Brasil acelera su revolución maicera: el etanol impulsa una producción que podría superar a la soja

Brasil se encamina hacia un cambio estructural en su agricultura. Con una cosecha de maíz que ronda las 140 millones de toneladas y una industria de etanol en plena expansión, el cereal gana protagonismo año tras año y ya hay regiones donde iguala o incluso supera a la soja en volumen de producción.

Así lo afirmó Paulo Bertolini, presidente de la Asociación Brasileña de Productores de Maíz (Abramilho) y de Maizall, durante una entrevista con el analista Luis Vieira, de Food Geopolitics Report. Según el dirigente, el crecimiento de la demanda para la producción de etanol está modificando las decisiones productivas y podría llevar a que Brasil produzca más maíz que soja en los próximos años.

“En Mato Grosso y Paraná, los dos principales estados productores de granos de Brasil, el maíz ya alcanzó a la soja en términos de volumen producido”, explicó Bertolini. Mientras que en Mato Grosso el fenómeno está impulsado principalmente por la industria del etanol, en Paraná el crecimiento responde a la demanda de la cadena de proteínas animales, las exportaciones y nuevos proyectos industriales que ya están en marcha.

Actualmente, Paraná cuenta con dos plantas de etanol de maíz en construcción y existen proyectos para sumar más inversiones en los próximos años. A esto se agregan estados emergentes como Piauí y Tocantins, donde el maíz y el sorgo aparecen como materias primas estratégicas para abastecer futuras destilerías.

El etanol cambia las reglas del juego

Para Bertolini, el crecimiento de la producción no se dará necesariamente a costa de la soja, sino mediante una expansión de la segunda cosecha de maíz —la tradicional “safrinha”— en regiones donde todavía existe margen para aumentar la superficie sembrada.

“El etanol genera una demanda permanente y estable. Además produce DDG, un subproducto rico en proteínas que tiene un enorme potencial comercial”, señaló.

Brasil cuenta actualmente con 32 plantas de etanol de maíz y la mayor parte del DDGS generado se consume dentro del país. Sin embargo, la reciente habilitación de China para importar estos productos abre una nueva oportunidad para la industria brasileña.

El sorgo gana terreno y apunta a China

Otro de los cultivos que aparece con fuerte potencial es el sorgo. Según datos oficiales brasileños, la producción alcanzaría esta campaña unas 5 millones de toneladas y podría seguir creciendo rápidamente.

Bertolini destacó que el sorgo presenta una ventaja diferencial frente al maíz: gran parte de su producción no es genéticamente modificada, una característica que podría facilitar el acceso a mercados con regulaciones más estrictas, especialmente en Europa.

Además, China ya habilitó la importación de sorgo brasileño y existe una fuerte expectativa exportadora.

“Más de 100 empresas brasileñas se inscribieron para exportar sorgo a China. Hasta ahora sólo tres fueron aprobadas, pero el interés es enorme”, explicó.

El dirigente considera que Brasil tiene condiciones para convertirse en uno de los principales proveedores mundiales del cereal y, eventualmente, disputar el liderazgo que hoy mantiene Estados Unidos.

Infraestructura, el principal desafío

A pesar del optimismo productivo, Bertolini advirtió que el crecimiento del maíz enfrenta un obstáculo clave: la logística.

“Brasil tiene un déficit de almacenamiento de 135 millones de toneladas”, afirmó. Según sus estimaciones, el país necesita incorporar al menos 10 millones de toneladas de capacidad estática por año y reducir el déficit actual en unas 70 millones de toneladas para acompañar el crecimiento productivo.

El problema es especialmente sensible para el maíz, un cultivo cuyo costo logístico representa una porción significativa del valor final.

“El maíz no perdona los problemas de infraestructura. Se necesitan silos, rutas, ferrocarriles y puertos eficientes”, sostuvo.

Una potencia exportadora cada vez más competitiva

Bertolini también respondió a las críticas que suelen surgir desde Europa y algunos sectores de Estados Unidos respecto de cuestiones ambientales y laborales vinculadas a la producción brasileña.

Recordó que Brasil, junto con Argentina y Estados Unidos, concentra aproximadamente la mitad de la producción mundial de maíz y cerca del 75% de las exportaciones globales.

“Europa tiene una postura muy restrictiva respecto a la biotecnología, pero la realidad es que sus opciones de abastecimiento son limitadas”, señaló.

Al mismo tiempo, defendió el modelo productivo brasileño al remarcar que los productores conservan alrededor del 33% del territorio nacional bajo diferentes esquemas de preservación ambiental y que apenas el 8% de la superficie del país se utiliza para la producción de granos.

El maíz, cada vez más cerca de la soja

La combinación de nuevas plantas de etanol, expansión de la safrinha, mejoras tecnológicas y crecimiento de mercados para productos derivados está cambiando el mapa agrícola brasileño.

Para Bertolini, el potencial todavía es enorme. Mientras el rendimiento promedio nacional se ubica cerca de los 6.000 kilos por hectárea, existe margen para seguir elevando la productividad.

“Tenemos un escenario muy optimista. El maíz se produce en prácticamente todo Brasil, en establecimientos de todos los tamaños y durante tres ventanas productivas diferentes. Eso le da una capacidad de crecimiento que pocos cultivos tienen”, concluyó.

Con una demanda interna cada vez más robusta y nuevas oportunidades en los mercados internacionales, Brasil avanza hacia una transformación que podría redefinir el equilibrio entre los dos grandes gigantes de su agricultura: el maíz y la soja.