Está claro: los precios de Chicago tienden a separarse de los de Argentina.
La baja ha sido fuerte, en los últimos dos meses; sin embargo más dura ha sido la caída en EE.UU. Y, por ello, se observa una brecha entre unos y otros.
El comportamiento de los precios locales, desde hace ya bastante tiempo, se está mostrando distinto a la evolución de los valores futuros de Chicago.
Esta distancia, que se está dando entre los precios de EE.UU. y Argentina, muestra la fuerte lucha que se registra entre los compradores locales, para hacerse de mercadería para proveer de materia prima a las fábricas aceiteras y para cumplir las exportaciones comprometidas, y los vendedores-productores agrícolas, que se resisten a vender a precios bajos.
La realidad es que las aceiteras habrían ingresado en una etapa de rentabilidad negativa. Hoy por hoy, ellas deberían afrontar un contra-margen para cumplir con sus compromisos.
Y obviamente una situación como ésta no puede durar mucho.
En este cuadro, lo que quedaría pendiente de fijación de precio es un tonelaje enorme: 8,5 millones de toneladas de soja, que representa aproximadamente el 25% de la cosecha actual.
Del total del año, falta vender aproximadamente 5 millones de toneladas, es decir un 15% de la cosecha, cuando a esta altura del año tan sólo el 9% es la media histórica.
Está visto que la super-oferta de EE.UU. empieza a reflejarse en los precios de Chicago. Y que si no ha caído más es porque los productores estadounidenses también están renuentes a vender, acumulándose en los silos grandes tonelajes. Sí, señores: en EE.UU. hay resistencia a vender y eso fija, por ahora, un piso en los precios.
En este contexto, donde los precios no han caído más por la resistencia de los productores a vender, bien vale preguntarse qué va a pasar cuando se inicie la nueva cosecha de soja.
Una cosa será si se da una magra cosecha pero... ¿qué puede suceder si las etapas evolutivas de soja, tanto en Brasil como en Argentina, transcurren sin mayores inconvenientes? Y así se dan los números de producción proyectados.
Sobre todo que difícilmente pueda darse una experiencia como la de este año cuando China salió a comprar con todo.
Los interrogantes son muchos. Y en general muestran que una vez pasado este tiempo de incertidumbre sobre la cosecha de Sudamérica, si allí las cosas salen más o menos bien, lo que se aprecia es un panorama bajista, de no cambiar las condiciones de la oferta.
Y hablemos claro, porque esa es la verdad. La gran esperanza para Argentina es que la cosecha de Brasil, el gran productor de América del Sur, sea menor a la esperada. Porque de esta forma la probabilidad de suba de precios sería muy elevada.
Por ello, a partir de enero, cuando empiece a definirse la cosecha de Sudamérica, la cosa puede ponerse peliaguda.
Por lo tanto cualquier pico, que se observe en estos días de diciembre y enero, debe ser aprovechado.
Al menos, eso indica el cuadro de situación actual.