En los últimos días, el cambio climático vuelve a estar en la agenda, y no de manera abstracta: sus efectos se dejan sentir de forma tangible en las cadenas productivas. En España, los recientes episodios de lluvias torrenciales han dejado a la vista daños cuantiosos en los olivares, pero también en otros cultivos agrarios. Marruecos ha vivido situaciones similares, recordándonos que la agricultura mediterránea se enfrenta a extremos climáticos cada vez más frecuentes y violentos.

Este escenario nos plantea preguntas cruciales. ¿Qué variedades de olivo son capaces de resistir estos cambios? ¿Cuáles tienen más futuro y menos vulnerabilidad frente a los extremos?

La respuesta, aunque compleja, tiene un hilo conductor: la diversidad. La diversidad varietal no es un lujo, sino un factor de resiliencia que nos permitirá sostener los olivares frente a climas cada vez más erráticos.

Desde la Patagonia veinte años buscando respuestas

En uno de los confines del mundo olivícola, la Patagonia argentina, llevamos dos décadas explorando, plantando y observando. Inspirados por Iannis Papadakis, el primer ecólogo contratado por el gobierno argentino entre 1947 y 1954, seguimos su consejo. “Busquen los micro-sitios, aquellos lugares que por su suelo y clima permiten crear agroecosistemas donde se pueda plantar y sembrar extendiendo las fronteras”.

Este principio nos ha guiado en la elección de variedades y la planificación de plantaciones en un territorio lleno de incógnitas. La Patagonia no es la cuenca mediterránea, pero en su diversidad de microclimas y suelos volcánicos hemos encontrado un laboratorio natural para estudiar la adaptación del olivo.

Variedades lo que sabemos y lo que desconocemos

Aunque creemos conocer mucho sobre las variedades, la realidad demuestra que estamos lejos de abarcar su complejidad. Por ejemplo, en Alameda del Obispo, en Córdoba (España), se documentan apenas unas 900 variedades, cuando en el mundo hay más de 2.000. Este desajuste refleja una tendencia preocupante: la homogeneización del olivar.

El debate sobre plantaciones superintensivas suele centrarse en pocas variedades: Arbequina, Arbosana y Koroneiki. Posteriormente se sumaron otras, como Sikitita y Oliana. Sin embargo, limitarse a estas opciones puede resultar riesgoso. La pérdida de diversidad varietal reduce la capacidad de adaptación frente al cambio climático y a futuras exigencias de la Política Agraria Común.

Informes recientes, como el de Greenpeace “El campo franquiciado: cómo los fondos de inversión han cambiado el olivar español”, ponen de relieve la necesidad de repensar la gestión varietal y la importancia de mantener la diversidad.

Fuente: Oleo Revista