Por un lado, el este de la misma presenta normalmente lluvias que, si bien disminuyen en inverno, suelen darse en esta época del año valores que pueden llegar a producir recargas (o mantenimiento) de las reservas de agua en el suelo. En cambio hacia el oeste, las precipitaciones de invierno son casi nulas, mostrando un régimen mucho más estacional: allí difícilmente se consigan recargas suficientes para la siembra de trigo, si las lluvias de otoño han fallado.

La figura adjunta muestra tres mapas de clasificación de las reservas: los promedios de mayo, junio y lo que va de julio de 2005. Sobre cada uno de ellos hemos trazado una curva que separa aproximadamente los dos comportamientos pluviométricos mencionados. Como se puede observar, al oeste de la curva negra la clasificación de las reservas prácticamente no ha variado desde mayo. Esto se debe a que tanto la lluvia como la evapotranspiración en esta área son generalmente tan pobres, que usualmente no se observan cambios en los niveles de almacenaje.

Este hecho permite que la clasificación de las reservas de finales del otoño al oeste de la línea dibujada sobre los mapas constituya un buen indicador del panorama que tendrá esta área a la siembra de trigo. La categoría de reservas “muy por debajo de las normales” que mostraba el mapa de mayo en La Pampa y sudoeste de Buenos Aires ya se presentaba desde entonces como muy difícil de revertir, lo cual nos ha permitido hacer un pronóstico de déficit a la siembra de trigo con mucha antelación.

Para el oeste de la región pampeana, el análisis de las condiciones de humedad de finales de otoño constituye un mejor indicador del estado futuro a la siembra de trigo que la ocurrencia de El Niño, La Niña, o cualquier otro fenómeno de escala global.