"Hay que rascar la olla", dijo ayer un alto funcionario de Economía para explicar la decisión oficial de aprovechar el apetito de los inversores por los bonos en pesos ajustados por inflación para emitir más deuda. Después de que anteayer colocó Boden 2014 por $ 1000 millones en un mercado que pidió casi nueve veces más, el Palacio de Hacienda informó en un comunicado que pasado mañana licitará otros 1000 millones de esos mismos títulos.
Será la tercera emisión de deuda en el mercado local después de que la salida del default permitió el retorno al crédito voluntario. La primera había sido en mayo pasado también por $ 1000 millones en Boden 2014.
Tal como admitió esta semana el secretario de Coordinación Técnica, Leonardo Madcur, a la Argentina no le alcanzaba con la licitación de anteayer para cubrir los fuertes vencimientos de pasivos del mes próximo, que ascienden a US$ 2648 millones. Al principio de agosto vence el capital de Boden por US$ 1650 millones.
Para pagar no le sirve sólo el superávit fiscal primario (antes del pago de la deuda), presupuestado al 3,2% del producto bruto interno (PBI). Por eso, se recurre al mercado y se busca un acuerdo de refinanciación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Economía aclaró que con la colocación de pasado mañana "se completa el monto correspondiente a la ampliación de Boden 2014 dispuesta en el programa de emisión de la deuda para 2005". No obstante, Economía ya resolvió licitar US$ 1000 millones en Boden 2012 y el presupuesto le permite colocar bonos por otros $ 3000 millones. Esas emisiones no aumentarán el capital de la deuda porque son para pagar pasivos que vencen este año.
Analistas financieros interpretaron que la nueva emisión de bonos no sólo responde al interés del mercado -que hizo que la tasa de interés implícita bajara del 16,5% al 15,5% en dos meses-, sino también a una estrategia del Gobierno para negociar con el FMI. Según ellos, no es lo mismo ir a Washington, a fines de mes, con la urgente necesidad de recursos para afrontar los vencimientos de agosto, que viajar con la tranquilidad de que la Argentina no depende únicamente del Fondo para cumplir con sus obligaciones.
La fuente de Economía destacó ese argumento: "La negociación no pasa por ahí". Recordó que el Grupo de los Siete (G-7), integrado por los países más ricos y cuyos representantes dominan el directorio del FMI, ha tomado la decisión de reducir la exposición del organismo en la Argentina, es decir, que se achique su deuda.
Por eso, al Fondo no le interesa refinanciar el 100% del pasivo que vence en los próximos tres años. Además, ya no presta para pagar gastos corrientes, como en los años 90, sino que quiere volver a ser el prestamista de última instancia. Es el nuevo paradigma que rige desde que el Partido Republicano gobierna en Estados Unidos (2000).
Al Gobierno también le interesa el desendeudamiento, pero en Economía admiten que lo deseable es que ese proceso sea gradual. La deuda con el FMI tiene intereses que equivalen a un tercio de lo que la Argentina está pagando en el mercado. De ahí el interés por el acuerdo.
En opinión del funcionario de Economía, el FMI es el que debe decidir puertas adentro si quiere o no un acuerdo con la Argentina: "En el Fondo hay dos bancos. Uno con posiciones muy extremas, con una actitud mezquina, que preferiría que al país le fuera mal para mostrar que ellos tenían razón. Son los del área de mercados de capitales y la de desarrollo de políticas e investigación. Otra cosa es lo que piensan los que están más sobre el terreno, los del Departamento del Hemisferio Occidental, que dirige Anoop Singh".
El FMI insistirá en la larga lista de exigencias que ya están planteadas en el programa firmado en septiembre de 2003, suspendido hace un año y que iba a durar hasta 2006 inclusive. El Fondo pedirá un mayor superávit fiscal primario, más control de la inflación, una nueva ley de coparticipación federal, una solución definitiva para las tarifas de servicios públicos y un arreglo con la minoría de bonistas que rechazaron el canje de deuda en default.
La cuestión del ahorro fiscal es una de las más conflictivas. "El Fondo siempre pide más", dicen en Economía. Aunque los analistas consideran que no sería difícil lograr un superávit del 4% del PBI, en el Palacio de Hacienda sostienen que es un objetivo complicado en un año electoral y, sobre todo, con una batalla interna en el peronismo.
Por Alejandro Rebossio
De la Redacción de LA NACION
Cae más el dólar
Pese a los esfuerzos del Banco Central (que ayer adquirió otros US$ 85,5 millones y acumula 369,1 millones en el mes) la cotización mayorista del dólar finalizó ayer 1,7 centavos por debajo del cierre del viernes anterior al quedar a $ 2,868, con lo que perforó el piso de $ 2,88 que para ese tipo de cotización el Gobierno intenta defender. En el nivel minorista se compró a $ 2,85 y se vendió a 2,89.