ALGUNAS PRECISIONES

Generalmente cuando se confirma la presencia de la llamada corriente de “El Niño”, las expectativas de una mayor oferta sobre las zonas agrícolas del este de Sudamérica, se instalan como un efecto indiscutible. Si bien existe una correlación entre los fenómenos del Pacífico Ecuatorial y el comportamiento pluviométrico de esta región, las consecuencias están lejos de ser lineales.

El impacto que cada episodio tiene sobre la circulación atmosférica se relaciona con su fecha de inicio, intensidad y duración. Es por eso que debe entenderse con claridad que estos indicadores de escala global, bajo determinadas condiciones de desarrollo, proyectan un aumento de la probabilidad de que las lluvias estacionales alcancen montos más abundantes, pero de ninguna manera pueden considerarse mecanismos de causa y efecto (Niño = lluvias abundantes; Niña = lluvias pobres).

Muchas de las investigaciones de los últimos 30 años en Meteorología han estado abocadas al mejoramiento de los pronósticos estacionales. Uno de los principales desafíos era entender el acoplamiento –evidente- entre el mar y la atmósfera. Justamente durante este período, las observaciones (del mar y la atmósfera) a través de satélites meteorológicos, han permitido establecer el estado normal de la temperatura de la superficie del mar y a partir de ello detectar apartamientos (anomalías). Esto es, cada semana puede promediarse la temperatura superficial del mar (estimada a partir de observaciones satelitales) y compararla con la temperatura normal. De este modo se define la magnitud de los apartamientos. La aparición, persistencia e intensidad de estos apartamientos (fríos o cálidos), generan, a su vez, cambios en la circulación atmosférica, cuyos impactos no necesariamente se observan en la zona donde se registran las anomalías. Este comportamiento es estudiado por los meteorólogos a través de la llamada teoría de “Teleconexiones”. El ejemplo más común de la teoría de las Teleconexiones lo constituye los fenómenos del Pacifico Ecuatorial.

Las sospechas teóricas de los años ‘70, fueron confirmadas en los tempranos ‘90 y la teoría de teleconexiones, está hoy aplicada a modelos de circulación global que acoplan el comportamiento del mar y la atmósfera. De esta manera, es entonces posible ir monitoreando indicadores de escala planetaria, para luego utilizarlos como predictores del campo pluviométrico y térmico – a escala regional y estacional- de una determinada región del globo.

LA ACTUALIDAD

La zona del Pacífico central que tiene una probada teleconexión con la conducta de las lluvias en el sudeste de Sudamérica, es la llamada Niño 3-4. La misma puede observarse en el mapa.


Sobre esta zona,se ha observado la persistencia de un calentamiento desde julio último. Cuando se produce un acoplamiento de esta anomalía de temperatura oceánica con la circulación atmosférica circundante, ésta es detectada usualmente por un indicador llamado SOI, que mide la diferencia de presión entre Tahiti y Darwin. Bajo condiciones de El Niño, generalmente se produce una inversión de la circulación atmosférica dominante, lo cual permite un mayor transporte de humedad por las capas medias y altas de la atmósfera de humedad hacia la zona amazónica.

Cuando la corriente de El Niño se define con claridad, el SOI toma valores marcadamente negativos y es entonces apreciable el acoplamiento del mar y la atmósfera. Esto no se ha verificado hasta el momento, lo cual confirma la categorización de El Niño débil a la actual configuración de anomalías del Pacifico Ecuatorial central. Por otra parte, en la zona no se ha observado un aumento de la actividad convectiva (intensificación de los movimientos de ascenso), es decir no se están mostrando los efectos primarios que la atmósfera de la zona debería experimentar.

Bajo estas circunstancias las importantes expectativas puestas en una oferta extra de agua sobre la región pampeana parecen exageradas. Las proyecciones hasta marzo del año próximo de este episodio no perfilan un cambio marcado de la actual coyuntura, por lo cual el análisis de este predictor en principio no provee un argumento fuerte como para avalar aquellas expectativas. Durante el último mes las abundantes precipitaciones, ocurridas sobre la región Mesopotámica y el NEA, se asocian al funcionamiento esperado del clima regional y a su variabilidad natural.