Y también aumenta los riesgos tanto del mercado internacional, porque si llegan a caer los precios, la Argentina que está con una superficie total del área sembrada en granos superior al 50 por ciento en soja; esta dependencia diversifica los riesgos, como decimos los economistas, y no favorece la estructura del suelo, las rotaciones adecuadas.

- ¿Este cambio de escenario puede generar un traspaso de productores a la ganadería?

- Creo que si los precios internacionales de granos tienden a bajar, las perspectivas de la ganadería son muy favorables en los próximos años. El consumo interno está sostenido en la Argentina, se pueden llegar a abrir mercados como el de Estados Unidos entre otros que van a demandar más cantidad de carne y en este sentido, creo que la ganadería va a tener mucho atractivo, pero una ganadería hecha con tecnología; es decir, no una ganadería extensiva de montes sino con la incorporación de tecnología y manejo que no son de alto costo porque sumar un alambrado eléctrico, manejo rotativo de pasturas y suplementación no es de elevado costo. En cambio, sí sería incorporar mejoras de infraestructura, pero los productores ganaderos están preparados para con poca inversión generar mayores tasas de extracción de sus rodeos y ofrecer más cantidad de carne tanto en la Argentina como en el mundo y mantener la participación en el mercado mundial. Esto, por otra parte, necesita señales por parte del Estado, políticas estatales para aumentar la oferta ganadera y dar a los productores incentivos crediticios y fiscales para promover la actividad.

- Si la ventaja está agotada, el gobierno debería reducir la presión tributaria. ¿Hay chance de que bajen las retenciones?

- Las chances se van achicando a medida que el gobierno va manifestando y presentando los nuevos presupuestos. Por ejemplo, en el presupuesto 2006 tiene casi 20 por ciento de aumento del gasto público y esto es lo que dificulta y limita la eliminación de los impuestos distorsivos como pueden ser los derechos de exportación y el impuesto al cheque entre otros que sufre el sector. Es más, la presión tributaria ha aumentado también por el incremento de tasas viales, por los ingresos brutos provinciales, incluso afecta al consumidor, en el caso de los consumidores por el incremento fuertísimo en tasas como seguridad e higiene; lo cual significa que el consumidor cuando vaya a comprar carne al supermercado está comprando casi un 30 por ciento de tasas e impuestos. Toda esta presión impositiva lamentablemente está en función del gasto, de eficacia del mismo y no hemos visto una tendencia a mantener el gasto público congelado ni por parte de la Nación ni de las provincias; sino que la tendencia es a incrementarse fuertemente y lamentablemente atenta contra la eliminación de impuestos distorsivos como son las retenciones. Por otra parte, el Estado, de cada cuatro barcos que se exportan de soja se queda con uno, o sea que recursos hay más que suficiente para atender todo lo social y con lo que le saca al campo se cubren casi tres veces todos los planes jefas y jefes del país.

- En Córdoba, en los primeros cinco meses, las exportaciones de manufacturas agropecuarias (MOA) sólo crecieron un 1 por ciento, mientras que las industriales (MOI), un 41 por ciento. ¿En el corto plazo, las MOI se ubicarán por encima de las MOA?

- No creo que eso suceda porque, a pesar del valor de los precios internacionales, nosotros somos tomadores de precios, las manufacturas de origen agropecuarias sumadas a las materias primas van a seguir teniendo una preponderancia importante en todo lo que es comercio exterior y en la responsabilidad de ingresar divisas al país. Las MOI en este momento han podido exportar bajo un sistema muy proteccionista, de un dólar alto, por lo cual no están compitiendo lo suficiente ni invirtiendo en estos momentos como para poder seguir adelante a mayor cantidad de productos y con más calidad como para ser más competitivos. La capacidad industrial de la Argentina se encuentra por arriba del 72 por ciento, esto quiere decir que la industria está produciendo a pleno y no hay inversión suficiente como para poder aumentar la oferta tanto para el mercado interno como internacional. El único crecimiento de productividad importante que se está viendo en los últimos años es en el sector agropecuario.

- ¿Cuánto tiempo más estima que seguirá a la cabeza del crecimiento del país e impulsando el desarrollo de otros sectores y de la economía del país?

- Por ahora, según los análisis que hacemos en cuanto al crecimiento del país esperado del PBI y de años anteriores, del ocho y nueve por ciento respectivamente, se espera alrededor de un siete por ciento para este año. La participación del sector agropecuario va a seguir siendo la más relevante, va a impulsar el crecimiento sostenido del país. Lo que está faltando para los próximos años es una visión de largo plazo, no hay un plan económico que permita visualizar a los empresarios, darle confianza y certidumbre de lo que va a pasar y en función de eso, seguir invirtiendo. Esto tanto para la industria como para el sector agropecuario, el de servicios, para todos los sectores productivos de la economía. Hoy lamentablemente no tenemos una visión de largo plazo sobre qué basarnos para invertir y ver cómo hacer crecer a las empresas.

- El precio de la tierra es un factor clave al hacer los números. ¿Cree que los alquileres se reacomodarán?

- De poco a poco se va ir acomodando, lo que no puedo decir es si tenderá a bajar o se mantendrá en estos niveles o dejar de subir porque está en función de los precios internacionales, que son muy volátiles; pero lo que sí es cierto que la tierra es un producto muy escaso. En 1950, en relación a la población mundial había una disponibilidad de hectárea por habitante de poco más de media hectárea por habitantes, en el 2000, la disponibilidad fue de 0,23; casi la mitad de lo que había 50 años atrás y estamos proyectando para el 2025 que estará en 0,17. Y el productor va a tener dos desafíos importantísimos para el futuro: seguir produciendo mayor cantidad de alimentos por hectárea y al mismo tiempo, proveer de insumos para lo que son los combustibles renovables. Es decir, que la soja tendrá que destinarse a la alimentación y a la producción de energía renovable como el biodiesel. Con lo cual, la tierra va a seguir siendo un recurso escaso y en el largo plazo va a aumentar y los alquileres van a estar en función del valor de la tierra y de los commodities, y obviamente de la competitividad de producir con esos precios que se tomarán como referencias. Los precios creo que se van a adecuar en las próximas dos o tres campañas a la razonabilidad de la renta agropecuaria, que no es lo que era hace dos o tres años atrás. Por otra parte, hay que tener en cuenta que esos alquileres que se están pagando están influenciados fuertemente por algunos capitales que no están en el sistema financiero porque no encuentran una atracción a través de la tasa de interés y por eso, invierten en el sector agropecuario.

- ¿Cuáles son las perspectivas para el desarrollo de la ganadería?

- Queda margen para mejorar la ganadería porque todavía la Argentina tiene una tasa de extracción muy baja en comparación con Australia, Nueva Zelanda y otros países. El productor argentino puede aumentar la tasa de extracción, lo cual quiere decir que mejora la tasa de parición, de obtención de terneros, de preñez y al mismo tiempo la cantidad de kilogramos por hectárea cuando engorda un novillo. En esto hay que trabajar mucho, capacitar a los productores y se requiere una política de Estado para poder abastecer al mercado interno y seguir aumentando la participación en el mercado internacional. En la ganadería hay mucho por hacer y esperemos que el Estado nos acompañe en lo que estamos preparando. En la Sociedad Rural Argentina estamos preparando un plan estratégico ganadero argentino que próximamente se conocerá.

- En distintas provincias se trabajó en planes ganaderos, pero por distintas razones no se obtuvieron los resultados esperados e incluso, no se implementaron. ¿Qué se necesita para poder llevarlos a cabo?

- Lo primero es el consenso de todos los actores de la carne: frigoríficos, transportistas, carniceros, comerciantes, hipermercados, consignatarios de hacienda y productores; que todos estén de acuerdo en la política a seguir, que presenten al gobierno un plan estratégico para que se pueda complementar con los planes provinciales, que muchas lo tienen, algunas los han implementado y otras se ven con dificultados para hacerlo, pero es necesario que desde la Nación se manden líneas de políticas y acciones a seguir para complementar lo que están haciendo las provincias a fin de lograr en conjunto el plan forestado con los privados, llevar adelante el desarrollo del sector ganadero y además para abastecer, para ofrecer mayor oferta al mercado interno para que los argentinos sigan comiendo carne. Estamos cerca de los 64 kilos de carne por año.

- El sector ganadero es el único que no sufrió un aumento de las retenciones. Pasado los tres meses del acuerdo de precios, ¿estima que el gobierno aumentará el porcentaje de las retenciones a los cortes vacunos?

- La posibilidad siempre está latente porque la visión por parte del Estado es cortoplacista, es muy electoralista. El acuerdo de precios y de la faena no apuntan al aumento de la producción y oferta de carne, sino que lo son para reducir el incremento del precio de la carne, pero no se considera que después puede haber un faltante. Con lo cual se necesita un plan estratégico consensuado con todos los sectores, validado por el gobierno para darle las herramientas para seguir adelante, desarrollarse y crecer como se merece.