El trabajo duro empieza cada diciembre, con la cosecha del trigo. Desde allí y hasta fines de mayo prácticamente no paran: de norte a sur recorren unos 2.500 kilómetros en lentas caravanas y duermen donde los alcance la noche. De los contratistas poco más se sabía hasta ahora. Pero en los últimos meses la estadística oficial comenzó a dimensionar ese sector, una red de miles de pymes que fue clave para que la Argentina pudiera duplicar su cosecha desde principios de los noventa. Solamente en Buenos Aires son unas 7.000 firmas, que trabajan sobre 45% de la superficie agropecuaria y explican hasta 20% del Producto Bruto y del empleo en algunas localidades.
La referencia a la provincia más extensa del país no es caprichosa. Hasta ahora, el gobierno bonaerense fue el único que realizó una medición sobre los "prestadores de servicios agropecuarios". El resultado fue sorprendente: existen 7.075 empresas que mueven 600 millones de pesos anuales y emplean a más de 32.000 personas. A nivel nacional sólo hay cálculos, pero fácilmente estas cifras se duplican.
"Los contratistas explican menos de 1% del PBI provincial, pero —si excluimos al conurbano— su peso llega a ser de hasta el 20% en algunas regiones", explicó Agustín Lódola, el director de Estadísticas Económicas de la provincia. Tres cuartas partes de estas empresas, según la reciente medición, presta servicios de maquinaria agrícola. El resto se reparte entre quienes brindan almacenaje o realizan tareas específicas para la ganadería.
En Feriagro 2005, la muestra agropecuaria que comienza el jueves en un campo cercano a Baradero, este particular sector tendrá una suerte de reinvindicación histórica: por primera vez tendrá un Foro específico que será coordinado por las asociaciones de trilladores que empiezan a florecer en diversos pueblos.
"El auge actual del contratista surge de una necesidad, porque desde los noventa, un productor no podía bancarse comprar solo un tractor o una cosechadora para su pequeña explotación", recordó José Turino, de la Asociación de Contratistas de San Vicente, en Santa Fe. Solo allí hay 60 pymes que operan unas 200 cosechadoras. En todo el país, se calcula que los contratistas manejan cerca de 10.000 trilladoras, sobre un total de 27.000 unidades. Pero tienen además equipos para todo tipo de labor: sembradoras, fumigadoras, tractores, enfardadoras y hasta avionetas.
Sus mejores clientes son los productores chicos y medianos. Por ese motivo, los estudiosos del agro también han dirigido su mirada hacia ellos. En varias tesis se considera que la existencia de los contratistas ha evitado una concentración en la propiedad de la tierra mayor a la que se produjo en la última década, cuando desaparecieron unas 100.000 explotaciones en todo el país.
Lódola abona esa teoría: "La existencia de contratistas pone límites a la concentración, haciendo rentables a productores que quizás no sobrevivirían si tuvieran que contar con la maquinaria e infraestructura para desarrollar las tareas". Para el estudioso, estos prestadores de servicios también han sido fundamentales para la notable mejoría de la productividad agrícola. Debido al arsenal tecnológico que manejan, "los productores que contratan sus servicios obtienen aproximadamente 18% más de ingreso que los que no lo hacen", apuntó.
En Buenos Aires, la mayoría no son productores, ya que solo 25% posee un poco de tierra. Pero como saben que su suerte está atada a la de los chacareros, también piden el fin de las retenciones. ¿Reclamos específicos? Turino tiene uno: "Que inviertan en las rutas, porque algunos caminos son imposibles".