Los precios dejan mucho que desear. ¿Quién puede decir lo contrario? Más bien son para la desesperación. Por ello no debe extrañar que haya tan elevado tonelaje de soja sin vender. Al aguardo de tiempos mejores.

Si bien ya están muy lejanos los tiempos de una soja de $70 por quintal, la verdad es que, aún así, el valor al que se fijaron las 28 millones de toneladas de soja vendidas de la campaña pasada vendida ha sido, en términos históricos, muy interesante. Se puede afirmar que fue un año bueno. Claro que ahora la cosa está muy distinta. Y el panorama no es mucho mejor.

Un ejercicio de tipo histórico nos puede ayudar a ubicarnos.

Vale la pena detenerse a observar el cuadro realizado por la Bolsa de Comercio de Rosario, respecto a los precios locales. El promedio del FAS en dólares estuvo en un nivel de 189 por tonelada. Es decir aproximadamente $558 por tonelada.

Y ahora apenas rasguñamos los $440. Claro que este precio se convierte en patético por los derechos de exportación pues si no los hubiera la cosa sería muy distinta; en tal caso estaríamos hablando de un precio de soja del orden de los $ 580 por tonelada.

Y este precio resulta patético pues tomando en cuenta los derechos de exportación, el tipo de cambio actual es levemente inferior a los tiempos de la convertibilidad (en términos reales).

Pero, vamos al cuadro...

En el cuadro puede apreciarse el gran pico registrado en marzo - abril del año pasado. También puede verse cómo los productores se resistieron a vender en marzo, a la espera de quizás otras subas. Y en mayo - junio, cuando advirtieron que las bajas no eran algo momentáneo, puede observarse la gran cantidad de ventas realizadas.

También puede verse con claridad cómo los productores se negaron a desprenderse de su mercadería durante los dos últimos meses, con precios tan bajos en el mercado internacional. Porque la realidad es que los mercados locales están semiparalizados.

Otra cosa que se observa es la diferencia entre el precio de la vieja y de la nueva cosecha. El gran spread existente entre vieja y nueva cosecha muestra las necesidades de la demanda por hacerse de mercadería, principalmente centrada hoy por hoy en las fábricas de nuestro país.

Al comparar el crushing de oleaginosas del 2004, y sus derivados -aceites, pellets y expellers- con el 2003, se puede verificar la baja en el procesamiento anual de soja y de girasol, por la escasa disposición de los productores a convalidar estos precios bajos.

Por ello los stocks de aceites en Argentina han caído a niveles casi alarmantes. Las existencias en las fábricas llegan al nivel más bajo desde enero 2002. En harina, las existencias muestran una caída interanual del 24% .

La ventaja de la demanda frente a su necesidad reside en que desde el frente externo el movimiento se presenta relativamente calmo.

La semana pasada se dio a publicidad el informe mensual de oferta y utilización del USDA. A escala mundial, se produjo un incremento en el stock final de soja, pasando de 60,8 a 61,35 millones de toneladas.

El USDA estimó la cosecha de soja Argentina en 39 millones de toneladas, igual que en enero; mientras que redujo en 1,5 millón de toneladas la producción de Brasil. Pese a ello, desde esta columna pensamos que el cálculo es optimista, para nuestro país.

El mercado internacional comenzó a moverse algo. Después de cuatro días de suba consecutiva debido al roleo de posiciones, por parte de los fondos, y las compras para cubrir posiciones, en la rueda del viernes los futuros de soja mostraron un avance, de entre 3 y 4 dólares por tonelada. El lunes 14 también la tónica fue favorable.

Es que los productores norteamericanos no están dispuestos a vender así como así.

Y gracias a la reticencia de la oferta tanto de Sudamérica como de EE.UU. los precios no caen más.

Mientras tanto el mundo espera: ¿cuando despertará el gigante asiático?