La amigable relación entre el petróleo y la soja auguran precios firmes por Manuel Alvarado Ledesma

La semana comenzó relativamente bien pese a la toma de ganancias, luego de haber completado el viernes pasado tres jornadas en alza. 

Efectivamente, el precio de la soja cerró la jornada con imperceptibles oscilaciones en Chicago y, lo más importante, logró sostener su valor sin ceder terreno. 

Está claro que el principal soporte de los precios sigue estando en las expectativas de los operadores respecto a un mayor volumen de compras chinas de soja estadounidense.

Pero además de ello, el prolongado conflicto bélico en Oriente Medio asegura precios firmes para el petróleo en el mediano plazo. Y también en el largo. 

Esto no solo se debe al cuadro crítico actual, sino también a las proyecciones marcadamente negativas que los operadores e importadores mantienen para el futuro de la región.

La situación geopolítica es gravísima. Las acciones militares directas entre Estados Unidos e Irán, sumadas al incendio de un superpetrolero en el

Estrecho de Ormuz, llevan a pensar en un bloqueo físico de las rutas comerciales más críticas de Oriente Medio. 

A este panorama se agrega la posibilidad de nuevas sanciones internacionales a la producción iraní, lo que limitaría de golpe la oferta global proyectada.

¿El mundo habría ingresado en una suerte de preguerra mundial?  Si la respuesta fuese afirmativa, en tal escenario el petróleo se vuelve un factor gravitante. 

Como afirma Martín Varsavsky, una guerra mundial no requiere necesariamente una declaración formal simultánea. Al igual que ocurrió en 1939, el conflicto actual se alimenta de la interconexión de las cadenas de suministro militar, las sanciones mutuas y la escalada de frentes tanto en Europa como en Oriente Medio.

En este contexto, la relación entre la soja y el petróleo constituye uno de los vínculos más estrechos dentro del mercado de commodities. 

El aceite de soja representa cerca del 40% del valor del poroto completo y es el insumo principal para fabricar biodiésel en América y Europa. 

Los gráficos que siguen a continuación muestran con claridad la estrecha correlación histórica que se verifica entre el precio del petróleo y el de la soja.

La similitud durante agosto es evidente.

Esta suerte de paralelismo se repite en otros períodos.

Así las cosas, hay que considerar que tal similitud continúe en el tiempo.

En tal caso, países como el nuestro, con capacidad excedentaria de alimentos y energía, pasarán a ser actores críticos para el suministro de un mundo fragmentado. 

Por lo tanto, las regiones pacíficas y alejadas de las ofensivas militares deberían captar inversiones de gran volumen.

El problema principal será el costo de insumos clave como la urea y el gasoil. Sin embargo, este impacto deberá amortiguarse con el incremento de la producción local, gracias a la llegada de nuevas inversiones.

Si bien la suba del petróleo y el encarecimiento de los insumos amenazan los márgenes inmediatos del sector productivo, la reconfiguración geopolítica abre iuna ancha puerta de oportunidad histórica. 

Aquellos territorios capaces de garantizar paz, energía y alimentos dejarán de ser meros observadores periféricos para consolidarse como pilares indispensables del nuevo orden mundial.

En tal caso, la soja y los demás granos estarán en el podio de los ganadores. De hecho, el cuadro se vislumbra ya. Veremos…