En Lousiana, un Estado de preponderante peso agrícola-comercial de EE.UU., detonó la bomba: apareció la temida roya.
A partir de ahora este país deja de pertenecer al club de los privilegiados y se iguala a Sudamérica. La detección de roya asiática de la soja en el estado de Louisiana -según lo confirmó el Servicio de Inspección de Animales y Plantas norteamericano (Aphis)- modifica el cuadro mundial y abre una serie de interrogantes en el comercio internacional de la soja.
La realidad es que el panorama, a partir de este hecho, tiende a ser más igualitario entre EE.UU, por un lado, el Mercosur, por otro. Ahora las cosas tienden a equipararse en los tres principales países productores de esta oleaginosa, EE.UU., Brasil y Argentina.
Señores: dejamos de ser el patito feo. Ahora estamos iguales.
Es curioso ver cómo los comportamientos humanos suelen tener un efecto bumerán. Para muestra valga una botón: no hasta hace mucho las asociaciones de productores de soja de EE.UU. se oponían a las importaciones de soja sudamericana, por los casos de roya detectados allí. Y ahora ellas deberán preocuparse de que algunos países importadores -como probablemente, China- decidan trabar la entrada de la oleaginosa estadounidense.
En vista de esta novedad, es factible que haya alguna disminución de rindes en lo que resta de la cosecha de EE.UU. Claro que la incidencia de este mal será menor en esta campaña pues se estima que ya está cosechado alrededor del 90% de la superficie implantada.
Pero, digamos lo claramente: para los futuros ciclos, este problema tendrá una incidencia considerable, no sólo por el daño que causa en los cultivos, sino por el desconocimiento que existe en los EE.UU. sobre este terrible hongo.
El productor norteamericano no posee ni la capacitación, ni la logística adecuada para controlar adecuadamente la enfermedad. Y para colmo de males, no está acostumbrado a aplicar fungicidas. Su conocimiento en materia de hongos es primitivo. No es algo usual en su manejo cotidiano.
Entonces, señores, dentro de este cuadro de escepticismo por los precios ciertamente más bajos, se presenta una oportunidad. No podemos darnos el lujo de dejarla pasar. Debemos ser líderes en el monitoreo y control de este mal. Desarrollar una estrategia global debe pasar a ser una cuestión de Estado.
La reacción tiene que ser inmediata. Todos los involucrados en el negocio
deberán tomar el asunto como prioritario.
Además, dados los mayores costos de implantación que los productores de EE.UU.
deberán soportar, a partir de ahora, permite sospechar que la próxima
superficie a sembrar pase a ser menor en EE.UU.
Y hay más: el problemas de los vientos. Para los productores estadounidenses, los fuertes vientos que se registran en la época de huracanes, capaces de diseminar las esporas a grandes distancias, se va a convertir en una fantasma.
El esquema futuro, en tal caso, será de sorpresas en EE.UU. y ellas ayudarán a sostener los precios, seguramente, más aún si consideramos que a ellas se agrega la gran posición vendida de los especuladores americanos, que puede llegar a darse vuelta, de un momento a otro, y así modificar positivamente la tendencia de los precios.
En Brasil, durante la campaña 2002/2003 la roya asiática provocó pérdidas por un monto próximo a los 4 millones de toneladas de soja. En la Argentina, en el ciclo 2003/2004, la enfermedad se halló en Misiones, Corrientes, Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Salta, Tucumán, Catamarca, Entre Ríos y Santa Fe. Pero como los ataques se dieron en forma tardía, los daños no fueron relevantes. Este año, la cosa va a ser, seguramente, distinta. Y hay que estar más que preparados.
En tanto en la Argentina, de acuerdo a los volúmenes que se observan en el recinto comercial y a los datos oficiales, es lógico estimar que aún existe mucha mercadería en manos de los productores. Se calcular que hay sin vender casi 7 millones de toneladas y alrededor de 3 millones de toneladas comercializadas pero aún sin precio.
La realidad es que la presente muestra un alto nivel de mercadería sin vender y pendiente de fijación de precios.
Por ello habrá que aprovechar los sobresaltos que se observen en EE.UU para "capturar" los picos del mercado y así ir vendiendo lo que resta.
Los exportadores aún continúan dando condiciones a fijar para la oleaginosa de la actual cosecha con fijación hasta antes del ingreso de la nueva cosecha.
Por fortuna las condiciones para la siembra son aceptables y aunque ella se está llevando a cabo, en general con temperaturas de suelo inferiores a la óptima para este cultivo.
Como vemos, éste es un ciclo de sorpresas. Y donde hay sorpresas, hay ganancias siempre y cuando uno esté despierto y tenga capacidad de reacción.