China es una potencia militar que necesita además como imperativo de soberanía el autoabastecimiento alimentario. Por ello, desde hace años sostiene una política de autosuficiencia en productos básicos. Pese a ello, la cosa se le pone difícil por el aumento de la población y, más que nada, por el interrumpido proceso de mejora en la calidad de vida de su población, desde que fuera abriendo sus puertas al capitalismo.

China muestra un impresionante ritmo de crecimiento de su producto bruto que, aún en el hipotético caso de que se detuviera exigiría (aún así) una demanda de alimentos en crecimiento, puesto que las modificaciones alimentarias continuarían dado su nuevo nivel de desarrollo y de calidad de vida.

Este crecimiento en calidad y cantidad es el que está asegurando un problema crónico para China: la oferta se queda corta con respecto a la demanda de commodities, al punto de ser, actualmente, el principal importador de soja del mundo. Y esta es una realidad incontrastable.

El total de las importaciones de China, en el año 2003, alcanzaron un tercio del total mundial. ¿Qué tal?

Por el clima, por la menor área destinada a la siembra de granos frente a otros cultivos más rentables por la urbanización a consecuencia de su permanente industrialización, en los últimos años, la producción ha mostrado un desarrollo de menor escala que la demanda. Y este déficit se ha estado cubriendo con importantes volúmenes importados de EE.UU. y de América del Sur.

El gráfico que sigue es elocuente. Desde mediados de la década pasada, puede ver cómo la producción se ha mantenido por debajo de la línea de demanda interna. De esta forma la curva de consumo, al hacerse creciente, y la de producción, al registrar sólo suaves incrementos, ha ido permitiendo un proceso sostenido de aumento en sus importaciones. El año 1999, marcó un nivel de importaciones realmente importante, nivel que nunca más se contrajo, pues aunque se observaron altibajos, la realidad es que los niveles posteriores siempre fueron superiores.

A raíz de la modificación en el hábito de consumo por la incorporación de comidas más occidentales, la soja, como insumo elemental en la harina de soja de alta proteína para alimento animal y el aceite de soja para cocción, fue pasando a ser una commodity fundamental. Así China requiere tanto el grano como los subproductos. Y si bien mantiene una estrategia de incentivas la industrialización dentro de su país, la realidad es que requiere el producto del exterior.

Y cuando China liberaliza el comercio de la soja demandando mayores importaciones ante el inminente ingreso a la Organización Mundial de comercio el mercado se entona de forma aguda.

En el 2003/04, según el USDA, el consumo de soja de China alcanzó las 34,4 millones de toneladas. ¡Cuatro veces el consumo en 1980! Y las importaciones cubrieron la mitad de lo consumido en el país. Evidentemente, tiene una alta dependencia del exterior.

Lamentablemente, este año se dan nuevas condiciones, que modifican la historia de los últimos años, luego de alcanzar valores realmente notables. El problema viene cuando los importadores chinos de soja deciden incumplir los contratos previamente pactados a precios muy altos. Y así el mercado cae en un fuerte pesimismo.

Sin embargo, en un trabajo reciente realizado por del USDA Las importaciones de soja por parte de China tienen una expectativa de crecimiento pese a los quiebres de corto plazo, estima que las importaciones de soja del país asiático tendrán una clara tendencia de aumento, en los próximos años, como resultado de sus limitados recursos de tierra y agua, el crecimiento de su población y el aumento de la actividad económica junto las recientes modificaciones en las políticas agropecuarias.

La producción aumentó mucho en las últimas dos décadas, pero no al ritmo que lo hizo la demanda. La producción anual china aumento de alrededor de 9 millones de toneladas durante 1979-84 a poco más de 14 millones durante 1995-2000.

En el pasado alcanzó las 15,4 millones de toneladas. Se trata un 9% de la oferta mundial, pero está muy por debajo del 18% que demandó en el mismo periodo.

Está que está claro que el consumo de soja en China supera la producción doméstica a causa del incremento del consumo de aceite y harina de soja inducido por el crecimiento económico y poblacional chino, en especial en las áreas urbanas.

Lo que se puede inferir de este informe es que, si bien China es uno de los principales productores de soja del mundo, el consumo interno sigue aumentando y, en consecuencia, continuará requiriendo la importación de la oleaginosa desde EE.UU., Brasil y Argentina, pues las posibilidades de aumento en su oferta cada vez sufren mayores restricciones.

Es ciento que las nuevas políticas internas apuntan a una mayor producción pero se nota con toda claridad de que su capacidad de expansión es limitada y que la demanda sigue en continuo crecimiento. Y estamos hablando de un país-gigante. Una suerte de continente.

Vale preguntase, entonces, si éste es tan sólo un problema de coyuntura.

Podrá haber períodos duros, pero la verdad es que no se vislumbran hecatombes. Ni nada por el estilo. La soja debería seguir siendo un negocio atractivo, si desde el Estado no se mete la cuchara.