Las precipitaciones se dieron en forma de lluvia y nevada. Las mismas ya han tenido consecuencias nefastas, como el aumento en los niveles de ríos, arroyos y lagos, y sobre todo el deslizamiento de tierra debido al ablandamiento provocado por las lluvias continuas.
Los accidentes más graves de los cuales se ha dado cuenta en los diarios de hoy corresponden a la coincidencia de las intensas lluvias de días previos más la incidencia de vientos fuertes. Desde el sábado 26 de junio a la fecha se han sumado más de 260 milímetros de lluvia en Bariloche, ablandando el suelo, favoreciendo la ocurrencia de aludes de barro y piedra, además de la caída de árboles por efecto conjunto con el viento.
En el mes de junio se sumaron en la zona de Bariloche más de 380 milímetros lluvia (ver figura), mientras que el valor normal de junio no alcanza los 150 milímetros según la estadística 1950-2003. Además de haber recibido una cantidad de precipitación líquida que supera el doble del valor normal de junio, se han sumado ayer, primero de julio, otros casi 40 milímetros, y sigue lloviendo en la zona.
Los 380 milímetros de lluvia de junio de 2004 ocupan el segundo lugar en la estadística, ubicándose luego de los 400 milímetros que se sumaron a lo largo de junio de 1976. Sin embargo, en ese entonces la lluvia se distribuyó en 14 días del mes, mientras que en junio de 2004 se sumaron 23 días de lluvia (ver figura). Esto último aumenta la cantidad de lluvia que va penetrando en el terreno y disminuye la parte de la precipitación que escurre. Así, no sólo es importante monitorear cuánto llovió sino también cómo llovió, ya que la sumatoria de muchas lluvias débiles puede tener incluso un efecto más adverso que la ocurrencia de precipitaciones intensas.
Actualmente se prevé un mejoramiento de las condiciones del tiempo, aunque esta recomposición sería temporaria. Un nuevo sistema meteorológico se acerca al área afectada desde el Pacífico, con lo cual el alerta por tiempo severo se mantendría hasta el domingo.