El mercado de tierras para agricultura será un fenómeno de alta temperatura; de demanda hiperactiva con una oferta restringida.
Entre abril y junio de este año, el nerviosismo de muchos operadores agrícolas será una característica bien clara, donde los propietarios tendrán la sartén por el mango.
La mejor situación financiera de los propietarios, que durante años fueran productores agrícolas y el entusiasmo de una plaza llena de novedades técnicas aseguran un mercado donde la tierra se hará valer.
Pero sin lugar a duda, lo que marcará la temperatura será el precio de los granos, más específicamente el valor de la soja, dado que sobre esta oleaginosa se establecen la mayor parte de los alquileres para agricultura.
Las menores precipitaciones de Sudamérica hoy muestran signos negativos sobre la producción. Aquellas estimaciones de producción realizadas por el USDA, el 10 de febrero pasado, están quedando afuera de la realidad.
Sus cálculos, para Brasil, sobre unas 61 millones de toneladas de soja, hoy quedaron demasiados optimista, pues ahora se habla de una producción cercana a las 57 millones de toneladas de soja. Son más o menos 4 millones de toneladas menos.
Respecto a la Argentina, también las estimaciones parecen ser demasiado generosas, pues de lo estimado en 37 millones ahora se calcula en 36 millones de toneladas.
En suma, el mercado agrícola está pensando en unas 4 o 5 millones de toneladas menos que las que preveía hace tan sólo unos quince días atrás.
En tal contexto, el precio de la soja en Argentina se muestra firme, en un rango que va desde los $66 y llega a los $74 por quintal. Y, mejor aún, en caso de que la cosecha en Brasil muestre alguna sorpresa, la cosa puede subir algo más.
Como recién en los meses de septiembre y octubre de este año, se definiría el volumen de la cosecha de EE.UU. y a partir de allí podrá observarse una recomposición de stocks ( o nó), pues bien, señores, recién a partir de esos meses, podría darse una baja de los precios ( o nó).
Siendo así las cosas, resulta lógico esperar un mercado de tierras para arrendar sumamente demandado. Un mercado caliente que se asentará, seguramente, en un precio de arrendamiento superior a los $680 la hectárea. Un valor así será el piso.