Ese fue el disparador de un panel del Congreso Maizar 2026 que contó con la visión de dos importantes protagonistas del mundo lácteo: Ercole Felippa, presidente de Manfrey y del Centro de la Industria Lechera, y Alejandro López Moriena, director de Sustentabilidad de Adecoagro, que fue moderado por Ramiro Castiñeira, director de Econométrica.
El escenario que describió Castiñeira se convirtió en el telón de fondo para iniciar el debate. Para el economista, la Argentina atraviesa un cambio de modelo histórico a partir del fin de la brecha cambiaria, la baja de retenciones y el equilibrio fiscal, que configuran un punto de inflexión después de décadas de "asfixia" al sector agroindustrial. "En 2023, quien exportaba un dólar obtenía, por brecha y por retenciones, apenas 25 centavos", recordó.
Hoy, con superávit fiscal y externo, y varios sectores en niveles récord de producción, el interrogante que Castiñeira dejó planteado fue precisamente el que estructuró el debate: si esta estabilidad alcanza para desbloquear inversiones de largo plazo.
El salto de los '90
Ercole Felippa recordó que, en los '90, la Argentina producía entre 4.800 y 5.000 millones de litros de leche por año, y debía importar para cubrir baches en la demanda interna. "Cinco años después de estabilizada la macro con la Convertibilidad, esa cifra había trepado a 10.000 millones; el país no sólo dejó de importar, sino que se convirtió en exportador permanente", reseñó, y se preguntó si el sector hoy puede repetir ese salto.
El presidente de Manfrey señaló que hoy las condiciones externas parecen alineadas. En los próximos 10 a 15 años, la demanda global de lácteos crecerá por encima de la producción mundial. El volumen en juego —entre 20.000 y 30.000 millones de litros adicionales— equivale, aproximadamente, a toda la producción anual de Brasil. Los grandes proveedores tradicionales (Estados Unidos, la Unión Europea y Oceanía) enfrentan restricciones ambientales, normativas y de costos que limitan su expansión. "Es mucho más caro producir leche en la Unión Europea que en Sudamérica", señaló Felippa y resaltó que, en ese escenario, la Argentina y el sur de Brasil emergen como candidatos naturales para capturar esa demanda creciente.
"Tenemos una oportunidad que no debemos desperdiciar; debemos hacer los deberes y trabajar en una agenda de competitividad sobre las cosas que podemos cambiar y que dependen de nosotros", dijo Felippa.
El diagnóstico fue compartido por Alejandro López Moriena, quien lo ancló en números concretos. "La producción local lleva años estancada entre 10.000 y 11.000 millones de litros, pero la Argentina podría producir el doble tranquilamente: están los recursos, la eficiencia y el talento", afirmó.
El director de Sustentabilidad de Adecoagro, compañía que cotiza en la Bolsa de Nueva York y lleva dos décadas integrando su cadena de valor, desde la siembra de maíz en la Pampa Húmeda hasta la góndola con su marca láctea Las Tres Niñas, ve en el actual contexto macroeconómico la señal que faltaba para acelerar inversiones que permanecían en espera. "La macro ayuda un montón, porque permite programar inversiones que antes estaban en pausa", resumió.
Eficiencia productiva
El modelo productivo que Adecoagro importó desde Estados Unidos —tambos de alta tecnología, intensivos en capital, centrados en el confort animal— ilustra el tipo de apuesta que el sector necesita, dijo López Moriena. Hoy la compañía tiene 14.500 vacas en ordeñe, distribuidas en cuatro establecimientos. Cada tambo representa una inversión de 25 millones de dólares. Invertir en bienestar animal no es un lujo sino una condición de eficiencia. "Muchos nos decían que ese modelo no servía para la Argentina, pero el resultado habla por sí solo", recordó el ejecutivo.
La lógica de integración vertical de la compañía va más lejos aún. Adecoagro, que ahora es accionista de Profertil, anunció una inversión en producción de urea —insumo clave para el cultivo de maíz—, en un país que importa entre 400 y 500 millones de dólares anuales de ese fertilizante. "Con la abundancia de gas en Vaca Muerta y una macro que dejó de ser un obstáculo, la ecuación finalmente cierra: se alinearon los planetas para esta inversión", dijo López Moriena.
El referente de Adecoagro destacó que el potencial "es transformar maíz producido de forma eficiente en leche producida eficientemente". Explicó que el 60 o 70% del costo del producto final "ocurre en el campo, y esa eficiencia ya la tenemos, Argentina puede competir abiertamente con quien sea."
Invertir en valor agregado
Los empresarios señalaron que la oportunidad exportadora, sin embargo, no pasa tanto por los quesos o la leche en polvo convencional. En los últimos 15 años, la leche en polvo pasó de representar el 75% de las exportaciones lácteas argentinas a poco más del 40%. El resto lo ocupan suero, fórmulas infantiles y proteínas con mayor valor agregado. El mundo de los tambos atravesó sucesivas reconversiones tecnológicas. "No hay que pensar solo en inversiones que absorban volumen, sino en las que den valor agregado", planteó Felippa.
El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea fue valorado por los panelistas como una señal positiva, aunque con expectativas calibradas. "En el décimo año del tratado, los bloques podrán intercambiar 30.000 toneladas de queso y 10.000 de leche en polvo. Para Europa, eso representa el 0,3% de su consumo; para el Mercosur, menos del 1%. No vamos a inundar Europa de queso", advirtió Felippa.
El valor real del acuerdo, coincidieron ambos, es la presión que genera para modernizar la sanidad del rodeo —erradicar brucelosis y tuberculosis sigue siendo una deuda pendiente— y abrir la puerta a ingredientes, fórmulas y microcomponentes para la industria farmacéutica y láctea, donde los márgenes son sustancialmente mayores.
En el mercado interno, la Argentina registra el mayor consumo de lácteos de Sudamérica, después de Uruguay, con valores que en algunos años rozaron los 220 litros equivalentes por habitante, y hoy se ubican entre 185 y 190 litros. Las proyecciones indican que la producción crecerá a un ritmo del 2% anual en la próxima década, mientras que el consumo interno lo hará al 0,5%. Eso significa que la proporción exportable pasará del 25-28% actual al 36% en diez años. Para que ese crecimiento no derive en crisis de precios o cierre de tambos, la competitividad tiene que aumentar al mismo ritmo que los volúmenes.
Lo urgente: reducir la carga impositiva
El principal obstáculo interno que identifican los referentes del sector no es productivo sino fiscal. Felippa lo graficó con dureza: el 40% del precio de un producto lácteo en góndola corresponde a impuestos, distribuidos entre el Estado nacional y las provincias y municipios. "El principal gravamen es Ingresos Brutos, cuya dinámica genera saldos a favor acumulados que las empresas no pueden compensar", señaló. Y recordaron que, cuando se eliminaron las retenciones al sector, también se quitaron los reintegros a la exportación. "Al exportar, estamos exportando impuestos", se quejaron.
Tanto Felippa como López Moriena subrayaron la necesidad de avanzar con una reforma tributaria integral que incluya la coparticipación y simplifique el sistema, que es tan urgente como la estabilidad cambiaria.
"El potencial existe, el contexto externo acompaña y la macro doméstica dejó de ser el principal impedimento", resumió Felippa. Para lo que viene, dejó una imagen que los presentes tomaron como cierre del panel: "No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí adaptar las velas para llegar a puerto", cerró.