NUEVA YORK.- El presidente Néstor Kirchner obtuvo durante la visita de cuatro días a los Estados Unidos lo que había venido a buscar a una gira de evidente carácter económico: logró que los empresarios de sectores industriales de los estados con grandes negocios en la Argentina ratificaran ante él y públicamente sus inversiones en nuestro país y se comprometieran a aumentarlas.

"Me sentí comprendido por los empresarios. La Argentina empieza a ser mirada con otros ojos", dijo ayer Kirchner a punto de subir al avión presidencial Tango 01 para emprender el regreso a Buenos Aires, adonde llegará hoy, a las 6.

En la comitiva aseguraron que Kirchner estaba "alegre" y que consideraba que este viaje había servido más que los anteriores para mejorar la imagen del país.

En su balance ante un grupo de medios entre los que estuvo LA NACION, calificó la visita como "absolutamente positiva".

También el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, dijo ayer que la visita fue "positiva; hay optimismo por lo que puede pasar en la Argentina".

La comitiva argentina creyó llevarse un triunfo porque entre los empresarios mencionados existían previamente enormes dudas sobre la capacidad del Gobierno para resolver la crisis, para respetar los contratos y la seguridad jurídica y por la forma y el tiempo en que la Argentina renegociará la deuda pública en default.

Estos temas eran los que Kirchner había venido a explicar, según dijo.

En el caso de la crisis energética, les anunció un vasto plan de obras de infraestructura y gasoductos, entre otras medidas que se darán a conocer el martes próximo. Ello, si bien no despeja las dudas, generó expectativas.

Resultado parcial

En cuanto a la deuda, Kirchner no logró conformar del todo a los sectores financieros que querían escuchar algún signo de mejora en la oferta de pago argentina y se encontraron con la firme postura presidencial de que se mantendrá el espíritu general de la propuesta de Dubai, que prevé una quita del 75% en los bonos en default.

Los máximos ejecutivos de Wall Street quedaron con muchas dudas tras su discurso en el Consejo de las Américas.

"Es natural que reclamen. Quien tiene deudas trata de pagar menos y el que cobra quiere cobrar todo", dijo Kirchner a LA NACION. "Pero la buena fe es cumplir con lo que se compromete", agregó, mientras tomaba un café en el lobby del hotel Península.

Según los empresarios industriales y de alta tecnología que se reunieron con el Presidente el martes último, éste emitió señales de previsibilidad y respeto a las reglas de juego para los negocios; dijo que privilegiará la disciplina fiscal y el crecimiento de la economía.

El Presidente dio por sentado que los empresarios entendieron su mensaje. "Tener reglas claras no significa tener las reglas que ellos quieren", dijo ayer Kirchner.

Además, les había ratificado en sendas reuniones que la oferta de pago a los acreedores externos se hará en junio próximo sobre la base de lo expuesto en Dubai, el año último.

"No es fácil prever cuántos bonistas aceptarán la oferta. No soy Mandrake. Aspiro a que sean los más posibles", dijo. De allí, el Gobierno hizo ayer su primer balance: mientras que se conformó a los empresarios industriales y de alta tecnología norteamericanos, no quedaron satisfechos los ejecutivos y banqueros de Wall Street, que querían escuchar detalles de una eventual mejora en la oferta de pago de la deuda pública.

Esperanza

Los principales bancos y fondos de inversión norteamericanos habían puesto alguna esperanza en la disertación que Kirchner hizo en el hotel Waldorf Astoria, de esta ciudad, donde se había celebrado un seminario sobre la Argentina. "No nos pareció suficiente", dijo la mayoría de ellos al terminar la presentación, más allá de que valoraron los logros argentinos en materia de expansión del PBI y de saneamiento general de la economía.

Se podía palpar en ese ámbito que existe una sensación ambivalente hacia Kirchner: por un lado se le respeta su determinación para defender sus posturas y su confiabilidad para cumplir lo que promete; por otro, nadie sabe cómo reaccionará ante la presión permanente de los acreedores ni cuánto está dispuesto a ceder.

De hecho, en el hotel Waldorf Astoria se escuchaban el miércoles último frases de una alta incertidumbre entre los más altos ejecutivos, del tono de "vamos a ver", "tenemos muchas dudas", o "todo está bien en la economía, pero queríamos escuchar algo más sobre cómo mejorará la oferta".

Para enrarecer aún más el clima, el Comité Global de Bonistas Argentinos, que dirige Nicola Stock, había emitido un documento crítico hacia la Argentina, en el que se lamentaba por los incumplimientos en la negociación que se había iniciado hace tres semanas con el equipo económico.

Por Mariano Obarrio
Enviado especial