La búsqueda de más rendimiento sin perder calidad sigue siendo uno de los principales objetivos de la vitivinicultura argentina. Y un reciente ensayo realizado en Agrelo, en el corazón productivo de Mendoza, encendió el interés del sector luego de alcanzar un resultado poco habitual: un incremento del 19% en la producción de uva acompañado por mejoras en calidad enológica.
El avance se logró a partir de una estrategia de nutrición integrada que combina bioestimulación y fertilización foliar, una tendencia que empieza a ganar cada vez más espacio dentro de los sistemas intensivos de producción.
Según se informó, el salto productivo se obtuvo mediante aplicaciones foliares de extractos de algas marinas Ascophyllum nodosum, junto con fósforo y boro, utilizando la tecnología YaraAmplix FLOSTREL durante la etapa de floración.
La experiencia mostró mejoras concretas en:
- cuaje,
- retención de bayas,
- uniformidad de racimos,
- y peso final de la fruta.
El resultado fue una mayor cantidad de kilos por hectárea, pero también una mejora en variables clave para la industria, como los grados Brix y la maduración de la uva.
El gran desafío: producir más sin bajar calidad
Uno de los puntos más destacados del ensayo es que logró resolver una tensión histórica dentro de la vitivinicultura: aumentar volumen sin deteriorar calidad.
La validación técnica estuvo a cargo de la consultora Opuntia, que remarcó el impacto de la estrategia tanto en productividad como en estabilidad fisiológica de la planta.
En un contexto donde los costos productivos siguen subiendo y los mercados demandan mayor eficiencia, este tipo de herramientas empieza a posicionarse como un diferencial competitivo dentro de los viñedos de alta gama.
La “nutrición integrada” gana protagonismo
El ensayo también puso sobre la mesa otro concepto que empieza a consolidarse en la producción intensiva: la llamada nutrición integrada.
La propuesta incorpora tecnologías de impregnación con:
- ácidos húmicos,
- ácidos fúlvicos,
aplicados directamente sobre fertilizantes granulados.
El objetivo es que el fertilizante deje de ser solamente un aporte nutricional y pase a funcionar también como una herramienta de regeneración biológica del suelo.
Dentro de esa línea, se destacó el uso de YaraMila HYDROCOMPLEX BIO, una formulación que aporta diez nutrientes junto con compuestos orgánicos destinados a mejorar la actividad biológica y la disponibilidad nutricional.
Según explicaron los especialistas, esta sinergia permite que el viñedo llegue con una mayor “reserva energética” a las etapas críticas donde se define el potencial de rendimiento.
Más tecnología en un negocio cada vez más exigente
La vitivinicultura argentina atraviesa un escenario donde la eficiencia productiva empieza a ser tan importante como la calidad final del vino.
En ese contexto, la incorporación de herramientas de precisión, bioestimulación y manejo nutricional avanzado aparece como una de las grandes apuestas del sector para:
- sostener competitividad,
- mejorar rindes,
- y cuidar la sustentabilidad del sistema productivo.
Los resultados obtenidos en Agrelo muestran que la combinación entre ciencia aplicada y manejo agronómico ya empieza a traducirse en números concretos dentro del viñedo.


