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En la Argentina estamos con precios de trigo, en términos internacionales, sumamente competitivos. ¿Por qué? Pues bien, hoy por hoy existe una gran oferta interna como resultado de la cosecha, pronta a terminar la que, como sabemos, está siendo mejor de lo esperado. Es por lo tanto un tiempo de precios deprimidos.

Por ello y como consecuencia del Arancel Externo Común del MERCOSUR nuestro trigo es más barato, para el gran comprado que es Brasil, que el cereal proveniente de EE.UU.

En realidad, la capacidad teórica de pago de las empresas importadoras de Brasil, a resultas de la excepción que tiene el trigo argentino sobre tal Arancel, es mayor a la que en este momento están abonando. En rigor la capacidad de pago podría llegar a un adicional, sobre los valores actuales, superior a 30 dólares por tonelada, al menos en lo que respecta al trigo duro. En lo que se refiere a trigo blando también hay un diferencial, pero algo menor.

Ello significa que si la oferta de EE.UU. no responde a lo que hoy se prevé, resulta probable que los valores de trigo mejoren sustancialmente.

A favor de tal expectativa, están los últimos datos de EE.UU. que muestran condiciones climáticas poco propicias para el desarrollo del cereal. A su vez, según el último informe del USDA, la siembra de trigo sería menor.

Es de destacar el efecto contagio que tienen los demás granos sobre el trigo. Los mercados están nerviosos por los anuncios de este organismo sobre menores cosechas de soja y maíz. La sequía de Europa activó la demanda externa, como consecuencia de las bajas en la producción agrícola y, al mismo tiempo, es probable que se observe una reducción en las exportaciones de maíz de China y un aumento de sus importaciones de soja.

A todo ello, debe sumarse el efecto que tendría sobre la demanda de soja a raíz del reemplazo de harinas de hueso por harinas vegetales en la alimentación de cerdos y aves en varios países, especialmente en EE.UU.

Como podemos ver, el panorama en materia de precios es bueno. Sobre todo para cuando pase el furor de la cosecha.

Si el Estado no mete la cuchara, las perspectivas son alentadoras y, en tal caso, no deberíamos escatimar esfuerzos para realizar un plan de ventas que se ajuste estrictamente a las necesidades.