En el conjunto de estos países habría un aumento en la superficie a sembrar con soja, y si se dan mejores condiciones climáticas que en la campaña ya terminada, es posible que la producción de soja se recupere.

Sin embargo hay una Espada de Damocles: la aparición de la roya asiática. El punto es más que preocupante.

La roya de la soja fue detectada, por primera vez en nuestro país al finalizar la campaña 2001/02 en Misiones. En el 2003, se la encontró nuevamente en Corrientes. Y en la campaña que acaba de terminar la plaga ha sido oficializada en varias localidades de Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Por suerte, no hubo daños evidentes pues atacó a lotes en estado de madurez o a punto de ser cosechados.

Monitorear de cerca los lotes es el elemento básico para realizar una detección temprana con el fino de usar funguicidas. El momento de mayor susceptibilidad de la planta se advierte en el tiempo comprendido entre la floración y el comienzo de fructificación (etapa R3) hasta que alcanza el tamaño máximo de semilla (R6). Los funguicidas recomendados pertenecen a los grupos de los triazoles, las estrobilurinas y sus mezclas.

Es más que probable que en la nueva campaña se repita su aparición. Previendo la posible dispersión del patógeno en áreas nuevas, urge acentuar una red de monitoreo, con especial énfasis en de dichas zonas.

Está en nosotros, los productores argentinos hacer que esta amenaza se convierta en ventaja. Si logramos que haya un eficiente control, las expectativas se pondrían a nuestro favor en un mercado sur donde el temor es generalizado.

Un elemento más que positivo es el de las nuevas inversiones en la industria sojera, en la zona de Rosario. A las inversiones que anunciaron Cargill, Bunge, Vicentín, AGD, Noble y otras empresas, la semana pasada Louis Dreyfus agregó su apuesta.

Se estima que las nuevas plantas o las ampliaciones estarán en funcionamiento ya para mediados del 2005. Es decir que no falta nada. Los cálculos sobre la capacidad de procesamiento pueden asustar por su magnitud. Sin embargo no debería ser así.

Estas corporaciones multinacionales no invertirían si no vislumbraran un panorama de adecuada entrega de poroto de soja para industrializar.

Es obvio que ellas se han fijado, además de hacerlo en la producción doméstica de soja, en la de los países limítrofes, también con gran potencial.

Estas modernas y enormes industrias serán mucho más competitivas. En tal caso es probable que varias plantas más pequeñas queden afuera del sistema, por su imposibilidad de competir en costos.

Ello significaría una demanda más acentuada por soja. Y en tal caso, el productor argentino se vería beneficiado. Pues es el que está más cerca.