El presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker; el presidente de la Federación Gremial Nacional de Productores de Fruta (Fedefruta), Víctor Catán; el presidente de Frutas de Chile, Iván Marambio; y el especialista en gestión e inversiones Ricardo Ariztía participaron en el panel “Liderando la fruticultura del mañana”, en Fruttrade 2026.
Las autoridades coincidieron en que el futuro de la actividad dependerá de una combinación de factores: producir fruta de mayor calidad, incorporar tecnología, abrir nuevos mercados y generar condiciones de competitividad que permitan sostener la inversión.
Para Antonio Walker, uno de los grandes desafíos se encuentra en la incorporación de nueva genética, para mejorar la productividad de los huertos. El dirigente planteó que las nuevas variedades deberán responder a consumidores que exigen cada vez más sabor, crocancia, condición y una buena experiencia de consumo, pero también a productores que necesitan mayores rendimientos.
Walker planteó que Chile debe avanzar hacia una fruta más homogénea en calidad y condición. A su juicio, contar con estándares de exportación por especie y variedad permitiría fortalecer la reputación de la fruta chilena en los mercados internacionales.
Desafíos estructurales
Para el líder de Fedefruta, la transformación de la fruticultura también requiere resolver condiciones estructurales que hoy limitan al productor. Entre ellas mencionó la seguridad, la infraestructura hídrica y la certeza sanitaria.
Catán fue directo al decir que el país necesita que las nuevas generaciones se acerquen al mundo rural y así poder generar condiciones para que los jóvenes permanezcan en el campo.
Dijo fuerte y claro: “los productores necesitamos paz y tranquilidad para trabajar”.
Por su parte, Ricardo Ariztía planteó la necesidad de avanzar hacia un acuerdo transversal que establezca una mirada hacia 2050 y que considere como pilares la seguridad, el agua, el patrimonio sanitario, la apertura de mercados y el capital humano.
Añadió, “tenemos un tremendo motor”.
A su juicio el desafío, no es únicamente responsabilidad del Estado. Los propios productores y empresas también deberán asumir una mayor participación en soluciones como el financiamiento de infraestructura de riego, el fortalecimiento de los servicios sanitarios y la incorporación de nuevas tecnologías.
Diversificación de mercados
Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile, puso el foco en la necesidad de diversificar los destinos de la fruta chilena, indicó que con proyección al 2040 se podría reducir la participación en los principales mercados de destino e incrementar participación en nuevos países como India, el sudeste asiático y África.
“La oportunidad es significativa: actualmente esos mercados reciben una proporción todavía reducida de la fruta chilena, por lo que existe un amplio espacio de crecimiento” dijo Marambio.
En ese sentido, mencionó que el sector requiere productos más homogéneos en calidad y condición.
Expuso que Chile debe fortalecer la imagen país. “Todavía no hemos conseguido que el consumidor internacional asocie de manera directa nuestras frutas con atributos como calidad, sostenibilidad y confiabilidad”.
En este punto, citó los casos de Nueva Zelanda y Perú como ejemplos de países que han invertido fuertemente en construir una marca país vinculada a sus productos agroalimentarios.
¿Qué pasó con la competitividad de la fruta chilena?
Los representantes del sector coincidieron en que los costos de producir en Chile se han incrementado y que la industria enfrenta una competencia cada vez más fuerte.
Walker advirtió que la fruticultura chilena necesita recuperar competitividad mediante una combinación de políticas públicas, financiamiento y condiciones adecuadas para la inversión.
Indicó que el encarecimiento de la mano de obra, la energía y los insumos, sumado a mayores exigencias regulatorias, representa un desafío adicional para productores que operan con márgenes cada vez más estrechos.
En ese escenario, el acceso al financiamiento aparece como un factor crítico para la reconversión varietal y tecnológica de los huertos.
Calidad un desafío transversal
Un concepto que compartieron los ejecutivos de la industria fue la calidad.
En ese sentido, Marambio explicó que la industria de la cereza ha avanzado en la definición de parámetros mínimos de calidad y que se trabaja en un sistema de certificación voluntario, con un reglamento aplicable a quienes decidan adherir.
Añadió que el objetivo es avanzar hacia una herramienta que permita elevar los estándares de la industria y proteger la reputación de la fruta chilena.
Walker coincidió en que es urgente contar con normas de calidad y condición para las distintas especies y variedades.
Por su parte, Catán subrayó que los propios productores deben asumir la responsabilidad de regular cargas y tomar decisiones productivas que privilegien la calidad por sobre la búsqueda exclusiva de volumen.
Los panelistas finalizaron diciendo que la tarea para el sector es dejar de avanzar por separado, por lo que hicieron un llamado a construir una hoja de ruta común para la industria frutícola chilena.