La textura del suelo, clave en la toma de decisiones

Un equipo de investigación del INTA, en colaboración con el Instituto de Investigación Animal del Chaco Semiárido (IIACS‑INTA), realizó un estudio en el Chaco Seco del noroeste argentino para evaluar cómo distintos usos del suelo influyen en el almacenamiento de carbono orgánico, un componente fundamental para la productividad y la estabilidad de los sistemas agropecuarios. El trabajo comparó sistemas extensivos de agricultura, pasturas implantadas y bosques nativos con ganadería, incorporando un aspecto clave en la toma de decisiones: la textura de la tierra.

Al respecto, Jorge Chalco Vera —investigador del INTA— explicó que la capacidad de un suelo para almacenar carbono está sujeta, en gran medida, a sus características físicas. “En particular, esta capacidad está relacionada con la proporción de arena, limo y arcilla presentes en el suelo y no solamente en el uso específico que se haga del lote”.

En ese sentido, los suelos de textura fina y media demostraron una mayor capacidad para conservar carbono orgánico que los suelos más arenosos, los cuales resultan más frágiles frente a procesos de degradación. “Este hallazgo refuerza la importancia de conocer el ambiente productivo de cada establecimiento y de ajustar el manejo a las condiciones del suelo”, indicó Chalco Vera.

Por otro lado, el estudio señaló que las pasturas implantadas pueden presentar un elevado potencial para mantener o incrementar los niveles de carbono del suelo. Sin embargo, Chalco Vera advirtió que esto es viable “siempre que se apliquen manejos adecuados, como el control de la carga animal, la rotación del pastoreo y el mantenimiento de una buena cobertura vegetal”.

En relación con el uso del bosque con ganadería, el especialista afirmó que “sin un manejo planificado, la presión ganadera puede reducir los aportes de materia orgánica al suelo y favorecer procesos de degradación, especialmente en suelos de textura gruesa”.

Compactación y precisión metodológica

Otro aspecto analizado en la investigación fue el efecto del manejo sobre la compactación de la tierra. Los sistemas agrícolas y algunas pasturas mostraron mayores niveles de compactación, lo que no solo afecta el crecimiento radicular y la infiltración del agua, sino que también puede llevar a sobreestimar el carbono almacenado si no se utilizan metodologías adecuadas de evaluación.

Chalco Vera indicó que la utilización de una metodología de corrección por masa de suelo equivalente fue lo que les permitió lograr una comparación mucho más precisa entre los diferentes sistemas productivos evaluados.

Como conclusión, el investigador destacó que “la producción agropecuaria de largo plazo en el Chaco Seco depende menos del tipo de uso del suelo y más de cómo se maneja cada ambiente”. Por lo tanto, remarcó que la adopción de prácticas conservacionistas, adaptadas a la textura del suelo y acompañadas por un monitoreo periódico, es lo que permitirá mejorar el funcionamiento del recurso, reducir riesgos de degradación y fortalecer la estabilidad de los sistemas productivos de la región.