Tres experiencias en la Patagonia muestran que el maíz puede correr la frontera hacia el Sur y sostener la ganadería

La Patagonia resulta una alternativa estratégica para la expansión del cultivo de maíz en la Argentina, cuyas posibilidades de crecimiento en las regiones tradicionales son limitadas y con alto costo ambiental, planteó Luis Bertoia, coordinador de la Mesa de Forrajes de Maizar y moderador del panel "Producción de carne con maíz patagónico", en el Congreso Maizar 2026. "Prácticamente la única región que nos queda es la Patagonia", afirmó, incluyendo parte de Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.

En ese marco, Bertoia indicó que  "el potencial de producción es prácticamente ilimitado" en la región, y detalló que, con un buen manejo del riego, el rendimiento de una hectárea puede alcanzar niveles muy superiores a los del resto del país. Y mencionó a Santa Cruz como "la nueva joya" productiva, con posibilidades concretas del desarrollo bajo riego.

Para el especialista, el crecimiento del maíz en la región dependerá de la articulación entre el sector público y el privado, y permitirá impulsar la producción de carne con destino a la exportación.

Nicolás García, de Agropecuaria Don Manuel, presentó su experiencia productiva en el Alto Valle del Río Negro, extendiéndose también a zonas de Neuquén vinculadas a los ríos Limay y Neuquén, donde hay un desarrollo incipiente. Explicó que el desarrollo productivo requiere un proceso gradual: "Partimos prácticamente de cero", dijo. Se trata de que el agua entre al suelo, y desarrollar la biología y la fertilidad química. En esa transición, la ganadería cumple un rol clave, al permitir mejorar los suelos a lo largo de varios años de pasturas; luego, la superficie queda apta para cultivos más exigentes como el maíz, que no resulta viable en etapas iniciales. "Todo lo que producimos entra en nuestra cadena ganadera, y lo que vendemos es carne", explicó.

García subrayó el triple impacto productivo, ambiental y social del desarrollo en la región. A través del uso de tecnología, manejo por ambientes y sistemas intensivos, el modelo permite aumentar la productividad, mejorar el uso del suelo y generar empleo. "Ese triple impacto es nuestro granito de arena para el desarrollo como país", concluyó.

Bajando en el mapa, Pablo Rimoldi, docente de la Universidad del Chubut, planteó que existe una oportunidad concreta para incorporar maíz en los sistemas ovino-extensivos de la Patagonia, en un contexto donde la producción se desarrolla mayormente en ambientes áridos y semiáridos, con precipitaciones de entre 150 y 300 milímetros anuales. En ese marco, describió sistemas productivos fuertemente influenciados por la variabilidad climática y con limitaciones estructurales, como la imposibilidad de implementar riego por falta de acuíferos y caudales disponibles, lo que obliga a trabajar sobre el manejo del pastizal de estepa.

El expositor señaló que, en los últimos 50 años, se registró una fuerte caída en las existencias ovinas en la región, que pasó de 19 millones de cabezas a aproximadamente 7 millones en la actualidad, lo que representa cerca del 35% del stock histórico. "Hay algunos grupos ambientalistas que están apoyándose sobre esto para decir que toda la Patagonia tiene que quedar como una zona de reserva; nosotros no estamos para nada de acuerdo con eso", afirmó.

La disminución también se refleja en la producción de carne, que descendió de 90.000 a 35.000 toneladas, con un nivel de exportaciones que ronda las 7.000 toneladas, impulsadas principalmente por frigoríficos de Río Gallegos, que realizan el 90% de la exportación. Es el 1% de lo que exporta Australia, dijo: "Esto tendría que hacernos pensar en que algo podemos hacer".

Como principales limitantes productivas, identificó las bajas tasas de señalada —por debajo del 50%— y los altos niveles de mortandad, cercanos al 10%. Explicó que estos indicadores impactan no sólo en el corto plazo, sino en ciclos productivos de hasta 7 y 9 años, afectando la reposición y el crecimiento del sistema. En este escenario, la suplementación estratégica con maíz permite intervenir en momentos críticos del sistema, como el engorde de corderos y la alimentación de ovejas gestantes en los 45 días previos a la parición. Estas prácticas pueden generar mejoras significativas en los resultados productivos y económicos: con una inversión estimada de 10.000 dólares, se podría incrementar el margen bruto en 25.000 dólares mediante mejoras en la señalada y reducción de la mortandad, indicó.

Uno de los principales obstáculos, advirtió, es el costo del maíz en la región, que puede ser entre un 33% más caro que en la provincia de Buenos Aires, en Río Gallegos más del 60% y en Tierra del Fuego más del 90% más caro, debido a los costos logísticos. En ese marco, el desarrollo de cultivos de proximidad podría ser clave para viabilizar estas estrategias.

Santiago Toledo, coordinador de investigación del INTA Santa Cruz, presentó resultados preliminares sobre la factibilidad del cultivo de maíz en la provincia, a partir de experiencias desarrolladas en la localidad de Perito Moreno. "La provincia pasó de tener más de 3,5 millones de ovinos a casi 2 millones entre 2010 y 2025, una caída muy fuerte", indicó, y planteó la necesidad de revertir la tendencia mediante estrategias de intensificación. "Hoy en día, si el sistema se tiene que mantener sobre pastizales naturales, claramente no está soportando", sostuvo, por lo que desde el INTA se están evaluando alternativas forrajeras en distintos valles productivos.

"La pregunta que me surgió es por qué no en Santa Cruz", dijo Toledo, en referencia a antecedentes positivos de siembra de maíz en Chubut. A partir de allí, se inició un trabajo articulado entre el sector público y el privado para evaluar la factibilidad del cultivo, orientado inicialmente a silaje y grano.

El ensayo se desarrolló bajo condiciones limitantes, con precipitaciones cercanas a los 50 milímetros durante todo el ciclo, lo que obligó a implementar riego, en una chacra experimental del INTA en Perito Moreno y trabajando en forma articulada con el gobierno provincial. Se utilizaron híbridos hiperprecoces y ultraprecoces, adaptados a ventanas cortas de cultivo. Contra los pronósticos iniciales, los resultados mostraron avances significativos: en algunos materiales se logró formación de espiga y generación de grano, incluso con eventos de heladas, contó, y agregó que se registraron materiales de hasta dos metros y medio de altura y rendimientos iniciales que abren la discusión sobre su potencial. "Hay una factibilidad que demuestra que el cultivo se puede hacer en Santa Cruz". El desafío ahora es profundizar las evaluaciones y avanzar en el desarrollo del cultivo para contribuir a cubrir la demanda forrajera de los sistemas ovinos de la provincia.