El encuentro reflejó no solo el crecimiento de China en los últimos años, sino también la percepción global de un menor liderazgo relativo de Estados Unidos en el escenario internacional.

La disputa entre ambas potencias ya no se limita al comercio. El verdadero foco está en quién liderará sectores estratégicos como inteligencia artificial, energía, tecnología, ciberseguridad y recursos globales.

Aunque China proyecta fortaleza y estabilidad, también enfrenta importantes desafíos internos económicos y demográficos que podrían limitar su avance en el largo plazo.

Los mercados ahora esperan definiciones más concretas: compras agrícolas chinas, acuerdos comerciales, Boeing, carne vacuna y nuevas concesiones bilaterales. Pero el mayor impacto de la cumbre fue político y simbólico.

Por Esteban Moscariello