La industria cafetalera protagoniza actualmente un hito en su historia reciente: la fabricación nacional de maquinaria para cubrir el proceso del rubro, conocida como torrefactora.
Históricamente, equipar una planta torrefactora exigía millonarias inversiones en maquinarias importadas, principalmente desde Europa y Brasil.
Las curvas de tueste precisas, los motores de alta resistencia y los ciclones extractores de humo eran sinónimo de tecnología extranjera inalcanzable para pequeños y medianos emprendimientos por su elevado costo, tomando en cuenta el transporte, seguros e impuestos por concepto de aduanas.
Hoy, la ecuación empieza a invertirse. Talleres metalmecánicos e ingenieros venezolanos han asumido el reto de diseñar tostadoras industriales adaptadas a las características específicas del grano nacional.
Esta sustitución de importaciones de maquinaria no solo reduce drásticamente los costos de instalación para las nuevas marcas que nacen en el país, sino que garantiza una respuesta inmediata en materia de repuestos, mantenimiento y soporte técnico.
En Miranda, se ubica la empresa Deonicio Roaster, una iniciativa familiar creada por los nietos del productor de café del mismo nombre, del sector Río Claro de Barquisimeto, estado Lara, en el año 2018.
El equipo reporteril de Últimas Noticias se trasladó hasta la parroquia Caucagüita, donde está ubicada la planta, enclavada entre montañas, para conocer de cerca el trabajo de estos emprendedores, quienes de entrada destacaron que este año han tenido un crecimiento de 30% a nivel nacional y preparan su primera exportación a Curazao.
“Nuestra empresa se dedica a la fabricación de máquinas para el tostado del café. Desde nuestros tostadores DR hasta nuestras Plantas de Producción (…) Buscamos elevar la profesionalización de la industria del café y la torrefacción en nuestro país, manteniendo los estándares internacionales”, es la presentación que hace Eleidys Sánchez, nativa del lugar y una de las propietarias de la ensambladora.
La empresa ofrece tostadores y equipos de plantas como silos de almacenamiento, elevadores de carga y transportadores aeromecánicos.
“Para el momento tenemos más de 18 equipos desarrollados que se integran en una planta de torrefacción; nosotros fabricamos los equipos para que puedan desarrollar los procesos de torrefacción”, agregó la entrevistada.
Asimismo, destacó que la ensambladora utiliza para la elaboración de las piezas exclusivamente hierro y acero inoxidable, dependiendo de cada sección de la torrefactora.
Talento y mano de obra local
Otro de los propietarios, Duis Cortez, nos detalla, en primer término, que la empresa, que comenzó hace poco más de ocho años, cuenta actualmente con 11 trabajadores, todos nativos y residentes de esta zona rural, que han sido adiestrados bajo un estricto y continuo proceso de formación.
El horario de trabajo es de 8 de la mañana a 6 de la tarde, de lunes a viernes, aunque algunas veces, dependiendo del volumen de pedidos, las labores abarcan algunas horas del sábado.
Seis fases de trabajo
Al ser consultado sobre las distintas etapas en la fabricación de una torrefactora, Cortez explicó que en Deonicio Roaster se cumple un total de seis etapas.
La primera fase se basa en el diseño y corte con instrumentos de precisión de cada una de las piezas de la máquina, dependiendo del tamaño y la capacidad de la misma.
Sobre esta etapa, el propietario acotó que una torrefactora puede llevar hasta más de mil piezas, cada una de ellas elaboradas con material producido totalmente en Venezuela.
La segunda fase es la limpieza meticulosa pieza por pieza, que se realiza con sustancias especiales para eliminar microfragmentos y residuos.
El tercer paso es el armado de estas piezas para la construcción completa de las torrefactoras.
Estas máquinas varían en su tamaño, de acuerdo con el pedido de los clientes. La más pequeña, también conocida como máquina de prueba o de laboratorio, puede procesar unos 250 gramos de café, mientras que las más grandes tienen capacidad de hasta 150 kilogramos.
La cuarta fase abarca el proceso de pintura, que se hace bajo el método electrostático para un mejor acabado, de acuerdo con el color o colores exigidos por el comprador.
En la quinta fase se realizan tres procesos: primero, se ejecuta el reensamblaje de la máquina; posteriormente, se le hace una prueba de funcionamiento para detectar posibles fallas, mientras que el último paso incluye la personalización del equipo, que incluye la colocación de chapas, dibujos y grabados solicitados por el cliente.
El sexto y último tramo corresponde al transporte de la torrefactora y la instalación en el sitio indicado por el nuevo dueño. Esta parte corre por cuenta de los fabricantes, quienes también ofrecen orientación y soporte técnico para el mantenimiento y el buen funcionamiento del equipamiento.
En cuanto a los silos de almacenamiento, Cortez acotó que los mismos son construidos exclusivamente en acero inoxidable.
Asimismo, señaló que esta maquinaria tiene la capacidad de elaborar los tres tipos de café que se consumen en el mercado: café de origen, utilizado principalmente para las empresas comerciales a gran escala; café premium, de mayor calidad, libre del grano extratostado que otorga el sabor amargo; y el café de especialidad y exótico, elaborado bajo patrones particulares.
Tanto Cortez como Sánchez destacaron que este emprendimiento y el trabajo con disciplina les han permitido hasta el momento consolidar alianzas comerciales con unas 50 marcas especializadas de café en varios estados del país.
Producción con formación
Otro de los aspectos resaltantes en este “boom” que ha contagiado a muchos emprendedores y microempresarios es el cultivo y proceso del café destinado, no a competir con las grandes y tradicionales marcas, orientadas históricamente al café comercial, sino a brindar un producto más exclusivo, que pueda ser ofertado tanto a los consumidores más exigentes como a panaderías y restaurantes conocidos como “gourmet”.
Un ejemplo de este modelo alternativo lo representa Jabalí Coffee Club, que, si bien de entrada se percibe como un nombre “rimbombante”, es una referencia más de esas microempresas que surgen en el seno de una familia de caficultores, cuyas técnicas y conocimientos van pasando de generación en generación.
Este establecimiento tiene su sede actual en la urbanización La Trinidad, municipio Baruta del estado Miranda, en un espacio cedido gracias a la alianza con la Asociación Venezolana de Padres y Amigos de Niños Excepcionales (Avepane), que combina con dos sembradíos, uno en el Camino de los Españoles de la parroquia La Pastora, en Caracas, y otro en el estado Mérida.
José Gregorio Duque, uno de los líderes del proyecto, relató que su abuelo, en los ya lejanos años sesenta, le inculcó la cultura de la siembra, cosecha y proceso del grano, luego de comprar una finca en el estado Táchira, que aún se mantiene activa, en una parcela de aproximadamente seis hectáreas, y que comenzó a dar sus frutos a partir de los primeros años de la década de los 70.
Agregó que hace unos tres años hizo un curso de tostado de café y a partir de ahí se entusiasmó en incursionar en el negocio y logró establecer el local en el espacio de Avepane, el que no solo sirve de depósito de los sacos de granos que adquieren tanto de sus fincas como de algunos productores aliados, sino donde además funcionan torrefactoras de varios tamaños y un local de consumo de café de especialidad para amigos, vecinos y entusiastas, que ha servido como un sitio de encuentro para las tertulias y la socialización.
Junto a Duque, Enrique Egaña y Johan Astros se han unido en una cruzada para cultivar y procesar el café, sino además para brindar asesoría y orientación a otros emprendedores, no solo en lo que respecta a la siembra, cosecha y tostado del grano, sino especialmente en el área de la comercialización y distribución del producto.
“Es muy importante que el productor domine todas las fases del negocio, porque puede ser muy exitoso en cuanto a la siembra y la cosecha, pero quizás no tenga la formación para manejar una torrefactora y sacarle el máximo provecho; sino además está la parte de la negociación, para que pueda ser competitivo en el mercado de ventas”, acotó José Gregorio Duque.
Al referirse específicamente al proceso de formación que han venido desarrollando, precisó que hace tres años se formó una finca-escuela, ubicada en el sector Puerta Caracas, La Pastora.
“Esa finca tiene unas 15 mil plantas sembradas con varios tipos de granos; ha sido una finca-escuela para todo el grupo, porque no solo somos nosotros, es un conjunto de productores y colaboradores en la finca que no conocían la materia de café, entonces teníamos que educarlos”, manifestó.
Al ser consultado sobre los resultados de este proceso, precisó que ya el año pasado “sacamos unos 12 quintales de café, tomando en cuenta que es una plantación joven, y este año, el tercer año de esta plantación, debería estar fácilmente por el doble o el triple de esa producción”.
Agregó que poseen unas unidades de producción que pertenecen a productores aliados; nosotros les damos información, les impartimos cursos, les llevamos herramientas y vamos haciendo innovación en cuanto a la tecnología y las herramientas de trabajo y ellos, toda la producción que van sacando, ya la tienen comprometida con nosotros”.
Opciones para todos
Johan Astros, otro de los líderes de Jabalí Coffee Club, acotó que su proyecto va más allá de lo expuesto por Duque, porque incluso está abierto para productores no aliados al grupo.
“Tú puedes venir aquí y maquilar; tú tienes un café y puedes venir aquí a tostarlo; tú quieres desarrollar una marca y nosotros te la desarrollamos y puedes utilizar nuestras licencias de sanidad, es decir, ayudamos a los emprendedores a desarrollar sus proyectos”, destacó.
Finalmente, Astros agregó que lo interesante de este proyecto es que se logra una empatía con estos pequeños productores y se les hace entender que lo más importante no es desarrollar un proyecto de ventas masivas, porque es muy difícil competir con las grandes empresas, sino procesar un café de especialidad de alta calidad que, por el mismo hecho de su elevada calidad, garantiza una clientela pequeña, pero cautiva y segura.
Se han registrado más de 3 mil marcas
En Venezuela se han registrado más de 3.000 marcas de café (entre café comercial y de especialidad/gourmet) desde 2020, de acuerdo con los registros oficiales y datos del Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual y del sector agroindustrial.
El cultivo de café está presente en 21 estados del país, con actividad en 136 municipios y más de 58.000 productores activos. En regiones como Portuguesa y Lara, la entrega de activos y torrefactoras a las bases organizadas busca cerrar el ciclo productivo perfecto: cosechar la tierra, procesar el grano con tecnología nacional y empaquetar el producto para el consumo interno y la exportación.
La presidenta Delcy Rodríguez indicó que la producción de café ha aumentado en casi 10%, mientras que la exportación en 2025 subió en casi 186%, yendo “prácticamente hacia EEUU. Nuestro café tiene mercado en el mundo y este proceso de industrialización participa también del incremento de la producción, participa de la exportación”, destacó.