Siembra de pasturas en primavera
Ing Agr Luis Romero y Soledad Ahorna / INTA EEA RAFAELA
Las precipitaciones ocurridas durante el verano y otoño de 2003, que superaron ampliamente los promedios para habituales para ese período, produjeron severas inundaciones en varias zonas de la provincia de Santa Fe, afectando no sólo los campos de zonas de relieve de media loma y bajos sino inclusive terrenos altos, que nunca habían sufrido este tipo de inclemencias climáticas.
Cuadro comparativo de precipitaciones (mm)
El fenómeno ocurrido durante los meses de febrero, marzo y abril del corriente año, no sólo produjo una enorme pérdida de las pasturas implantadas sino que también imposibilitó la siembra de pasturas de otoño en un alto porcentaje de los campos de la provincia de Santa Fé. Por eso, particularmente este año, tendrán una importante trascendencia las siembras de primavera.
Siembra de alfalfa en primavera
Es sabido que la mejor época de siembra de esta especie es en el otoño,
debido principlamente a las buenas temperaturas del suelo que permiten una
rápida germinación, al adecuado nivel de humedad del mismo y al mejor desarrollo
radicular de la planta, que le permite llegar al verano con una raíz que
posibilita explorar el suelo en busca de humedad. De no ser posible la siembra
de otoño, existe la alternativa de la siembra de primavera, con la que se pueden
obtener similares resultados prestando especial atención a algunos factores que
deben ser controlados por el productor: el control de malezas, la carga y el
manejo de la pastura durante el verano, entre otros.
Las siembras de primavera, entonces, si bien no siempre son seguras, permiten
adelantar la puesta en producción de una pastura. De no ser así, se debería
esperar hasta el otoño del año siguiente para implantarla y esto obligaría a
buscar otras alternativas forrajeras para cubrir el déficit que se produce por
la falta de esa superficie empastada.
Características de la especie
Para cada región, la temperatura y la humedad del suelo, conjuntamente con la
radiación, son los factores que definen la época de siembra más adecuada.
La alfalfa germina en un rango muy amplio de temperatura, desde 5 a 35 °C. El
óptimo se encuentra entre 19 y 25 °C. En la mayor parte de la región pampena,
las condiciones favorables para el establecimiento de la alfalfa se presentan en
otoño, pero considerando los requerimientos de temperatura y humedad para su la
germinación y desarrollo, una época alternativa de siembra es la primavera. Sin
embargo los procesos de crecimiento y desarrollo de las plántulas en ésta época
son muy distintos a los observados en las siembras otoñales.
Una situación que se puede dar en la primavera es que al existir buenas
condiciones de temperatura, la parte aérea de la planta se desarrolle más
rápidamente que la parte radical. En estas condiciones, de producirse una sequía
estival, las plantas sufrirán de manera importante.
Otro factor a tener en cuenta en la siembra de primavera es que el cultivo se
verá expuesto a una mayor cantidad de malezas de rápido crecimiento inicial que
competirán con la alfalfa por agua, luz y nutrientes. Para salvar este tipo de
situaciones, se puede contar con el uso de herbicidas de presiembra y
postemergencia que aseguren la implantación de esta leguminosa en primavera.
Experiencias en el INTA Rafaela
Trabajos efectuados en la EEA Rafaela han demostrado que es factible lograr
buenas implantaciones de alfalfa en la primavera. En este caso, se compararon
dos sistemas de siembra: convecional y directa. El potrero utilizado tuvo como
antecesor un cultivo de moha que fue henificada en el mes de enero y mantenido
en barbecho químico durante todo el invierno mediante dos aplicaciones de
herbicida: una en el otoño (glifosato 4 lt/ha) y otra en agosto, 15 días antes
de la siembra (2,5 lt/ha). El tratamiento con siembra convencional fue preparado
con rastra de disco descencontrado y rastra de dientes y la siembra se realizó
con la misma máquina que se usó para la directa.
La siembra se efectuó el 28 de agosto de 2001. Se usó el cultivar de alfalfa
Monarca INTA a una densidad de 10 kg/ha.
La germinación fue un poco lenta, debido posiblemente a la baja temperatura del
suelo, aunque ésto no afectó el número de plantas ya que se lograron 180
plantas/m2 (plantas con las primeras hojas trifoliadas).
En el siguiente cuadro se indica la fecha, producción de materia seca y
porcentaje de malezas del primer pastoreo, producción total y el porcentaje de
malezas promedio del primer año, según los tratamientos evaluados.
Cuadro 1. Fecha del primer pastoreo, rendimiento de
materia seca, porcentaje de malezas y rendimeinto total del primer año de los
tratamientos evaluados
Como se observa en el cuadro, el primer pastoreo se efectuó a los 90 días de
la siembra. La producción del primer pastoreo de alfalfa fue mayor en el sistema
con siembra directa, y presentó una menor proporción de malezas. Esto podría ser
explicado por el menor movimiento del suelo, que evitaría poner en condiciones
de germinación a las semillas de malezas que se encuentran allí. Las malezas
afectaron en mayor medida a las plantas obtenidas en siembra convencional,
provocándoles un menor desarrollo inicial.
Al final del primer año (7 pastoreos) la alfalfa en directa produjo 637 kg más
de MS.
Los valores obtenidos de materia seca son aceptables pero menores a los logrados
en igual periodo con las siembras de otoño, que rondan los 9000 a 11.000 kg de
MS/ha.
Siembra de pasturas consociadas en primavera
Como dijimos antes, las siembras de primavera suelen estar caracterizadas por
una alta competencia con las malezas, pero un factor a tener en cuenta es que
dentro del grupo de malezas típicas de ésta época un alto porcentaje son
gramíneas. Esto imposibilita la siembra de pasturas mezclas, como por ejemplo
alfalfa consociada con cebadilla o festuca, ya que al intentar controlar las
malezas con algún herbicida graminicida selectivo se eliminarán también las
gramíneas forrajeras.
En este caso, la siembra directa sobre lotes limpios y con excelente control de
malezas (con varios años de agricultura) sería una herramienta a tener en cuenta
para poder efectuar siembras asociadas, ya que se disminuye la presencia de
malezas y por ende, evita la aplicación de herbicidas.
Otra cuestión a tener presente son los diferentes costos de implantación en las
dos épocas de siembra, ya que en primavera los costos aumentarían si se vuelve
necesario el uso de un herbicida graminicida selectivo, que cuestan más que el
resto de los herbicidas.
De todas maneras, en función de los resultados que se han obtenido, queda claro
que, si se cuenta con una buena provisión de humedad en el suelo al momento de
la siembra, se usa semilla de calidad, se utiliza una máquina sembradora
eficiente, se logra un buen control de las malezas y se efectúa un correcto
manejo de la forrajera en función de las características de crecimiento de la
alfalfa en este período (menor desarrollo inicial de las raíces), se podrán
lograr pasturas productivas. Esto permitirá ganar tiempo en la entrada en
producción de esos lotes y mejorar la oferta de pasto de la primavera y el
verano.


