La natalidad está cayendo en todos los países de ingresos medios y altos. Es un fenómeno de enormes consecuencias que acepta varias explicaciones. La reacción de muchos países de Europa, Japón, Corea y China es incentivar a las familias a tener hijos a través de una batería de beneficios pronatalidad. Brindan subsidios monetarios especiales por nacimiento, subsidios para cuidado de primera infancia, amplias licencias parentales y hasta subsidios para tratamientos de fecundidad. Por ahora, el fracaso es persistente.

En la Argentina también se registra una abrupta caída en la natalidad. Entre los años 2003 y 2015 el flujo promedio de nacimientos anuales era de 737 mil niños. Luego, la reducción es sostenida llegando en el 2024, último dato disponible, a apenas 413 mil nacimientos. Si bien no es una política pronatalidad, la AUH tiene un monto que es el doble de las otras asignaciones familiares, se le suma la tarjeta alimentaria por niño y también un subsidio adicional para madres con niños de hasta 3 años. Sin embargo, la cantidad de beneficios de AUH que paga la ANSES cae sostenidamente año a año. Esto muestra que la disminución de la maternidad es transversal a todos los niveles socioeconómicos.
Un efecto positivo derivado de la caída de la natalidad es que aumentó la predisposición de las mujeres a incorporarse al mercado laboral. Tomando el segmento de mujeres con entre 20 y 29 años de edad, entre el 2015 y el 2025, se incorporaron al mercado laboral 220 mil mujeres. Según la EPH del INDEC la inserción laboral de estas mujeres fue la siguiente:
140 mil mujeres se ocuparon como asalariadas privadas no registradas.
130 mil mujeres se ocuparon como cuentapropistas.
Las mujeres empleadas como asalariadas formales disminuyeron en 50 mil.
Estos datos muestran que la inserción de las mujeres jóvenes que entraron al mercado laboral fue en empleos de baja calidad en la mayoría de los casos. De esta forma, la buena noticia de que más mujeres se incorporan al mercado de trabajo se diluye porque enfrentan una demanda de empleos por parte de las empresas muy debilitada. Es muy sugerente que toda la incorporación de mujeres jóvenes a la fuerza laboral sea en la informalidad mientras que la cantidad de mujeres jóvenes trabajando como asalariadas formales se redujo.
La reducción en la natalidad produce el efecto denominado “bono demográfico”. Esto es una ventana de oportunidad donde transitoriamente aumenta la proporción de personas en edades activas (20 – 60) respecto a la cantidad de personas en edades inactivas (niños y ancianos). Con más gente en edad productiva se dan las condiciones para mejorar el nivel de bienestar. También es el momento de acumular riqueza para financiar la siguiente etapa que es el envejecimiento poblacional ya que el “bono” es de duración acotada. Pero si no se generan las condiciones para que la mayor oferta de mano de obra se inserte en empleos de calidad, el “bono demográfico” se desperdicia. La mejora en el bienestar presente será reducida y se generará un pasivo para cuando la población envejezca.
Por esto, es tan urgente como esencial consolidar el ordenamiento macroeconómico y mejorar el entorno institucional. Forma parte de este desafío acelerar la instrumentación de la reforma laboral, especialmente la descentralización de los convenios colectivos y completar temas pendientes. Dos puntos claves son reducir la litigiosidad en accidentes y enfermedades profesionales y establecer un mínimo no imponible para las contribuciones patronales. Esto es imprescindible para motorizar un proceso masivo de formalización en las micropymes, que es donde se concentra la informalidad. También es decisivo mejorar sustancialmente la calidad educativa en el nivel básico.
La caída en la natalidad es un fenómeno que plantea desafíos, pero también genera oportunidades. Dentro de ellas está el hecho de que más mujeres entran al mercado laboral. Oportunidad que lamentablemente se está desaprovechando. La manera de revertir esta tendencia adversa es con una masiva generación de empleos de calidad. El conservadurismo político de mantener las actuales malas condiciones del mercado laboral está hipotecando irreversiblemente el futuro a medida que la sociedad argentina envejece.
Fuente: IDESA