El panorama se ha vuelto complejo en diferentes puntos del país como consecuencia de las persistentes lluvias de las últimas semanas, que provocaron crecientes, inundaciones, campos anegados y dificultades para el normal desarrollo de distintas actividades productivas. La situación es particularmente delicada en zonas del este y norte, donde los acumulados de precipitaciones se ubican muy por encima de los registros habituales
En algunas áreas del este del país se llevan acumulados de entre 250 y 300 milímetros solamente en lo que va de la semana y, de acuerdo con el informe meteorológico de José María Rodríguez, para este jueves 20 de agosto todavía podrían registrarse entre 50 y 100 milímetros adicionales.
Los registros oficiales de Inumet confirman la magnitud de las precipitaciones. Entre las 7:00 del 15 de agosto y las 7:00 del 19, la máxima nacional se registró en Laguna Merín, Cerro Largo, con 317 milímetros acumulados. Le siguieron Plácido Rosas, también en Cerro Largo, con 273 mm; Bañado Medina, con 252 mm; Fraile Muerto, con 238 mm; Tres Boliches, con 234 mm; Isla Patrulla, en Treinta y Tres, con 231 mm; Río Branco, con 230 mm; Arbolito, con 229,4 mm; Melo, con 228 mm; y Bañado de Paja, con 224 mm. De los diez mayores registros relevados en ese período, nueve correspondieron a localidades de Cerro Largo, reflejando la particular intensidad con la que las lluvias golpearon al este del país.
La dimensión del fenómeno queda todavía más clara al ampliar el período de análisis. En zonas de departamentos como Treinta y Tres, Cerro Largo, Rocha y Tacuarembó, durante los últimos 35 días los registros acumulados se ubican entre 500 y 600 milímetros.
A las abundantes precipitaciones se sumará en los próximos días un marcado descenso de las temperaturas. Para el fin de semana está previsto el ingreso de una masa de aire frío que permanecerá sobre el territorio hasta el lunes. Se esperan heladas durante sábado, domingo y lunes, con registros que en algunos puntos podrían ubicarse incluso por debajo de cero.
Represas recuperan reservas
Dentro de un escenario marcado fundamentalmente por las consecuencias negativas del exceso hídrico, el sector arrocero encuentra una contracara favorable: la recuperación de las reservas de agua de las represas.
Daniel Gonnet, gerente agropecuario de Casarone, explicó que las lluvias permitieron una recuperación importante de las represas del este que cuentan con cuencas menores. Muchas se encontraban en niveles cercanos al 60% de su capacidad y, luego de las últimas precipitaciones, alcanzaron niveles próximos al 90%.
Más allá de las consecuencias negativas que están generando las inundaciones y el exceso de agua, la recuperación de las reservas representa una buena noticia para el sector arrocero de cara a sus necesidades productivas.
“Ha caído mucho volumen de agua en suelos planos con drenajes lentos, lo cual ha generado zonas inundadas y creo que es un adelanto de lo que puede suceder en las próximas semanas con este año Niño”, indicó Gonnet.
La situación obliga, por tanto, a seguir con atención la evolución de las condiciones meteorológicas, particularmente en aquellas regiones donde los suelos ya se encuentran saturados y tienen escasa capacidad para absorber nuevas precipitaciones.
Tacuarembó: lluvias ya repercuten en la producción
Uno de los departamentos donde las precipitaciones han sido especialmente persistentes es Tacuarembó. Tal como habían anticipado diferentes especialistas, en las últimas horas volvieron a registrarse importantes volúmenes de agua, profundizando una situación que ya comienza a generar dificultades para diferentes actividades.
“Acá en nuestra zona no ha parado de llover, las lluvias son frecuentes y con volúmenes considerables, lo que ya está empezando a repercutir a nivel productivo en distintos rubros”, señaló Fausto Formoso, presidente de la Asociación Rural de Tacuarembó (ART).
En diálogo con Valor Agregado Norte, de radio Tabaré de Salto, Formoso puso especial énfasis en el impacto que la situación está teniendo sobre la caminería rural y las dificultades que comienzan a enfrentar las empresas para mantener su operativa habitual.
“Hay muchas empresas que están muy preocupadas, porque hay un sistema que está hecho para proteger a los caminos rurales, lo cual no está mal, pero me parece que esta situación nos obliga a pensar en cómo queremos la infraestructura de caminería en los próximos 20 o 30 años”, sostuvo.
El dirigente rural consideró que la recurrencia de eventos de este tipo obliga a plantear una discusión de más largo plazo sobre la infraestructura necesaria para sostener la actividad productiva.
“Un país pequeño como el nuestro no se puede permitir parar o frenar su actividad de forma parcial o total por lluvias, donde además, por lo que anuncian los pronósticos, esto es algo que va a persistir unos meses”, afirmó Formoso.
Restricciones, ganado sin trasladar y ferias postergadas
En Tacuarembó existe una normativa destinada a preservar la caminería rural que establece restricciones al tránsito cuando las precipitaciones superan determinados niveles. Si en menos de 24 horas los acumulados son superiores a 30 milímetros, se impide durante un determinado período la circulación por los caminos alcanzados por la medida.
Formoso explicó que el sistema fue diseñado teniendo como referencia el régimen histórico de precipitaciones del país, pero que la frecuencia actual de las lluvias está generando dificultades adicionales.
“Esto es algo que está pensado para el régimen normal de Uruguay, que es de 1.200 milímetros al año, y ahí funciona de forma bastante aceptable. El tema es que ahora, cuando está terminando el plazo y se podría volver a transitar, vuelve a llover; entonces se empieza a aplazar el traslado de ganado y de otras materias primas”, explicó.
La consecuencia ya se observa directamente en la operativa agropecuaria. Los productores encuentran dificultades para sacar ganado de los establecimientos, trasladar insumos y materias primas o cumplir con movimientos previamente programados.
El problema también alcanzó a la actividad comercial ganadera. Tacuarembó mantiene una importante presencia de ferias en distintos puntos del departamento y varias debieron ser postergadas ante la imposibilidad de trasladar las haciendas hasta los locales de venta.
Preocupación por pérdida de kilos y atraso en las faenas
Más allá de los problemas de caminería y traslado, el exceso de agua comienza a generar preocupación por sus efectos directos sobre los ganados. El Dr. Marcelo Secco, del grupo MBRF, señaló que uno de los principales focos de atención está en el estado de los animales, que podrían perder kilos como consecuencia de la combinación de lluvias persistentes y bajas temperaturas.
A esto se agrega la situación de las pasturas y las dificultades para utilizarlas, un escenario que podría retrasar el proceso de engorde de los animales destinados a faena. La falta de piso limita el ingreso de los ganados a las praderas y, por tanto, reduce temporalmente la disponibilidad efectiva de alimento en sistemas que dependen de esas áreas mejoradas.
El escenario también puede tener consecuencias sobre el mercado de haciendas. Consultado sobre una eventual presión alcista en los valores, Secco sostuvo que podría haber subas “si hay que faenar sí o sí”. Sin embargo, respecto a la posibilidad de que los ganados provenientes de corrales logren una mejora de precios ante una menor oferta desde el campo, marcó el límite que enfrenta la industria: “Si le ponés más, ya no vale la pena faenar”.
De todas formas, operadores consultados en distintos puntos del país señalaron que existe una demanda puntual de algunas plantas, con sobreprecios para negocios que permitan concretar cargas rápidas. En particular, las industrias que realizan faena kosher tienen contratos que deben cerrar antes de fin de mes, lo que genera una necesidad adicional de ganado en un momento en que las lluvias dificultan la concreción de las cargas.
Buen desarrollo de pasturas, pero sin posibilidades de ingreso
La situación de las pasturas presenta una paradoja. Las abundantes precipitaciones de las últimas semanas favorecieron su desarrollo vegetativo, pero la falta de piso impide en muchos casos aprovechar esa disponibilidad de forraje.
El Ing. Martín Córdoba Grasso, integrante de Calsal, explicó que las lluvias determinaron un buen crecimiento de las pasturas, aunque actualmente existe una imposibilidad física de ingresar a numerosas chacras debido al exceso de agua.
“El problema ahora es poder utilizarlos, porque poner un animal a pastorear en estas situaciones es para romper todo. Todo lo que se hizo lo rompés en un rato con los animales adentro de la chacra”, señaló Córdoba.
De esta manera, el problema no está necesariamente en la falta de pasto, sino en la imposibilidad de utilizarlo en el momento adecuado. El ingreso de animales sobre suelos saturados puede provocar daños importantes en las praderas y comprometer parte del trabajo realizado, por lo que muchos productores se ven obligados a postergar el pastoreo.
El exceso hídrico comienza así a generar efectos en cadena sobre la actividad ganadera: dificulta los movimientos por los caminos rurales, condiciona el acceso a las pasturas, puede provocar pérdidas de peso y retrasar la terminación de los animales, al tiempo que genera incertidumbre sobre la oferta de ganado disponible para la industria en las próximas semanas.
Así, mientras las lluvias permiten recomponer reservas de agua estratégicas para actividades como el arroz, el volumen acumulado y, sobre todo, la persistencia de las precipitaciones comienzan a mostrar la otra cara del fenómeno: campos inundados, caminos restringidos y una actividad agropecuaria que encuentra crecientes dificultades para mantener su funcionamiento habitual.