Durante toda esta semana ha dominado sobre la mayor parte del país un sistema de alta presión en superficie. Dado que en su estructura vertical también se observan presiones del mismo signo, tienden a diluirse los signos de inestabilidad y predominan los cielos despejados con altos niveles de insolación. La persistencia durante 10 días de esta situación, facilita que la masa de aire que recircula dentro de la región, paulatinamente adquiera mayor temperatura.
No siempre se da que con alta presión en
superficie, la estabilidad atmosférica es tan elocuente. Es más, el estado del
tiempo generalmente se define por la dinámica de la atmósfera media. Es decir
aún con altas presiones en superficie la inestabilidad generada por
perturbaciones en niveles medios puede favorecer el desarrollo de
precipitaciones. Bajo estas circunstancias suelen aparecer las típicas
tormentas de verano, que no tienden a generalizarse sino más bien a cubrir una
escala zonal dejando precipitaciones muy dispares.
Este tipo de mecanismos no se ha hecho presente durante gran parte de marzo,
principalmente por la obstinada presencia anticiclónica extendida
verticalmente.
Una característica general muy importante de la dinámica atmosférica en latitudes medias es el flujo de aire del oeste. Este flujo de niveles medios que se mueve en forma de ondas va alternando ejes de alta y baja presión, los cuales a su vez inciden decididamente sobre el desarrollo de los sistemas precipitantes que se generan sobre la región pampeana. Cuando se da una determinada configuración de presiones ante la cual este flujo de aire es bloqueado u obligado a desviarse sobre la Patagonia la situación del tiempo imperante sobre la región pampeana tiende a ser persistente. Cuando se genera un “bloqueo” este puede derivar en un largo período seco o un largo período lluvioso. No vale la pena aclarar cual de las dos es la situación actual.
La falta de precipitaciones está marcando
duramente la finalización de la gruesa. Para las sojas tardías que aún
necesitan agua, el impacto en los rendimientos seguramente se hará notar, pero
con la vista puesta en los próximos meses es preocupante el fuerte desecamiento
del perfil de humedad y por lo tanto imprescindible que las lluvias de Abril y
Mayo rompan este patrón de sequía. De oto modo el comienzo de la fina se verá
comprometido.
Los indicadores que se manejan para un pronóstico más extendido, no muestran
buenas perspectivas para la primera semana de Abril, hablando siempre de lluvias
con milimetrajes importantes.
Además de la falta de agua los próximos días se caracterizarán por temperaturas máximas elevadas típicas de pleno verano y mínimas que no descienden lo suficiente como para generar noches confortables. Este panorama sólo se revertiría parcialmente a mediados de la semana próxima. La única contracara positiva es la poca probabilidad de heladas tempranas.