La producción argentina de soja enfrenta un desafío que ya no pasa necesariamente por sumar hectáreas. Con una superficie relativamente estable y una producción que en los últimos años se mantuvo alrededor de 47 millones de toneladas, el próximo salto productivo dependerá cada vez más de cuánto rendimiento pueda capturarse dentro de cada lote.
En ese escenario, NEOGEN plantea que la nueva frontera productiva está dentro del lote. Y para alcanzarla propone integrar cuatro pilares: ambiente, genética, manejo y tecnología.
El objetivo no es solamente buscar nuevos máximos de rendimiento, sino también elevar los pisos productivos y reducir la variabilidad que existe entre ambientes y dentro de un mismo campo.

Una brecha de rendimiento que todavía ofrece mucho margen
Uno de los datos más fuertes del análisis técnico de Jerónimo Costanzi, gerente desarrollo de Autógamas GDM LAS, es la estimación de una brecha productiva del 34% a nivel nacional.
La brecha surge de comparar los rendimientos que efectivamente alcanzan los productores con aquellos que podrían lograrse bajo mejores combinaciones de ambiente y manejo.
En otras palabras, existe un volumen importante de producción que no necesariamente requiere incorporar nuevas hectáreas, sino mejorar la forma en que se trabaja sobre las actuales.
Y allí aparece una cuestión central: no todos los lotes tienen el mismo potencial.

El ambiente explica casi la mitad de la variabilidad
Según el análisis presentado por la compañía, el denominado efecto sitio representa aproximadamente el 46% de la variabilidad de los rendimientos.
La campaña explica cerca del 26%, mientras que la genética y las prácticas agronómicas representan otro 26%.
Dentro del ambiente se encuentran variables como:
- Agua útil
- Presencia y profundidad de la napa
- Compactación
- Cultivo antecesor
- Fertilidad física y química del suelo
Por su parte, las condiciones de cada campaña están vinculadas principalmente con precipitaciones, temperaturas y radiación.
Y en el manejo entran decisiones como variedad y grupo de madurez, fecha y densidad de siembra, distancia entre hileras, fertilización y protección del cultivo.
La conclusión es clara: la combinación de todas esas variables termina determinando cuánto del potencial productivo de cada ambiente llega efectivamente a transformarse en kilos de soja.

La napa puede ser una aliada para estabilizar los rindes
Entre las variables ambientales, la napa freática ocupa un lugar destacado.
Cuando se encuentra a una profundidad adecuada, puede funcionar como una fuente complementaria de agua para el cultivo y ayudar a amortiguar períodos de menores precipitaciones.
Según Costanzi, ese aporte permite reducir la dependencia exclusiva de las lluvias que ocurren durante las etapas críticas del cultivo y puede contribuir a estabilizar los rendimientos.
La recuperación de numerosos ambientes con influencia de napa es, además, uno de los factores que marcan el escenario inicial de la próxima campaña de soja. A esto se suma una buena reserva hídrica en los perfiles y un pronóstico asociado a condiciones “Niño”, con mayor probabilidad de precipitaciones por encima de la media durante los meses estivales.

Compactación: hasta 500 kilos por hectárea en juego
No todo el potencial perdido tiene que ver con el clima.
La compactación del suelo aparece como otra limitante relevante para la productividad de la soja.
El análisis del gerente desarrollo de Autógamas GDM LAS señala que, con niveles de compactación superiores a 1,9 kPa, la pérdida de rendimiento puede ubicarse en torno a 200 kg/ha en años con buena disponibilidad hídrica y llegar hasta 500 kg/ha en campañas con restricciones de agua.
El dato pone nuevamente el foco sobre el ambiente: una misma genética y una misma estrategia de manejo pueden tener resultados muy diferentes dependiendo de las condiciones físicas del suelo.

Fósforo: una oportunidad concreta para cerrar la brecha
La nutrición aparece como otro de los puntos donde todavía existe margen para mejorar.
Costanzi destaca especialmente el caso del fósforo, cuya disponibilidad condiciona la probabilidad de respuesta a la fertilización.
Cuando los niveles de fósforo disponible son bajos —particularmente por debajo de 20 ppm— aumenta marcadamente la probabilidad de obtener una respuesta positiva.
En esos ambientes, el análisis identifica oportunidades de mejora del rendimiento del orden del 5% al 10%.
La recomendación, por lo tanto, no pasa simplemente por aplicar más fertilizante, sino por medir, diagnosticar y ajustar la nutrición de acuerdo con la condición y el potencial de cada ambiente.

Del manejo uniforme al manejo sitio-específico
La información sobre la variabilidad dentro de un mismo lote abre la puerta a una agricultura cada vez más sitio-específica.
El proceso propuesto por NEOGEN comienza con detectar la variabilidad, delimitar zonas de manejo y entender qué factores explican las diferencias productivas.
A partir de allí se pueden ajustar tres variables centrales: densidad, genética y nutrición. El objetivo final es capturar no solamente más rendimiento, sino también mejorar el margen bruto.
Un dato particularmente relevante aparece en los lotes donde la variabilidad supera los 600 kg/ha: allí se encontraron respuestas al manejo variable de la densidad de 65 kg/ha, mientras que el ajuste de la combinación genética mostró respuestas de 116 kg/ha.
La lógica cambia así de una estrategia de “una receta para todo el campo” hacia una estrategia donde cada ambiente recibe el manejo que necesita.

Malezas: otra barrera para capturar el potencial
A las limitantes ambientales se suma un problema agronómico conocido pero todavía determinante: las malezas.
Costanzi señala que la problemática está generalizada en los sistemas de producción de soja y que afecta directamente la productividad, además de comprometer la eficiencia de las estrategias de manejo.
En este punto, el control de malezas vuelve a formar parte de una estrategia integral: ambiente, genética, manejo y tecnología no funcionan como variables aisladas.
La genética que busca acompañar cada ambiente
Con este diagnóstico como punto de partida, NEOGEN presenta para la nueva campaña un portafolio de variedades de soja orientado a diferentes ambientes, grupos de madurez y tecnologías.
La propuesta busca que la elección genética acompañe las características particulares de cada región y lote.
NEO 35S23 SE
Entre las alternativas destacadas aparece NEO 35S23 SE, reconocida por su potencial de rendimiento y sus atributos agronómicos.
Su posicionamiento está orientado principalmente hacia el centro-sur de Buenos Aires y ambientes de muy alta productividad de la región núcleo.
Uno de sus diferenciales es que permite anticipar la fecha de cosecha sin resignar potencial productivo.
NEO 46S25 SE y NEO 47S25 SE
Dentro del Grupo de Madurez IV medio, NEOGEN destaca a NEO 46S25 SE y NEO 47S25 SE.
Ambas variedades combinan alto potencial de rendimiento, estabilidad y adaptación a la región núcleo sojera.
Además, incorporan las tecnologías Enlist y STS, que aportan mayor flexibilidad para el manejo del cultivo.
NEO 50S22 SE
Otra alternativa es NEO 50S22 SE, que combina potencial y estabilidad.
Su adaptación está especialmente orientada hacia ambientes de la región centro del país y sectores de productividad media a baja dentro de la región núcleo.
NEO 64S25 SCE y NEO 70S25 CE
Para la región centro-norte del país, la empresa presenta NEO 64S25 SCE y NEO 70S25 CE.
Ambas variedades se ubican dentro de la tecnología Conkesta y se destacan por su potencial productivo, estabilidad y adaptación a diferentes ambientes.
El desafío: producir más sin sumar hectáreas
La soja argentina tiene por delante una paradoja productiva: la superficie no cambia demasiado, pero el potencial para producir más todavía existe.
Con una brecha nacional estimada en 34%, el desafío pasa cada vez más por conocer qué ocurre dentro de cada lote y ajustar las decisiones a esa realidad.
La mirada de NEOGEN apunta justamente hacia allí: identificar la variabilidad, entender el ambiente y combinar genética, densidad, nutrición y tecnología para capturar una mayor proporción del potencial disponible.
En una campaña que parte con buena humedad en los perfiles, recuperación de ambientes con influencia de napa y expectativas climáticas asociadas a un escenario Niño, la oportunidad puede ser importante.
Pero el salto productivo no estará únicamente en sembrar más soja. La nueva frontera, según la compañía, está en algo mucho más concreto: hacer que cada hectárea produzca de acuerdo con todo el potencial que realmente tiene.
El dato que resume la propuesta
34%: es la brecha productiva de soja estimada a nivel nacional por el análisis presentado por NEOGEN.
46%: es la proporción de la variabilidad de los rendimientos atribuida al efecto sitio.
500 kg/ha: puede alcanzar la pérdida asociada a la compactación en campañas con restricciones hídricas y niveles superiores a 1,9 kPa.
5-10%: es la oportunidad de mejora de rendimiento identificada en ambientes con fósforo disponible por debajo de 20 ppm.
600 kg/ha: es el nivel de variabilidad intralote a partir del cual se encontraron respuestas al manejo variable de densidad y genética.
Gráficos e información: Jerónimo Costanzi - gerente desarrollo de Autógamas GDM LAS