Todo es grande en el Estado de Matto Grosso. Puede sonar extraño, pero la verdad es que se encuentra uno atrás de otro a productores que tienen 10.000 hectáreas de cultivos. Y con frecuencia a otros que producen arriba de 50.000 hectáreas. Y más de 100.000 también. Y toda esa superficie dentro del mismo Estado (pares brasileños de las provincias en la Argentina).

Claro que no es un Estado cualquiera. En esta campaña, sembró con soja nada menos que casi 6 millones de hectáreas. Y es tam bién el que tiene el mayor potencial del mundo para la expansión sojera, por la enorme superficie que aún tiene disponible. En total, se implantaron en Mato Grosso en 2004/2005 7,8 millones de hectáreas, pero eso es apenas el 35% de su áerea cultivable. Es decir, el gigante puede ser bastante más grande todavía.

Las cifras son seguidas con detenimiento por muchos, entre ellos por las empresas que venden maquinaria agrícola, que ven cómo sus ventas marchan al ritmo de lo que le sucede al sector. Valdecir Pereira es director de la empresa que distribuye la maquinaria de New Holland en el sur de Matto Grosso, con base en la pujante ciudad de Rondonópolis. El hombre puntualiza que, de acuerdo a las estimaciones del gobierno estadual, en 10 años ya estarán sembrando 15 millones de hectáreas, algo más que toda la superficie sojera que se sembró este año en la Argentina.

Justamente, lo que pasa en el Mato Grosso no debería ser indiferente para nadie vinculado a la soja, sea que la siembre o que esté antes o después en la cadena de producción, en la Argentina o en cualquier parte del mundo. Lo que allí sucede puede mover la aguja de los mercados y el nivel de su crecimiento puede ser determinante para la oferta mundial de la oleaginosa en el futuro.

En las últimas semanas, Brasil fue protagonista de los cambios que se produjeron en la cotización de la soja. Aunque más por la sequía que golpeó fuerte a los Estados del sur del país, los problemas climáticos que padeció el Mato Grosso también impactaron: en el sur de su territorio, un febrero seco hizo caer en un 20% el rinde esperado de cosecha, que se fue confirmando en muchos lotes, como constató Clarín hace pocos días. A eso se sumaron las fuertes lluvias que cayeron en plena recolección, más el norte del Estado, lo que atrasó las tareas y perjudicó la calidad del grano.

Así y todo, el Mato Grosso espera cosechar este año nada menos que 16,5 millones de toneladas. Eso significa un millón de toneladas menos que las esperadas, pero igualmente es una cifra impactante. Se trata de un crecimiento de nada menos que 22% en una campaña, como destacó a este dario Paul Jo Perk, director del poderoso grupo matogrosense Maggi.

¿Por qué poderoso? Veamos los números. Siembra, sólo en su Estado, 200.000 hectáreas, de las cuales 125.000 son de soja y 55.000 de maíz de safrinha, es decir, el que, favorecidos por el clima, implantan en el otoño.

Maggi es el grupo liderado por Blairo Maggi, gobernador del Mato Grosso, un Estado que se mueve al ritmo de la soja. Su área de siembra es grande, pero está lejos de ser la única.

Agnaldo Jose Barbosa, de Agropecuaria Libertade, por ejemplo, trabaja 50.000 hectáreas de soja en la zona. En Itiquira, a 90 kilómetros de Rondonópolis, la capital sojera del sur matogrosense, recorrió con Clarín un campo en el que estaba recolectando 6.000 hectáreas.

Los métodos de trabajo de este hacendado brasileño no difieren mucho de los que tienen el resto de sus colegas, pero sí de los que se utilizan en la Argentina, sobre todo en materia organizacional.

Por empezar, la maquinaria que usa para cada una de las labores es propia, desde la sembradoras, pasando por las pulverizadoras y hasta las cosechadoras (en Itiquira estaba cosechando con siete New Holland de última generación). La figura del contratista apenas existe.

Buena parte de los suelos sojeros del Mato Grosso han sido ganados a Los Cerrados, el bosque que todavía domina la mayor parte de la región. En el sur del Estado, son bien fértiles, lo que queda demostrado con el promedio de producción, que está algo por encima de los 30 qq/ha (la media de la Argentina se ubica en torno a los 27 qq/ha).

Pero en este gran territorio brasileño los costos son otros, como explicó Adroir Trighes, un agricultor del estado de Paraná, en el sur brasileño, que, como muchos otros, hace dos décadas emigró hacia el norte buscando mayor espacio de producción, porque en su zona prácticamente estaba todo ocupado. Así, cambió 500 hectáreas por casi 20.000, entre propias y alquiladas, que trabaja hoy.

Con esa cantidad, conoce bien los costos, y destaca dos puntos que no son para nada menores: los fletes y la roya.

La zona está a unos 2.000 kilómetros de los puertos del sur brasileño y a un poco menos, aunque con una salida más complicada, de los del Amazonas. En muchos casos, casi 65 dólares, de los cerca de 180 dólares que los productores locales reciben por tonelada, se van en el transporte.

Y la amenaza de la roya, dijo Trighes, insume al menos dos aplicaciones de fungicidadas y, en muchos casos, tres. En números, afirma, pueden ser hasta 100 dólares por hectárea.

Pero los números cierran, obviamente. Sino la gente no sembraría, aunque en esta campaña, con menores rindes, precios más bajos y mayores costos, serán ajustados.

De todas maneras, los productores piensan en el largo plazo. Como Ayrton Bresolin, que trabaja como administrador para el poderoso grupo Carolina, que siembra 60.000 hectáreas propias y otras 60.000 en asociación con varios productores. Según contó a Clarín en Fazenda Santa María, a 55 kilómetros de Rondonópolis, tiene nada menos que 72 cosechadoras y 85 tractores, una muestra más de la manera en que trabajan y la dimensión que tienen.

Son, quizás, uno de los mejores reflejos de lo que es el Mato Grosso, de su dimensión y de su potencialidad. En los próximos años, habrá que estar atentos para ver qué sigue pasando allí.