El acuerdo Mercosur-UE debería moderar los riesgos comerciales y ayudar a desmitificar los fantasmas europeos sobre la producción americana

En un mundo donde el proteccionismo suma músculo, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) aparece como una herramienta clave y estratégica para mitigar las dificultades en el comercio entre ambos bloques. Mientras tanto, las complejidades diplomáticas, técnicas y comunicacionales que enfrenta la cadena del maíz ante las crecientes exigencias regulatorias, especialmente del bloque europeo, colocan al grano producido en esta parte del mundo en inferioridad de condiciones. Este fue el eje del panel "Mitigando riesgos en la demanda internacional", en el Congreso Maizar 2026.

El subsecretario de Mercados Agroalimentarios, Agustín Tejeda Rodríguez, inició el debate contextualizando el escenario internacional como un entorno marcado por el proteccionismo creciente, distorsiones en las cadenas de suministro y nuevas regulaciones impulsadas por demandas de los consumidores y conflictos armados. En este escenario, sostuvo que la política de inserción internacional de la Argentina debe centrarse en mitigar los riesgos de la demanda, y los acuerdos comerciales son la herramienta más potente para lograrlo.

Tejeda destacó que el histórico acuerdo del Mercosur con la Unión Europea es el principal instrumento para adaptarse a las nuevas regulaciones y garantizar que estas no se conviertan en trabas encubiertas al comercio internacional.

Entre las herramientas específicas del acuerdo, mencionó el capítulo referido al comercio y desarrollo sostenible, que incluye salvaguardas contra efectos distorsivos, reconociendo los datos de origen y los esquemas de certificación de deforestación del país exportador. Además, el mecanismo de incentivos positivos, una propuesta innovadora –según sostuvo el funcionario- donde, en lugar de solo castigar en frontera, la UE podría otorgar preferencias adicionales a productos que demuestren sistemas de producción más sostenibles.

El acuerdo incluye además el mecanismo de rebalanceo, un instrumento clave impulsado por la Argentina que permite solicitar compensaciones. Si, por ejemplo, una nueva normativa europea limita o daña las preferencias comerciales que el Mercosur obtuvo originalmente, los países afectados pueden utilizar este mecanismo para buscar una solución que restablezca el equilibrio económico del tratado.

Tejeda Rodríguez señaló que, si una normativa, por ejemplo sobre biocidios o deforestación, llegara a dañar el acceso preferencial que la Argentina y el Mercosur consiguieron para el biodiésel de soja, se activaría el mecanismo de rebalanceo para negociar una compensación que mitigue ese perjuicio.

Por último, el diálogo técnico, a través de subcomités para medidas sanitarias, fitosanitarias y biotecnología, es una instancia para buscar entendimientos comunes.

El subsecretario también advirtió que no sólo existen riesgos en la demanda, sino también en la oferta. Para mitigarlos, la Argentina debe trabajar internamente para cumplir con los estándares internacionales y evitar rechazos de embarques por plagas cuarentenarias, eventos no aprobados o residuos de agroquímicos, ya que un problema individual afecta la reputación de todo el origen.

Al respecto, Zerboni señaló que existe una contradicción en la postura europea, ya que la UE importa grandes volúmenes de harina de soja para alimentación animal, pero impone restricciones al biodiésel de soja, lo que se interpreta como una medida para proteger la producción local de aceite de colza.

Manuel Ron, presidente de Maizall —la alianza que nuclea a las cadenas de maíz de la Argentina, Brasil y Estados Unidos—, subrayó la relevancia sistémica de este bloque. Juntos, estos tres países representan el 50% de la producción mundial de maíz y más del 75% de las exportaciones globales.

Ron explicó que la misión de Maizall es dialogar directamente con los actores de la cadena en los países importadores para evitar que se impongan barreras basadas en regulaciones insostenibles. Citó el ejemplo de sus recientes misiones a Italia y España, países que importan dos tercios de lo que consumen y son destinos críticos para el maíz sudamericano.

El objetivo es narrativas burocráticas con la realidad del productor, defendiendo el uso de la confrontar las biotecnología y las técnicas de producción modernas que permiten una mayor eficiencia y sostenibilidad.

Además, Ron destacó el potencial de crecimiento local, señalando que mientras la Argentina produce volúmenes récord, solo industrializa cerca del 30% de su maíz, lo que representa una oportunidad para generar empleo calificado y desarrollo interno.

Como brazo integrante de la alianza mundial del maíz, Paulo Bertolini, presidente de Abramilho —la asociación que nuclea a los productores brasileños de maíz— ofreció una visión crítica y firme sobre la postura europea.

Denunció una "gran hipocresía" en la Unión Europea con respecto a la preservación ambiental, y señaló que las decisiones suelen estar en manos de burócratas que no entienden la realidad del campo. El dirigente brasileño defendió con datos el modelo brasileño, al asegurar que Brasil mantiene dos tercios de su territorio con vegetación nativa intacta. De esa superficie preservada, agregó, un tercio está dentro de propiedades privadas, mantenida por los agricultores sin recibir compensación económica por servicios ambientales.

Bertolini aseguró que el Código Forestal Brasileño es extremadamente estricto, obliga a preservar entre el 20% y el 80% de la tierra según el bioma, y tipifica los delitos ambientales como inafianzables.

Además, rechazó de plano la "política espejo" que intenta imponer la UE, argumentando que los europeos no preservan en la misma proporción ni siguen sus propios estándares de sostenibilidad. Criticó que la visión europea de sostenibilidad sea "religiosa" y no científica, y puso como ejemplo que en la UE se considera sostenible arar la tierra (lo que causa erosión y mayor uso de diésel), mientras que se cuestiona la siembra directa y los transgénicos que utilizan los países del Mercosur. "No podemos permitir que un proceso regulatorio no se base en la ciencia y no respete la autonomía de cada país", sentenció.

Bertolini admitió que existe una "convicción no científica" respecto de los transgénicos, que mantiene el temor de que estos dañen la salud, a pesar de décadas de uso seguro en América. Esto lleva, según su visión, a que los burócratas dicten qué se debe hacer sin sustento técnico, desplazando el criterio de la ciencia y de los productores.

El productor brasileño dijo, no sin enojo, que existe una narrativa internacional sobre la Amazonia que no refleja la verdad de la agricultura brasileña, y calificó de "hipócrita" la postura europea sobre la preservación ambiental.

El periodista francés Marc André aportó una mirada incisiva sobre el frente político en Europa, centrándose en Francia. Según el comunicador, el debate público en ese país es de una "pobreza extrema" y se basa en una imagen "hiperreductora" del campo sudamericano, asociada únicamente a incendios en el Amazonas y el uso excesivo de antibióticos.

Explicó que el acuerdo Mercosur-UE se utiliza como una herramienta de política interna por parte de los gremios agrícolas franceses y políticos para ganar votos, presentándose como defensores del "pequeño agricultor orgánico" frente a una supuesta amenaza externa, a pesar de que el acuerdo en realidad ofrece protecciones y beneficios.

André mencionó un hecho alarmante: hace un mes y medio, 600 legisladores franceses firmaron una declaración conjunta en el diario Le Monde contra el acuerdo, utilizando argumentos ambientales que ignoran por completo las leyes vigentes en Sudamérica, como el Código Forestal Brasileño o los programas de certificación argentinos. Lo más preocupante, según el consultor, es que este documento no recibió una respuesta contundente desde el Mercosur, lo que representa una oportunidad perdida para dar batalla en el debate público y no sólo en las mesas técnicas.

Tejeda Rodríguez dijo que, durante una reciente visita realizada a Bruselas, notó una actitud más constructiva en los funcionarios europeos, con relación a encuentros anteriores. Sostuvo que la aplicación provisional del acuerdo será clave para derribar mitos y "fantasmas" una vez que se demuestre en la práctica que los miedos franceses son infundados, lo que facilitará su posterior aprobación definitiva en los parlamentos.

Sin embargo, la mitigación de riesgos comerciales, entre los que se encuentra el maíz, exige una estrategia multidimensional que combine la defensa de los acuerdos comerciales, el cumplimiento estricto de normativas técnicas internas y la unidad regional a través de alianzas como Maizall.